Haber abierto, hace dos semanas, la veda en Valencia después de todo lo que pasé y os conté, me dio mucha paz y tranquilidad. Así que llegaba a TriXilxes con confianza y con una templanza impropia de mí. Parece que, haber encontrado el equilibrio en mi nueva yo, me generaba mucha seguridad.

Llegaba a Xilxes con muchas ganas. Ganas de conocer esta prueba y ganas de enfrentarme a una distancia diferente (aunque no fuera una distancia favorable para mí y mis características).

Cómo me gusta esa sensación de llegar a un pueblo, en plan forastero, y que de repente te hagan sentir como en casa. Eso fue lo que pasó. En el Hostal Paco, David nos recibió con los brazos abiertos. A mí, y a toda mi familia. Muy agradecida por ello. Y gracias a la organización (a Vicente) que es el culpable de esta gran acogida. Por cierto, se come de escándalo en el hostal, lástima que hay que competir y toca cortarse un poco, que si no… jejejeje.

 

La prueba tampoco defraudó. Se cumplieron las expectativas y corroboré lo que todo el mundo decía: gran prueba, gran lugar, buenos circuitos, organización impecable, trato exquisito, gran ambiente y si encima no falla el típico “caloret” de la zona… ya de lujo (con lo que a mí me gusta que suba la temperatura al máximo).

Tuvimos un ambiente distendido, hasta escasos segundos de que empezara la competición, hablando con muchos triatletas y con las chicas en la cámara de llegada. Así que con ese buen rollo nos plantamos en la línea de salida.

Arranca la carrera y vuelvo hacer una gran entrada al agua. Me sorprendo ya que no toco aguas abiertas ni me pongo el neopreno hasta el día de la prueba (y ahora llevaba mucho tiempo en el dique seco). Sin embargo, sorteo las olas con destreza y me pongo a nadar en cabeza a la espera de que me alcance y me rebase Marta. Pero para mi sorpresa, cuando lo hace, no se va y consigo seguirla sin problema. <Esto puede cambiar mucho las cosas> –pienso en ese momento. No obstante, pocos metros después, la carrera da un giro inesperado. Justo cuando encaramos la recta más larga del sector y tocaba sortear una boya, que quedaba escorada a la derecha, rumbo mar abierto, yo encaro esa dirección y mi perseguidora (Laura Gómez) también. En cambio, intuyo que Marta no la ve y sigue recto. Yo no dudo en ningún momento que estoy tomando la trayectoria correcta, además que la premisa estaba muy clara (había que pasar todas las boyas del circuito por la derecha) y, por si había dudas, veo que todos los chicos que iban por delante también hacen lo propio. Presiento que Marta rectificará cuando se dé cuenta de su error, sin embargo, no lo hace y sigue recto a por la siguiente boya. Por supuesto la pierdo de vista y aunque me cabrea eso, después de estar nadando con ella en cabeza, presagio que está descalificada. Es cierto que en esa boya no había ningún kayak colocado, pero se veían embarcaciones en esa zona y siento que, al estar retransmitiendo la prueba en directo, ese desliz no ha pasado desapercibido (creo recordar que leí que había algún dron haciendo el seguimiento).

Salgo del agua con Laura pisándome los talones. No quiero que se vaya, pero no quiero sacrificar el hecho de no ponerme calcetines. Y, aunque se sube a la bici antes que yo, la paso en los primeros metros mientras nos colocamos las zapatillas.

    

La bici fue de infarto. Marcamos un fuerte ritmo desde el inicio (rodando a más de 40km/h de media) y, aunque eso me sacaba de mis casillas, no quería perder la oportunidad de adelantar el máximo número de chicos posible hasta que no solo encontrara mi sitio y que nadie me obstaculizara en la carrera, sino que buscaba poder (o intentar) recortar diferencias con Marta, ya que veía que ella seguía en carrera y eso me dejaba intranquila. La polémica estaba servida.

Laura me pasa fuerte en los primeros kilómetros y sufro para poderla seguir. Me doy cuenta, una vez más, que me cuesta mucho imponer un fuerte ritmo desde el principio (necesito ir entrando poco a poco), y corroboro que el llano ni me gusta ni es lo mío y sufro más de la cuenta sin ver grandes resultados respecto a mis rivales. Ya no os hablo de la parte “técnica”, donde pierdo siempre valiosos segundos volviendo abrir hueco con mis antecesoras (ya ves tú, para cuatro rotondas sin dificultad que pasábamos).

Permitirme aquí un inciso y destacar un punto más a favor de la buena organización. Para mi es de agradecer que en los giros podamos recorrer la rotonda completa y no tener que efectuar un giro de 180 grados. Sé que les influye en los cortes del tráfico, sin embargo, además de ser una gran ventaja, es de gran seguridad para el triatleta.

Aunque por momentos Laura se me escapaba (en el paso por vuelta, con tanta aglomeración de triatletas, me abre una distancia considerable), consigo volver alcanzarla al principio de la segunda vuelta. Es entonces cuando al cruzarnos con Llibert, este le grita algo y ella levanta el pie y mira para atrás cediéndome el paso para que yo tire. Y así lo hago hasta la T2. En parte me fue bien porque así marcaba mi ritmo y regulaba un poco porque, a ese paso, no iba a ver Dios que corriera. Y más, viendo que a Marta no conseguíamos recortarle nada y la única posibilidad era guardar un poco para la carrera a pie e intentar ser más fuerte.

Aun así, Marta demostró una vez más que está imparable y no hay nadie que la doblegue, ni tan siquiera en la carrera a pie. Demostró, una vez más, ser la más fuerte y que ni el desgaste del Ironman Sudáfrica, de hace tan solo dos semanas, le pasara factura.

Yo corrí muy bien. Salí fuerte de la transición y unos segundos por delante de Laura. Aunque me pasó en el primer kilómetro y me tocó sufrir para volver seguirla. Supongo que no solo quería animar el duelo conmigo, sino el intentar alcanzar la cabeza de carrera y poder disputar la victoria. Conseguimos recortarle algunos segundos a Marta (o eso nos cantaba el público), pero la diferencia siempre fue rondando el minuto y ese tiempo era insalvable. Laura desistió antes que yo y no solo no fue a por el triunfo, sino que se conformó rápido con la tercera posición sorprendiéndome por frenarse de golpe sobre el kilómetro cinco cuando aún la lleva delante. Pensé que iba a volver a jugar conmigo y quedarse detrás, pero esta vez, se fue descolgando poco a poco. Y yo, hice lo propio a falta de 3 o 4 kilómetros asumiendo que mi lucha era infructuosa y no había necesidad de sufrir más de forma innecesaria. Así que me limité a disfrutar de esa parte final. Levanté la cabeza, felicité a Marta al cruzarnos por su gran rendimiento y fui saludando y animando a todo el que podía. Agradeciendo el cariño que una vez más me brindan muchos triatletas y aficionados. Abrumada de nuevo por tantos elogios y más, en un día tan especial para mí, por ser el día de la madre.

El sabor agridulce sobre la carrera no quería que empañara un fin de semana increíble. Quise disfrutar de lo que prácticamente nunca hago: el disfrutar de un gran post meta rodeada de familia, amigos y triatletas. Además, como me costó abrir el apetito y no tenía el estómago muy fino, acerté con ir a buscar el plato de paella cuando ya se había acabado toda, porque a mí lo que me flipa, es el “sucarrat” (como buena nieta de valenciano que soy). Como lo disfruté. Estaba de escándalo.

 

Sobre la polémica:

Yo, nada más llegar a meta, me fui hablar con Marta, y Laura hizo lo propio. Ella nos reconoció su error y nos dijo que, si queríamos reclamar, lo entendía y asumiría las consecuencias. Fuimos hablar con la organización y ésta nos derivó a los árbitros, los cuales nos dicen que van a repasar las imágenes para ver si pueden ver algo, y si no, irán hablar con Marta a ver si ella asume lo ocurrido. Y por lo que vi, entiendo que los árbitros no hicieron ni una cosa ni la otra. Marta tampoco mueve ficha, y la organización, un rato más tarde, viene a decirme que se queda en nada, justificando que no ha sido un “descuido intencionado”. Yo, asumo la decisión final (aunque no la comparto) viendo que es inútil seguir discutiendo cuando las partes que tienen el poder de decisión ya han dictado sentencia desde un primer momento sin dar pie a juicio alguno.

Una hora más tardes, cuando llega el momento de subir al pódium, y Laura ve que no ha cambiado nada, vuelve a recriminarle a Marta su actitud pasiva. Y, entre enfados y malestar, subimos a por los premios. Es entonces cuando Marta me dice: <al final este cheque te lo tendré que dar a ti>. Y yo le digo: <eso es ya cosa tuya>.

Yo ya me desentiendo y me voy.  Ellas siguen con la polémica. Un rato más tarde, Marta me envía un audio diciendo que al final la cosa se había quedado en nada, que siente si nos había perjudicado y que ella creía que era una boya de referencia. Justificándose que era no era una boya amarilla y esa no formaba parte del circuito.

Juzguen ustedes mismos. Este es el mapa y la única información que nos da la organización sobre el sector de natación. No tenemos ni breafing ni explicación detallada al respecto, pero todos entendemos que todas las boyas forman parte del circuito (todas iguales. triangulares grandes de color rojo/naranja) y que las debemos dejar todas a la izquierda. Así lo hicimos y así lo entendimos todos los triatletas, menos Marta.

Sabe mal esta situación. Y más, con una compañera de equipo. Situación incómoda y desagradable para todos. Pero aquí no solo hay una victoria en juego, sino dinero y puntos. Y para mí, sobre todo, un valor moral. No creo que haya sido un error intencionado, eso no lo pongo en duda, ni lo cuestiono en ningún momento. Pero, cuando uno tiene ese tipo de descuido, y lo reconoce, creo que lo más ético es dar un paso atrás (o al frente) y asumir las consecuencias de ese traspié.

Nunca se pueden saber si la carrera hubiera cambiado en el caso de no haberse saltado la boya, porque es difícil analizar cuánto tiempo le concedió de ventaja y cuánta fue la diferencia en los otros sectores. No sé si es pura casualidad, porque casualmente, los tiempos de Marta no salen en las clasificaciones.

Esta crónica es de esas que nunca habrías querido tener que escribir, pero:  “así son las cosas y así se las hemos contado”.

 

PD: Aún me estoy riendo de escuchar por primera vez que me llamaban al podium en categoría Veterana. Suerte que subí con mi amiga Ruth.

 

No sé dónde debe empezar esta crónica. Si hace días, hace semanas o hace meses. Lo que sí sé que os debo contar, es que ha sido un camino muy duro para llegar hasta aquí. Para volver a tomar la línea de salida.

He llorado mucho (supongo que las hormonas revolucionadas por culpa del embarazo, post parto y lactancia tienen toda la culpa). He pensado cada día en abandonar. Me he planteado continuamente qué hacer con mi vida y si debería poner freno a mi etapa como triatleta (ya sea pro o no), o al menos hacer un break. Y eso me ha desgastado mucho. He luchado cada día contra mis peores demonios y mis mayores miedos. Así que, si de algo puedo estar orgullosa después de esta carrera, es de haber conseguido superar esta odisea que me he generado yo misma.

No ha sido solo la dificultad de compaginarlo todo (trabajo, maternidad, entrenos y todo lo demás que tenemos día a día y que no es poco: casa, compras, compromisos, imprevistos, etc.). No ha sido solo el querer llegar a todo y no llegar a nada. No ha sido solo el sentir que dejas a tu hija un momento y otro, para realizar tus quehaceres. No ha sido solo el sentir que te relevas constantemente con tu marido y no compartes apenas unos minutos al día con él. No ha sido solo el no querer abusar de los abuelos o depender de terceros para poder sacar los entrenos. No ha sido solo el ver que ahora ya no me apetece doblar o triplicar entrenos o sumar más horas de las justas y necesarias. No ha sido solo el arrastrar cansancio, lo que conlleva dormir tan poco por tener un bebé lactante, vivir con dolores y molestias a diario porque no te da para descansar, recuperar, estirar o ir al fisio. No ha sido solo por querer volver a la competición con garantías. Ha sido, sobre todo, porque no tenía ganas. No tenía ilusión por competir. Me daba pereza todo con solo pensarlo. Se me hacía un mundo el compaginarlo con la peque. No veía en mi cabeza el ser capaz de gestionar todo lo que conlleva la competición de nuevo: nervios, lucha, estrés, presión, superar los momentos más duros, etc. No me veía capaz de competir en esta nueva situación. No poder descansar los días previos por estar por mi niña, el despertarme y levantarme cada 2 o 3 horas para darle el pecho, el estar con el saca-leche para arriba y para abajo… Todo lo veía negativo. Y que deciros sobre el hecho de querer volver a competir como pro y sentir que ya no eres capaz de serlo ni siquiera el día previo. Nunca he sido triatleta profesional, porque siempre lo he compaginado con mi trabajo y he tenido un día a día muy normal. Y aunque intentara cuidar algunos detalles y ser lo más profesional posible, no me enfundaba el traje de faena hasta que llegaba la semana de competición o al menos los 3 o 4 días previos en los que ya me centraba al 100% en ello. Pero ahora, ni eso me parecía viable.

Pensaréis que si todo es tan negativo, si todo es tan difícil, si no tenía ganas, si no tenía motivación, ¿por qué no lo dejaba?, sin más. Es totalmente lícito ¿no? Y debemos hacer lo que nos apetezca sin sentirnos obligados a nada, ¿no? Pues eso me he ido repitiendo a mí misma cada día. Pero el caso es que quería volver a competir. Quería intentarlo. No me daba la gana que me venciera todo eso. ¡Esa no era yo! ¡Yo no soy así! ¿Tanto me ha cambiado la maternidad? ¿Tanto me está condicionando? ¿Tiene algo que ver con la depresión postparto? ¿Con la edad, ahora que me tocan ya los cuarenta?… Si os soy sincera, ni quería, ni entraba en mis planes ir a competir a Valencia. Principalmente, por no enfrentarme tan pronto a la competición por todo esto que os comento y, a la misma vez, conociendo el gran nivel que iba a haber, a nivel personal solo me iba a suponer un gasto de tiempo y dinero. Iba a suponer hipotecarle un fin de semana de entrenos a Javi, comprometer a los abuelos, trastocar rutina a Haru, etcétera. Pero el equipo quería que estuviera. Así que tocaba enfrentarse lo antes posible a esa agonía y ver si era capaz de controlarla y superarla.

Se acercaba el día y yo seguía sin ver claro el estar presente. Mi cabeza solo hacía que buscar excusas razonables. Y yo lo decía a Javi: <<es que no puedo. Es que no quiero>>. Y él me decía: <<tranquila. Ves día a día. No pienses en mañana. Ya veremos.>> Me estaba consumiendo esa lucha interna. Esa desgana no dejaba de perseguirme. Por más que intentaba visualizarme en carrera, solo me veía retirándome en un momento u otro por no ser capaz de continuar, de luchar. Y en muchos casos ni conseguía salir. Me plantaba. Me echaba a llorar y decía abiertamente: <<no estoy bien. No puedo. No quiero esto ¡Ya no! Me quiero ir con mi niña. Sin más.>> ¡Uf! Qué agonía. Qué desgaste más grande. ¿Necesitaba un psicólogo? Pues me faltó tumbarme en un diván y trabajarlo con un profesional. Sin embargo, a cambio lo hablé abiertamente con amigos de confianza, con Javi y con mi familia. Y eso me sirvió de terapia. Gracias a todos. En especial a mi madre que es con quién más he llorado, con quién más me he abierto (quizá el sentir esa compresión y afinidad del roll madre/madre me ayudaba mucho). Ella me decía: sigue luchando por lo que quieres. Inténtalo o mañana te arrepentirás. ¡Gracias mamá! El miércoles estaba llorando en sus brazos desconsolada y diciéndole que no quería ir a Valencia (llevaba cuatro días muy duros, agotada mental y físicamente porque Haru llevaba varias noches llorando y sin dormir nada por culpa de la boquita) y el domingo lloraba en sus brazos por haber conseguido derriba este gran muro que me había construido. Lo he logrado.

Fue un acierto dejar a la peque dormir, tanto la noche del viernes como la del sábado con los abuelos. A nivel emocional, para Javi y para mí fue duro, aun así, sabíamos que iba a estar genial y que a su vez era necesario si quería estar tranquila y centrarme en la carrera y poder descansar y dormir. Que placer dormir del tirón. Jejejeje. Ni los nervios pudieron con el sueño la noche previa. Solo tuve que levantarme a media noche para sacarme leche porque tenía los pechos a reventar.

¡Bueno! iba superando obstáculos. Y aunque me noté muy descentrada, perdida, olvidadiza, había conseguido vencer esa apatía y logré levantarme con ganas y motivada.

¡Vamos a competir Judith! Y lo vamos hacer hasta el final. Me dije a mí misma.

La natación se me hizo muy larga y dura. Me noté lenta, pesada, incómoda. Además, me quedé clava del cuello en los primeros metros (es mi punto débil y no dejo de quedarme pillada de las cervicales. ¡Hoy no me puedo ni mover!) Me dolía mucho levantar la cabeza. A pesar de ser muchas chicas, notaba que todas me pasaban y no conseguía enlazar con ninguna. Iba nadando sin rumbo y a la deriva. No lograba ver ni comprender cuál era el circuito, cuál era la línea que estaba trazando y que dirección debía tomar. A pesar de ello, al salir del agua, me conformé con ver que no estaba sola y que había mucho movimiento y gente por boxes.

Sorprendentemente, hago una muy buena transición (y eso que me pongo en la T1 los calcetines) y me lanzo en bici en plan kamikaze. Nunca mejor dicho, porque paso el primer badén como si no hubiera un mañana y pierdo el bidón delantero. Un litro de hidratación al garete. Y 80gr de HC, y todas las sales que llevaba en carrera, al traste. Prescindir de él fue una apuesta muy arriesgada. Me podía salir muy caro. Pero no estaba dispuesta a parar. Así que tuve que superar la bici con solo tres geles y con dos tragos de agua que llevaba en el bidón del cuadro (me dejo solo un poco de agua por si acaso pero siempre tiro del delantero porque este me cuesta mucho cogerlo y ponerlo ¡Soy muy patosa! ¡Lo sé! ¡Ah! Y, un chupito de isotónico. ¿Y por qué no bebiste más en los avituallamientos? Os preguntaréis. Pues por eso mismo, porque soy muy torpe, y solo conseguí coger una botella de isotónico en el avituallamiento que estaba sobre el kilómetro 60, que por cierto me dio solo para poder darle un trago rápido antes de finalizar la zona de poder lanzar la botella al suelo y lo mismo con una de agua en el siguiente avituallamiento.

Lo di todo en bici. Ya veis que no levanté el pie para nada y luché cada kilómetro como si fuera el último. Lo hice así desde el principio porque no conocía nada el circuito y había muchos giros, zonas técnicas, baches… y si podía tener alguna referencia no quería desaprovecharla. Conseguí seguir la estela de un par de chicos pros que se habían subido prácticamente conmigo. Y aunque no era capaz de seguir su fuerte ritmo, me servía para ver hacia donde iba la siguiente trazada. No llevaba ni diez kilómetros y sentía que ese fuerte ritmo lo debía controlar. Ni por las patas ni por el corazón. Iba pasadísima de watios y ahogada y sin poder beber, aunque fuera para enjuagarme un poco la boca. Pero en ese momento, donde empezamos a rodar en ida y vuelta por un polígono, veo que Sara está cerca y que Laura Philip viene por detrás. No entiendo nada. ¿O yo he nadado muy bien, o no sé qué está pasando? Así que toca agachar la cabeza y seguir dándolo todo hasta que se pueda. A ver hasta dónde nos lleva esto.

Pues me llevó a enlazar con el grupo de Sara y conseguir adelantar varias posiciones. Lástima que entre una cosa y otra pierdo al grupo de Laura Philip y lo peor es que pierdo todas las referencias en la parte más rápida y técnica del circuito. Pues, sinceramente, con lo cagada que voy a día de hoy en bici (por varios motivos: porque ya era miedica antes y ahora que soy mamá más que veo el peligro en todas partes y no quiero arriesgar), el tiempo que llevo sin cogerla por el proceso de la maternidad y porque ahora tiro más de rodillo) bajé y lo gestioné mucho mejor de lo que esperaba. Suerte que en carrera siempre me crezco. Confiaba en que Sara me guiara ya que sabía que se había preparado bien el circuito, pero se quedó detrás desde que la pasé sobre el kilómetro 35 hasta la T2. Aun así, me dejé la vida para lograr enlazar con otra chica que iba viendo a lo lejos y que también se había descolgado del grupo de Philip (que no sé si era el grupo de cabeza o si había más por delante). Me sentí orgullosa de lo que fui capaz de lograr. No solo de cómo gestioné las bajadas y la bici en general, sino de la fuerza bruta que fui capaz de emplear para seguir en carrera y lo más delante posible.

Sentía que iba muy justa de “patas” por culpa de la dureza que emplee en bici y por la falta de ingesta y de hidratación. Llegué tocada a la T2 y me bajé con amago de rampas en las piernas. Sin embargo, no quería dejar de darlo todo, aunque sentía que de un momento a otro iba a pagar las consecuencias. Costó correr en condiciones por la moqueta roja. Las piernas aun no respondían y los pies estaban helados a pesar de llevar ya los calcetines. Y es que mi raynoud sigue presente, aunque tengo que deciros que ha mejorado mucho después del embarazo (ya me dijeron que un cambio brusco hormonal podía influir). La alfombra caliente, por el sol, me hizo empezar a sentir los dedos y la planta del pie.

Transición de nuevo rápida. No estaba dispuesta a guardar nada y quería luchar zancada a zancada hasta que mi cuerpo dijera basta. Y aunque no paró de quejarse, y pedirme que aflojará, yo me negaba a ello. Aguanta un poco más. Le pedía a mis piernas y a mi corazón. Me hacían caso. La cabeza dirigía con autoridad, con esa que recordaba que tenía pero que creía haber olvidado. La lucha innata seguía intacta y la Judith competitiva estaba de vuelta. Lo estaba. Ya estaba aquí de nuevo. Me emocionaba al sentirlo y me iba probando un poquito más para seguir sacándole rendimiento. Y ella respondía.

Conseguí correr muy fuerte de principio a fin. Conseguí sortear los momentos más duros tantos físicos como mentales. Y lo conseguí gracias a todo el empuje y ánimos que recibía. Que ambientazo. Ya se me había olvidado cómo ayudaba eso. Y cuánto apoyo y cariño. ¡Muchas gracias! Qué bueno poder coincidir con tantos amigos y compañeros en carrera, gritarnos, animarnos. Qué bonito el reconocimiento por parte de todos, qué emoción escuchar por cada paso de meta que Judith, ahora mamá, había vuelto. Y qué satisfacción ver a mi hija ahí, con su papi. <<Haru, mi amor, no sabes la fuerza que me has dado. Espero que estés orgullosa de mí.>>

Pues…no sabéis que peso me he sacado de encima. No sabéis que feliz estoy de haber vuelto. De haber conseguido volver. De todas formas, como me dice Javi: vamos día a día.

PD: acabé con los pechos que me iban a reventar. Sobre todo, uno de ellos. ¡Qué dolor! Sentía que me iba a explotar. Y la verdad no sé cómo lo puedo gestionar en un ful. Si alguna mamá lactante tiene algún consejo, lo acepto encantada.

Tal y como hablé con Helene en el “momento maldito”, casi no hay ni crónica de esta carrera. O, mejor dicho, casi no hay ni carrera. Sí para muchos (aunque solo unos pocos), pero no para mí, ni para el resto de mis compañeros de selección.

El previo estaba siendo muy tranquilo. El deseado. Como los que a mí me gusta. Viaje corto y rápido (vuelo Barcelona-Bilbao) y mucho tiempo para descansar cómodamente en el hotel y sin ningún percance. Aunque claro, en una carrera, las cosas no pueden ir tan bien, algo tiene que pasar. Y pasó.

 

Por falta de información (en el breafing no estaba nada de eso explicado) ocurrieron una serie de circunstancias que casi nos dejan fuera de carrera por completo. Después de darnos cuenta de que el check-in era solo de 9 a 11h nos presentamos a las 10.30h. Sin embargo, por desconocimiento y falta de información, lo hacemos sin el mono reglamentario y sin las calcamonías (era obligatorio). A contrarreloj, tocaba volver al hotel en bici para cogerlos y llegar a tiempo de nuevo. Llegamos a tiempo. In extremis. Lo que casi no llegamos vivos. Si no nos matemos en ese trayecto agónico, fue de milagro. Sustos no nos faltaron a todos. Y cuando parecía que lo peor había pasado, después de comer en el hotel, llegamos a la zona de boxes tranquilamente para preparar todo y nos encontramos con el aérea de transición cerrada. Cerraba a las 13.30h (sin saberlo porque en el breafing tampoco se dijo) y eran las 13.40h. Igual que nosotros estaban otros muchos triatletas. Así que nos quedamos con todo lo de competir (prácticamente) en la mano y con una cara de tontos que no os podéis ni imaginar. Bueno, mucha gente la vio en directo y pido disculpas si la gente me saludaba y yo en ese momento solo quería que me tragara la tierra o que alguien me explicara quién nos había gastado esa inocentada de tan mal gusto. Finalmente, después de mucho negociar con los jueces de carrera, nos dejaron acceder a todos a las 14h. Tiempo justo para preparar todo y prepararse para ir en breve a la cámara de llamadas.

Con los nervios a flor de piel por todo ese cúmulo de circunstancias, empezaba la carrera. Sin darme casi ni cuenta estaba ya en la ría dando las primeras brazadas. Luchando porque Helene y la portuguesa no se escaparan después de que ellas tomaran la iniciativa juntas. No lo conseguí. Se me fueron escapando poco a poco.

Sé que nadar en la ría echa mucho para atrás a la mayoría. Sin embargo, es un lujo poder hacer una natación donde puedes ir viendo y escuchando a la gente animándote. Y yo en particular a mis padres, que me siguieron aquí, un año más, por todo el recorrido.

foto: Amari Erretratua

 

A pesar de perder 1’ con Helene, y unos 40” con la portuguesa, no desistí en el intento de darles caza. Y me subí a la bici, en modo persecución y empecé a pedalear como si no hubiera un mañana. Y, a pesar de la lluvia, el suelo mojado y la visera empañada por mi propio aliento y las bajas temperaturas, lucho con todo por recortar lo máximo en el mínimo tiempo posible. Percibo que no consigo recortarle a la portuguesa, sin embargo, ella alcanza a Helene. Sufro aún más porque si se van las dos juntas, mi gran esfuerzo habrá sido sea en balde. Por suerte no fue así y antes del kilómetro 10 les doy caza. -¡Ya estoy aquí! Me digo a mí misma contenta de alcanzar la cabeza de carrera y sentir que las fuerzas aparecen cuando las necesitas.

foto: Amari Erretratua

Foto: Eduborrowsport

 

La portuguesa imponía un ritmo muy fuerte tanto en llano como en subida. Helene parecía quedarse rezagada en el primer puerto (el más duro del día) y la paso con fuerza para no perder la estela de la líder. Consigo superar el ascenso sin que se me escape y al empezar el descenso veo como la portuguesa traza a sus anchas la línea continua (sin importarle lo más mínimo) y se pasa al carril contrario curva tras curva (rebasarla es descalificación directa). Por su actitud parece que lo hace por puro desconocimiento, pero… : – los errores se pagan caro, pienso para mí misma. Como es lógico, la árbitro que iba controlando detrás de nosotras, empieza a pitar de forma contundente y continuada. Se acerca a ella y le advierte de la infracción cometida, sin embargo, no la amonesta. Eso me sorprende y me molestó. No entiendo porque fue permisiva ante esa acción. Helene alucinó igual que yo como es lógico. Ese tipo de circunstancias siempre descolocan un poco y aumentan la tensión en carrera. Nos estábamos jugando un europeo y no estábamos para tonterías.

Foto: Mikel Taboada

 

No solo hubo tirantez por la lucha codo a codo entre nosotras, kilómetro a kilómetro, donde ninguna quería quedarse descolgada. Sino que el frío y la lluvia sumaron tensión al ambiente. Tocaba lidiar con ello y tocaba jugar a ser la más rápida y a la vez resistir encima de la bici. Lo logré. Logré arriesgar sin caerme. Logré dominar el frío. Logré olvidarme de la lluvia y rodar con fuerza y confianza a pesar del suelo mojado y resbaladizo. Y conseguí a su vez ser la más rápida. Después de que la portuguesa liderara la primera mitad del sector ciclista tomé el mando en el kilómetro 50 y así me mantuve hasta la T2. No porque yo lo quisiera, sino porque no recibí ningún relevo por parte de mis dos contrincantes. Aunque tampoco lo esperaba. Sabía que ellas iban a jugar muy bien sus cartas.

Pedalee con potencia y sin descanso kilómetro a kilómetro con la intención de seguir abriendo hueco para asegurar las posiciones de pódium. Las fuerzas acompañaban así que había que aprovechar mientras me fuese posible. Sin pensar en el después y solo en el ahora. La ocasión lo merecía y no valía el guardarse nada.

Foto: Mikel Taboada

 

Ya estábamos alcanzando la segunda transición y yo solo quería llegar primera a la línea de desmontaje. No estaba dispuesta a un adelantamiento en los metros finales de la bici después de haber tirado los últimos 30 kilómetros. Ya sabía cómo se las gastaba Helene y estaba sufriendo por ello. Pues a pesar de lograr mi objetivo, y que no me superase en la transición, el palo llegó igual. No me dejó ni quinientos metros de gloria. No me dejó ni creer que la podía aguantar y, en el primer minuto de carrera, se escapó. Impuso de nuevo un ritmo infernal. Un ritmo imposible para mí. A pesar de intentarlo con todas mis fuerzas me iba abriendo hueco mientras sentía como las piernas se me desgarraban, como los pulmones me explotaban y como el corazón se me salía por la boca. Y por más que mi mente quisiera plantearme que ese kilómetro era el último, mi cuerpo no era capaz de plantearse ese duelo, aunque se tratase del sprint final.

foto: Amari Erretratua

Sacarme 30-40” en los primeros 4-5 kilómetros fueron suficientes para ganar el duelo y llevarse la victoria. Un duelo entre compañeras que nos admiramos y nos apreciamos mucho. Una bonita batalla que a pesar de durar 21 kilómetros, fue sentenciada por Helene en el primer asalto. Un jake mate que, a pesar de vislumbrarlo, no esperé que llegase tan pronto. Y por más que busqué poder disputarlo, mi rival ya me había puesto entre las cuerdas.

Foto:Mikel Taboada

 

Sentía que el público buscaba igual que yo la manera de reconstruir la partida, de seguir jugando. Se convencían e intentaban convencerme de que era yo la que debía mover ficha, la que podía avanzar hacia la casilla de meta y seguir plantando cara a mi rival. Pero la reina fue ella, y aunque yo me negara a reconocerlo, ya me había tumbado la ficha.

Foto: Mikel Taboada

 

El público volvió a ser protagonista. Volvía a ser parte de la fiesta. Es un orgullo sentir tu nombre boca tras boca. Recibir tantos ánimos y sentir que se meten contigo en la pelea. Igual que el resto de triatletas que tanto me animaron y algunos como Cuevas, me hizo de liebre un par de kilómetros. jejejeje. Son esas anécdotas de carrera que te gusta vivir y que te llevas para el recuerdo. ¡Pero es que aquí me anima hasta el apuntador! Voluntarios, árbitros, organizadores, speakers… Gracias a todos. Que feliz era luchar con todo ese empuje. Y luego me decís que siempre sonrío, como para no hacerlo.

Foto: Mikel Taboada

 

Helene fue más fuerte que yo una vez más. Enhorabuena compañera por tu carrerón y tu gran estado de forma. Ha sido un placer compartir esta experiencia contigo y poder luchar de tú a tú. Ante ti no podía conseguir mayor resultado. Así que estoy muy contenta de lograr ser Subcampeona de Europa. Estoy feliz de acabar una gran temporada con otro gran resultado. Estoy orgullosa de volver a encontrar mi energía. Una energía que perdí estos dos últimos meses y que parecía que no iba a poder recuperar para esta carrera.

Foto: Mikel Taboada

 

Gracias Bilbao y toda su gente por crear la atmosfera perfecta. Por volcaros y entregaros como lo hicisteis. Como lo hacéis siempre. Me habéis regalado un día inolvidable. Un día mágico que añado a mi carrera. Del que me vuelvo a llevar, no solo un gran resultado, sino miles de encuentros, de abrazos, de sorpresas, de sonrisas, de anécdotas, de risas, de fotos, de gritos, de aliento y de mucho cariño y admiración. La misma que yo siento por todos los que ponéis pasión a este mundo triatlético.

 

Fotos: Mikel Taboada

 

Gracias a cada de uno de los que formasteis parte de esta carrera. Gracias a los que me habéis dejado formar parte a mí y gracias a los que me habéis ayudado a que llegue hoy hasta aquí y así. Os lo he agradecido en persona o a distancia a cada uno de vosotros así que no me voy hacer repetitiva, solo por el hecho de no extenderme.

Foto: Mikel Taboada

Foto: Eduborrowsport

 

Me voy de vacaciones con una sonrisa de oreja a oreja. Con una felicidad inmensa. Porque esta, para mí, ha sido la última de la temporada. El lunes vuelo a Hawai de vacaciones. Sé que muchos creéis que compito y sé que es confuso el tema. Os lo explico: el slot que conseguí en Nueva Zelanda en marzo del 2019 debía ser canjeado para el mundial de Utah que se celebró en mayo (los profesionales no teníamos la opción de aplazarlo para Hawai como los grupos de edad). Y fuera o no fuese a Utah (decidí no ir), para estar en Hawai este octubre debía volver a clasificarme.

Cosa que ni intenté.

PD: Aunque escribí la crónica domingo noche. Publico finalmente la crónica mientras hago escala en Los Ángeles (3h.30 AM del martes)

No puedo cerrar esta crónica sin poner algunas imágenes del domingo.

Estuve en la 1ª Edición del triatlón infantil de Galdakao; un club integrado por amigos de este deporte que he tenido el placer de conocer, los cuales me invitaron a su evento,.Gracias por la invitación. El honor fue mío. Fue un placer estar allí y vivir esa bonita experiencia, viendo a los más pequeños competir y poder ver su ilusión, sus nervios y su concentración desde tan pequeños. Fue un auténtico lujo fotografiarme con ellos, charlar, darles consejos, alentarles, tranquilizarles y colgarles medallas. Gracias a todos por el cariño recibido y por vuestro reconocimiento. Tanto por parte de las instituciones del pueblo (del alcalde y de la concejala) que estuvieran allí, como todos los padres y niños. Y por supuesto, a todos los integrantes del club. Fue abrumador. Eskerrik asko por hacerme sentir tan especial y poder dejarme vivir un día inolvidable. No podía haber mejor formar de despedir el fin de semana.

Y por supuesto con el colofón de una gran comida con ellos.

 

 

Volvía a ponerme un dorsal justo después de dos meses de mi última carrera. Realmente, venir aquí no entraba en mis planes hasta hace unas semanas. Javi tenía unos días libres y nos apetecía hacer una escapada por la zona de los Alpes franceses. Buscar montaña, fresquito, disfrutar de la bici en unos de los paraísos ciclistas, desconectar… Ciertamente, no tenía ningún plan después de Roth. Iba a ir construyendo la segunda parte de la temporada sobre la marcha (si la había).

Han sido dos meses “diferentes” y alejada de mi rutina habitual. Primero por un descanso necesario, luego por una lesión que se fue complicando y alargando y que me robó mucha energía. Se fueron sumando una serie de circunstancias que me dejaron tocada tanto a nivel físico como anímico y decidí (por el momento) dejar de “entrenar” (no de hacer deporte). Le dije a Carles que no me marcara planificación, prefería hacer lo que me apeteciera y fuera surgiendo. Prefería entrenar con Javi y ayudarle en su preparación para Kona. No me apetecía estar pendiente de números, de watios, de ritmos, de dieta, de peso, de suplementación, etc. Tomarme las cosas de otra manera, básicamente.

Cuando Javi me planteó nuestra escapada, surgió la idea de venir a Gerardmer. Un triatlón que llevaba tiempo persiguiendo y que, cuando quise venir, se quedó en el aire por culpa del Covid. Reconozco que estaba baja de ánimos y mi estado físico no era el mejor. Sin embargo, tenía ganas de buscar nuevos retos, nuevas aventuras, tenía ganas de volver a competir. Me picaba el gusanillo. Así que aquí estaba, con lo puesto.

Sabía que no iba a ser muy competitiva. Sabía que no estaba para disputar la carrera. Así que la que se presentó ese día en la línea de salida no fue la Judith Pro sino la Judith amateur. Sé que no existe la una sin la otra. Y quizá os parezca ridícula esta premisa, pero no lo es para mí. Me ayuda a mí misma a tener claro el objetivo que me planteo en cada momento, el punto donde estoy. Me ayuda a no perder mi esencia, mis principios.

Reconozco que con el planteamiento que hice cometí varios errores. Más allá de las fuerzas o de las ganas. Desconecté demasiado y eso hizo que me olvidará varias cosas importantes. Quizá menosprecié la competición, o mejor dicho: la preparación. Y minutos antes de la salida me seguí lamentando por ello. Hasta me plantee si empezar o no. Y más viendo la que estaba cayendo antes de comenzar y el frío que tenía. Sin embargo, no quería dejar de hacerlo.

La natación fue muy dura. Salimos todos juntos en masa. Los profesionales estábamos colocados en la fila delantera pero la salida fue en conjunto. En los primeros metros recibí un fuerte golpe en la nariz que con el frío que tenía, se acrecentó el dolor. Y solo unos metros más tarde, recibí un puñetazo en el ojo. No solo me provocó un corte en el párpado, sino que me saltaron las gafas y tuve que parar a ponérmelas como pude con miedo a que me arrollara la multitud. Costó gestionar eso y más cuando sientes que no estás en tu mejor versión para luchar contra ciertas adversidades. <objetivo: acabar, objetivo: acabar…> Me repetía brazada a brazada. Conseguí llegar viva a boxes. Seguro que pensáis: ¿No dices que ibas como ameteur?, pues toma salida conjunta. Cierto. Toda la razón y mi admiración por los que salís en masa y os peleáis en el agua. Pero estaréis conmigo que una cosa es recibir golpes inevitables y otra cosa es esto. Javi, lo primero que me dijo al acabar fue: ¿qué te ha pasado en la cara?

El ciclismo no fue menos duro. Sin embargo, más allá del desnivel del recorrido, la dureza la puso la lluvia. Diluvió prácticamente de principio a fin. Así que, si en circunstancias normales ya sabía que iba a pasar frío, con la lluvia aún más. Iba preparada para sobrellevar las inclemencias del tiempo de la mejor manera. Como nunca antes había hecho. Me demoré mucho en la transición, pero me tapé por completo. Objetivo: acabar. Acabar y no caerme. Así que eso hizo que me tomará la bici con mucha calma. No son escusas. Es cierto, que hice una bici muy lenta y muy mala comparada con mis rivales. estuve fuera de carrera en todo momento. No di la talla ni subiendo ni bajando. Falta de fuerzas, de confianza… Tocó tirar mucho de psicología.

A pesar de eso disfruté en varios momentos del recorrido y sobre todo de la primera subida de cada vuelta donde se colocaba la gente formando un pasillo. Al igual que en Zarautz y Roth. Como molan estás cosas. Y encima en esta con “musicón”. Esa parte fue muy guay.

El peor momento lo viví en una bajada, justo cuando se calló el triatleta de delante. Patinó por completo y aún no sé cómo lo pude esquivar. Qué mal trago. Es de esos segundos que cierras los ojos sabiendo que también te vas al suelo, pero por suerte: lo salvé. No me lo merecía. Después de todas las precauciones que había tomado no merecía caerme. Y menos por culpa de otro. Suerte que era en el kilómetro ochenta y quedaba la parte final, si no me hubiera retirado porque eso me dejó muy tocada y aún me resto más seguridad. Lidié con el frío y la fuerte lluvia los últimos kilómetros del tramo ciclista, pero por fin veía la opción de llegar a la T2 y de hacerlo entera.

La carrera sí que fue un disfrute. Solté toda la tensión que llevaba dentro. Conseguí relajarme y correr con fuerza. Esas fuerzas que no tuve antes en ningún otro momento, o que no supe sacar. Y a pesar de que no sirviera de nada correr rápido, tenía ganas de hacerlo. –Están todas muy lejos. Me dijo Javi nada más bajarme a correr. Me lo imaginaba. Aunque tampoco me importó mucho. Yo solo quería correr y liberarme. No miré el reloj, corrí con lo que tenía, corrí con todo. Me fui creciendo. Necesitaba exprimirme. Me apetecía hacerlo. Por mí y por Javi. Debía demostrarle que a pesar de mis malas semanas, de mi mal día, de mi mala carrera. Iba a luchar hasta el final y no sólo no me iba a retirar sino que no me iba a dejar llevar corriendo a pesar de no tener nada más que hacer.

Aunque sí que lo tuve. Adelanté a cuatro chicas en la carrera a pie y a tres de ellas fue en los tres últimos kilómetros. Así que contenta de no tirar la toalla hasta el final y satisfecha por ello.

Estoy orgullosa de haber cumplido mi objetivo: acabar. Y contenta de haber venido finalmente porque es un triatlón muy bonito, con sello propio, con buen ambiente y ha valido la pena.

Gracias a Javi por su apoyo incondicional. Y gracias a Javi y Aline por venir a animar y por vuestra cercanía, ha sido un placer conoceros.

Ahora a disfrutar de unos días de ruta y desconexión. Ahora próxima y última parada de la temporada: europeo de media distancia en Bilbao. Sinceramente, dado mi estado actual, me he planteado varias veces el ir o no. No por mí, sino por respeto a mi selección. Pero considero que es un premio que me he ganado yo y que me lo merezco.

Llegue como llegue y salga como salga.

(PERDONAR PERO ES QUE NO TENGO NINGUNA FOTO DE CARRERA)

Esto va a marcar el inicio de tu crónica, ¿no? Me dijo Javi la tarde del 24 de junio. Y es que, lamentablemente, ese día nos marcó la carrera. Esa mañana salimos a rodar con Nacho. Él acababa de llegar de Madrid, pasaba por Barcelona, para estar un par de días, y de ahí se iba con su “furgo” para Roth, a competir, a debutar en larga distancia. Después de dos horas rodando los tres, felices, hablando sin parar de hablar de Roth, de la carrera, de las sensaciones, de los nervios, de las incertidumbres…, empezamos las series del día y… Nacho sufrió una fuerte caída (cogió un bache acoplado y le saltaron los brazos de los apoyacodos cuando íbamos a más de 40km/h). Imaginaros la situación. Las consecuencias fueron lo suficientemente graves como para no poder competir. Fue un golpe anímico muy duro. Y ahí te das cuenta cómo te puede cambiar todo en cuestión de segundos y fastidiarte todos los planes, todas tus ilusiones. Aunque Nacho nos dio una lección de valores, aceptando la situación con mucha entereza y positividad. Admirable. Lo único que podía prometerle a Nacho es que iba hacer una gran carrera por él.

Quitando que siempre hay algún pequeño percance, demora, olvido o cualquier otra cosa, por pequeña que sea, el viaje y la estancia de las cuarenta y ocho horas previas en Roth transcurrieron sin incidentes, teniendo todo en orden y dejando todo listo con suficiente tiempo. Ya sabéis: descansando bien, comiendo genial, etcétera. No solo gracias a que Javi y yo ya somos unos expertos en esto, e intentamos controlarlo todo bien, sino que contábamos con un sequito de lujo, empezando por David que siempre nos soluciona la papeleta en los viajes y seguido por la comitiva con la que contábamos. Viajamos con Juanan y Piluka, que además de lo mucho que suma viajar con dos grandes amigos y compartir anécdotas, experiencias, risas y grandes momentos, fueron un gran apoyo y una gran ayuda. <Gracias a los dos por todo. Por estar al 100% por nosotros, por nuestros horarios, por nuestras comidas, porque no nos faltase de nada, por dejarme la lenticular, por hacernos de chófer, de guía, de traductor y por todos los ánimos. Gracias infinitas. Pero, sobre todo, gracias por dejarnos formar parte de vuestra “familia alemana”. Gracias por hacernos sentir dos miembros más de ella>. Primero esas gracias que son para vosotros, y luego, para Sabine, Karl y Leon (y Hércules (el gato)). Vaya anfitriones de lujo. Llegar a una casa donde te reciben con la bandera española en el balcón y con una barbacoa riquísima, en la que el menú estaba especialmente pensado para nosotros, ya lo dice todo. No solo no nos faltó de nada, sino que estuvieron pendientes de nosotros en todo momento a la misma vez que nos dejaron nuestro espacio para que nos sintiésemos cómodos, libres, relajados, concentrados y centrados en lo nuestro. Ha sido una experiencia inolvidable. Ahora, Javi y yo, sentimos que también son nuestra familia alemana. Nos trataron como a dos hijos. ¡Danke!

Ahora sí. Tocaba el momento de competir. Las cosas no empezaron bien para mí. Temí no solo por no poder acabar, sino por ni siquiera poder empezar. Los doce grados de temperatura matutinos me causaron estragos (como de costumbre). Pero el problema es, justamente, que nunca me acostumbro a ello. Por mucho que fuese tapada hasta las cejas, y llevara en mano mis bolsitas calentadoras, el frío se apoderó de mí. Sin sensibilidad en manos y pies y con la tiritera y con el tembleque de mandíbula como protagonista. Eso me incomoda, me roba fuerzas y energía. Y además, me intenta sacar de mis casillas. Calenté bien, troté un buen rato. Sin embargo, nada remediaba ese estado y me presenté en la línea de salida con esos síntomas. Me costó desvestirme. Estaba deseando enfundarme el neopreno. Ese que nunca quiero ponerme (como exnadadora que soy) y que, ese día, me lo hubiera puesto encantada. Qué gran error. Por mucho que el agua esté a una temperatura digna, el frío ambiente a las seis de la mañana hace que te destemples antes de empezar (aunque no sufras de Raynoud como yo). Ahí mismo me dije: Nunca más desees que sea sin neopreno Judith.

 

La natación fue un verdadero suplicio para mí. Luché brazada a brazada contra un frío que no cesaba. Batallé contra esos pensamientos que me pedían que parase desde el primer metro. Era como si una fuerte corriente no me dejara avanzar. Era como si me estuvieran agarrando de manos y pies. Me sentía impotente no solo de percibir esas horribles sensaciones, sino de ver cómo no avanzaba, cómo mis rivales me pintaban la cara en un sector que normalmente domino. Que duro estaba siendo notar que en los primeros cinco minutos de una larga distancia ya te sientes derrotada y no encuentras las armas con las que luchar. Sentí una frustración muy grande. Venía a comerme la carrera y ella me estaba devorando a mí. No entendía el porqué. No me lo merecía.

Conseguí completar el sector (58’44″. Muy lento). Aunque me sentía exhausta. De cuerpo y mente. Sin duda el no dejar de ver a gente, el escuchar los gritos, el ver la distancia que llevaba (gracias a que en la orilla del canal estaba marcada la distancia cada 200 metros) me ayudaron a no retirarme, o al menos a distraerme y no focalizar todo en mis pésimas y desagradables sensaciones.

Salí con Anne Haug y Maja Stage. <Al menos no sales sola y lo haces con dos buenas compañeras>, pensé. A Maja ni la vi en la transición (bastante tenía yo con lo mío), sin embargo, Anne protagonizó la anécdota y la polémica de la carrera. Me doy cuenta que, nada más llegar a la carpa con la “bike bag”, vuelve para atrás de nuevo. Como si se hubiera confundido de bolsa. Eso me da unos segundos de ventaja y me subo a la bici antes que ella. Me coge en un par de kilómetros y mi sorpresa es ver que no lleva el dorsal puesto (era obligatorio). Y ahí intuyo su preocupación: se había dejado el dorsal y, por lo tanto, eso suponía su descalificación. En ese momento, no os voy a engañar, la taché de la lista. Sabe mal, pero: “blanco y en botella”. Deducía que iba a llegar a la T2 y que allí se pararía definitivamente.

Fotos: Heike Liedtke

 

Tengo que decir que no pude seguirla ni dos kilómetros. ¡Qué pasada! Por algo es la campeona del mundo. Ahí entré en calor de golpe. Jejejeje. Y en razón. Comprobé que hay un paso, muy, muy grande, entre su nivel y el mío (nunca me he comparado con ella ni he creído poder hacerle sombra, pero sí pude ver dónde está cada una).

Me di cuenta que, entre el frío y el no querer perder su estela, estaba rodando muy forzada. Iba más fuerte de lo que tocaba y eso era muy arriesgado en un LD. No obstante, siento que debía poner todo de mi parte. Había venido a brillar en esta carrera, a demostrarme a mí misma, y al resto, de lo que era capaz. Era el mejor escaparate y debía aprovechar muy bien esa oportunidad. Y viendo las circunstancias de carrera, debía darlo todo desde el principio. Era una apuesta arriesgada y con graves consecuencias. Pero quién no apuesta… seguro que no gana. Hubiera preferido encontrarme en una situación idílica y planificada: aguantar al grupo de cabeza en el agua y mantenerlo en bici siendo conservadora para intentar romperlo corriendo. Sin embargo, la situación desde el principio fue otra y la táctica volvía a ser la de siempre: darlo todo desde el principio y hacerlo prácticamente en solitario. Jejejeje

Unos kilómetros más tarde alcanzo a Maja Stage. Aluciné de que andará tan lejos habiendo salido juntas del agua. Y después de rodar con ella unos kilómetros, decido seguir a un pro (que nos acababa de pasar) y mantener la nueva táctica del día. Me costaba seguirlo; me preocupó un poco no saber si estaba haciendo bien o no; si estaba arriesgando demasiado. Pero quería seguir avanzando en carrera, dejar a Maja (que era una de mis rivales más directa) y evitar que me alcanzaran Laura Siddall, Elisabetta Curridori, Svenja Thoes. Quería seguir ganando posiciones porque intuía que no estaba ni en el top 5 (iba quinta en ese momento).

Realmente estaba disfrutando mucho del sector ciclista, de un espectacular recorrido y de un ambiente inimaginable. Por más que te hablen de Solar Hill, por más que hayas visto videos sobre la carrera, no puedes llegar a imaginar lo que se vive, lo que se siente. Sorprendente, Inigualable. Se hacen comparaciones con el Tour, pero ya les gustaría a los del Tour vivir esto. Lo supera con creces. Y no hablemos solo de esa subida mítica por la que, además, tienes la suerte de pasar dos veces, sino de los 180km que están repletos de gente. Metro a metro. Es imposible sentirse solo en ningún momento. Y eso, en un larga distancia, ayuda mucho. La bici se pasa volando (y nunca mejor dicho).

A pesar de la exigencia que me marqué en la bici me sentí muy bien en todo momento. Me sentí fuerte, y más viendo en la segunda vuelta que ni el pro, con el que me uní, podía seguirme a mí. Por supuesto, hubo algún que otro momento duro. Algún tramo de esos que se te atraganta y algunos kilómetros que no pasan. Pese a eso, firmo que, en todos los fulls, las sensaciones sean así y el tiempo pase tan rápido. Y os tengo que decir que el mono de Kalas es el mejor que he tenido con diferencia. Es un guante. Comodísimo. Ya lo comprobé en Platja d’Aro. Estar cinco horas con el culo pegado a un sillín, y no sentir ni una rozadura en ningún momento, es un gran lujo. Y más a mí, que en seguida, cualquier costura, me hace una herida.

No puedo dejar de hablaros del segmento ciclista y pasar por alto el adelantamiento de Laura Siddall. Mi rival más directa en esta carrera. Me pasó sobre el kilómetro 140, justo en el momento que crees que estás haciendo un sector de bici espectacular, que ninguna chica te está dando caza y tú a ellas sí. No pude ni hacer el intento de seguirla. Además, justo me pilló comiendo y desacoplada en ese momento. Me vine un poco abajo. No solo porque se me fuese tan fácil cuando debía y quería luchar con ella codo con codo, sino porque vi que la realidad era totalmente distinta a mis sensaciones. No estaba yendo tan fuerte como pensaba ¿o sí? (Saqué 37’2km/h de media).

Llego a la T2. Y justo al pasar la pierna por encima del sillín para poner el pie a tierra, noto que me acalambro entera. ¡Dios, no! Esto va a ser divertido. Pensé. Consigo salvarla a tiempo y, sin pensar, hago una rápida transición. Espectacular lo de que te recojan la bici. Pero, más aun, que te tengan tu “run bag” preparada en mano. Aunque, te quieren ayudar tanto, que a veces no es bueno. Yo llevaba todo metido en una bolsita (geles, reloj…) para ganar tiempo, echar a correr con ella e irlo cogiendo y colocándomelo todo poco a poco, y la chica que me ayudó, con toda su buena fe, vació todo en el suelo y me sacó todo lo de la bolsita. Jejeje. Anécdotas graciosas, pero que en ese momento te matan.

Empiezo a correr y, una voz española, me canta: “Ánimo que estás ahí, el pódium a solo dos minutos”. Mola. Y gracias. Aunque me chocó y lo único que me cuadraba era que Anne estaba descalificada y por lo tanto, con ella fuera de carrera, yo iba cuarta. Eso creía. Me despistó también que me guiase una bici (normalmente lleva a las tres primeras como mucho), así que no me cuadra nada de lo que estaba oyendo y viendo. <Judith: ¡a correr!, ¡sin más!>, me dije. Aunque, aun así, eso me ayudó a distraerme y no pensar en esa fatiga muscular y en esos “no puedo” que se sienten en los primeros metros del run y que ya te ponen en jaque.

Mi sorpresa fue ver que, en apenas dos kilómetros, ya adelantaba a una rival (Rebecca Clarke). Iba parada prácticamente. Y ahí siento que estoy donde quería estar. Voy cuarta. Ahora sí me cuadra más. Aunque no me cuadra del todo porqué Anne seguía corriendo aun con el despiste que había tenido con su dorsal. <En fin, Judith, eso no debe importarte ahora>, me digo para olvidarme de eso. Y aunque por un momento siento que me conformo con esa posición (la mejor según las estadísticas, y la esperada a priori dadas las rivales), siento que puedo superarlo y quería intentarlo con todas mis fuerzas ¡Judith, has venido a brillar, no te olvides! Ahora no puedes conformarte con esto sin más.

A pesar de la exigencia que llevé en todo momento, a pesar de sentir que fui en muchos kilómetros por encima de mis posibilidades y percibiendo el miedo de desfallecer en cualquier instante, me llegué a creer invencible. Con una actitud arrolladora, tal y como me escribió Santi. Grité que “sí” cada vez que mi cuerpo me decía “no”. Descubrí que valía más de lo que pensaba, tal y como Santi me dijo. Creí firmemente en sus palabras. Me las repetí continuamente: <sabes volar dentro de un huracán y caes de pie… estás llena de coraje y de “yo puedo”… eres infinita>. Gracias amigo. Me dijiste que iríais conmigo y así lo sentí. Me sentí más acompañada que nunca. Acompañada por Santi, por Nacho y por nuestro pequeño Francesc que está pasando por momentos complicados. Fui guiada por Carles y por todos sus consejos. No hay nada como tener al mejor entrenador y llevar a cabo todas sus pautas al pie de la letra.

Foto: Ralf Eppink

Sinceramente, no quería pasar a Laura tan rápido (kilómetro 13). Quería quedarme allí con ella y ver como se iba resolviendo ese duelo kilómetro a kilómetro. Sin embargo, al ver que yo la alcanzaba, ella dio un paso a un lado cediéndome la iniciativa y animándome como buena rival y compañera (Laura eres muy crack). Debía alegrarme por entrar en pódium, debía sentirme infinitamente feliz por conseguir lo que estaba consiguiendo, pero tenía miedo. Tenía miedo a decaer, a no poder aguantar ese ritmo hasta el final, a no solo perder ese puesto de honor, sino a descender en la tabla por una torpe actuación, o hasta quedarme fuera de juego por mi temprana agonía. Ahí me dije: <Se acabó el lamentarte por lo que pasará. Lucha metro a metro, como sabes hacerlo>. Quería ese pódium. No lo estaba soñando. Era verdad. Mi actitud fue ejemplar y eso me permitió encarcelar todos los mensajes negativos que mi cuerpo le enviaba a mi mente.

Lo conseguí. Nadie dijo que no iba a ser duro, pero lo logré. Logré luchar hasta el final sin flaquear. Pasé miedo. Creía caer exhausta antes de la línea de meta. Los últimos diez kilómetros fueron infernales. Y sin embargo, ni el fuerte calor, ni las duras subidas, ni la sensación de mareo, pudieron conmigo.

Foto: Ralf Eppink

La mejor maratón de mi vida (2h 56’) en la mejor carrera de mi vida (dado la marca y las rivales). Y ha sido en el triatlón de larga distancia más espectacular que he hecho. En el que gracias al ambiente que hay, en todo momento, consigues evadirte del sufrimiento. Recibir tantos imputs sin parar es la mejor dopamina. Gracias, muchas a todos. Gracias a la organización por crear este impresionante evento. Gracias a Piluka, María y Cris por ser unas supporters de lujo. Me distéis alas. Al igual que me la dieron todos los amigos y compañeros que fui viendo. Qué pena no ver a Javi. Y que guay ver a Sabine y Karl. Me emocionasteis todos, absolutamente todos.

Foto: Challenge Family

 

Tercera en Challenge Roth. Aun no me lo creo. Aun estoy alucinando.

 

PD: Por lo visto hubo muchas reclamaciones con la polémica del dorsal de Anne Haug. Ella alegó que tenía su dorsal en la bolsa de la T1 pero cuando fue a cogerlo no estaba y los árbitros le dejaron seguir sin él viendo que no era culpa suya.

Aquí mi deportista y amigo Javi recogiéndome el premio ya que no pude ir a la entrega porque coincidía con mi vuelo. ¡Gracias!

Por cierto, por si os a quedado alguna duda, triatletas de larga distancia, tenéis que hacer este triatlón. E ir a la noche a ver el final de carrera. Espectacular.

 

 

Por fin llegaba una nueva edición del Zarauzko Triatloia. Mi triatlón favorito. La fiesta del triatlón. El TRIATLÓN en mayúsculas. La carrera más espectacular que he vivido nunca. La más emocionante. La que no deja indiferente a nadie. La que marca un antes y un después en tu trayectoria deportiva. Esa que nunca me quiero perder. Era mi sexta edición consecutiva. Estábamos aquí de nuevo. La pandemia la había pospuesto en dos ocasiones. Y aunque el año pasado parecía que sí que salía, finalmente, la organización decidió cancelarla al no poder lucirse en su esplendor. Aunque la noticia causó pena, creo que fue la decisión correcta.

 

 

Mi calendario estaba lleno de carreras y de compromisos importantes, centrada más en la larga distancia y trabajando desde hace semanas en el siguiente objetivo (Challenge Roth). Sin embargo, Zarautz siempre se debe encajar en él, es una condición personal. No puede faltar en mi temporada y, aunque no pueda prepararlo al 100%, siempre me gusta llegar en buena forma y darle importancia a esta carrera, porque para mí tiene mucha. No solo la dureza y la peculiaridad de la prueba hacen que debas cuidar con mimo los detalles, sino que es una prueba que todo triatleta quiere ganar. Y aunque yo haya tenido la suerte de poder ganarla dos veces, y vivir esa gran recompensa, la txapela sigue siendo un trofeo muy preciado. Un triunfo que suma mucho a nivel anímico y que brilla en tu currículo deportivo. Además, es la carrera nacional con el mayor premio económico a los ganadores y eso, no nos engañemos, es un gran aliciente. Y para los que no vivimos de esto, es una gran inyección de ingresos para costearnos las siguientes carreras.

La espera se hizo larga. Esta carrera te persigue en tu mente continuamente desde que se acerca, desde que llega, desde que pasa y desde que vuelve a llegar. Te persiguen todos los recuerdos, todas las emociones, todos los miedos, todas las caídas, todas las olas que te han golpeado y todos los muros que has superado. Ese muro que te quita el sueño hasta que lo ves y que luego te lo vuelve a quitar porque ya lo has visto. Ese muro que has subido tantas veces en tu cabeza, pero ni con esas te sientes preparada para subirlo en el día de la prueba. Sabes que la gente va a estar ahí empujando. Sin embargo, el subconsciente te grita que ni con esas lo vas a conseguir. Que los nervios te van a traicionar tal y como dicta tu razón. Porque ella sabe lo mal que lo pasas en esa situación de estrés. Tu cuerpo sabe que eres capaz de superarlo, pero tu cabeza te repite que la agonía que te crea no vas a ser capaz de ordenar a las piernas que ejecuten la acción. El temblor en ellas va a ser más fuerte que las ganas de impedirlo. El corazón va explotar y la angustia que te causa la situación va hacer que se te corte la respiración. Quizá esta carta de presentación os sorprenda, pero así es Judith Corachán y su pánico escénico, su miedo al ridículo. Aun así, no quiero dejar de enfrentarme a ello. Quiero volver a superarlo una vez más. Y eso que esta vez, parecía más complicado que ninguna. El nuevo muro, el muro de San Blas, iba a ser más duro que ningún otro. Lo había comprobado yo misma. El día después del half de Pamplona, aprovechando la cercanía, fui a verlo. O mejor dicho, a subirlo. Sé que no era el mejor día, sin embargo, el hecho de tener que poner el pie en el suelo aun me condicionó más. Suerte que un ciclista santboiano («Rana» de Bike Boi) me dejó un 32 (llevo 54-39 de plato y llevaba un 30 detrás). Eso me salvó. Al menos me daba más confianza.

Tic, tac, tic, tac… Esto ya sí que empezaba. ¡Por fin!

foto: Javitheilacker

Como se nota cuando hay un gran nivel en una prueba. Todas salimos a fuego y los primeros metros ya fueron de infierno. En ritmo y en golpes. Todas queríamos estar delante. Yo lo conseguí. Y no fui la única. Sorprendentemente, éramos un grupo numeroso. No conseguí nunca saber cuántas éramos ni quiénes, pero pude intuir que unas cinco. Increíble. Esto no ha pasado ningún año. Y eso molaba. No nos vamos a engañar.

foto: Javitheilacker

Fue una natación complicada. El mar estaba agresivo y nos puso las cosas muy difíciles. Eso hizo que hubiera muchos golpes. Justifico que fue por el oleaje y por ese vaivén que te menea a su antojo y que no permite respetar, ni que respeten tu espacio vital. Recibí enganchadas, manotazos, golpes en los pies… pero no dudo en absoluto que fueran sin querer. Cómo siento que yo también los diese sin ninguna intención. Nadé sumergida en un gran círculo de espuma. Tragué más agua que nunca y solo peleaba por encontrar mi sitio. Nadaba sin guion y, si no fuera por las embarcaciones que nos guiaban, no sé dónde hubiéramos acabado todas. Veía continuamente cómo nos avisaban de que nos íbamos a la deriva y sin embargo, nosotras no parábamos de corregir nuestra posición sin norte alguno.

Esa lucha se hizo muy larga pero lo que pareció una eternidad fue sortear las olas para llegar a la orilla. Todos los intentos parecían fallidos. Las olas no empujaban, solo revolcaban y te engullían de nuevo hacia dentro. Como si te quisieran suyas. Yo no sabía si reír o llorar, sintiéndome peor que un calcetín olvidado en el tambor de una lavadora, dando vueltas sin fin. Aunque debo reconocer que eso me divirtió un poquito. Jejejeje. Y más, viendo que mis compañeras seguían a la misma altura y jugando al mismo juego.

Foto: Photo Sport (Eduborrowsport)

fotos: Javitheilacker

El primer sector llegó a su fin. A pesar de la borrachera conseguí defenderme bien en la primera transición y salir en cabeza. Junto que Helene y Justín. Helene ya me hizo un adelantamiento por el interior en plena salida de boxes y ahí pensé: <Helene viene más guerrera que nunca>. Y lo demostró durante toda la carrera. Y es evidente, no solo su gran evolución en su estado de forma, sino en su actitud. Más astuta, más audaz, más líder. Y, como compañera, a la que admiro, me alegra ver ese cambio en ella. Además, era su carrera. Era su día. Igual que lo sentí yo cuando me tocó hace dos años (el propio cartel de la organización lo decía: «¡Gaur zureo eguna da!» Junto a una foto mía. Y la propia Helene fue la qué me lo envío esa misma mañana y me explicaba su significado («¡Hoy es tu día!»). (Esos detalles no se olvidan nunca). Hoy le tocaba a ella y la gente así lo quería, se palpaba en el ambiente. Y aunque los deberes los hizo ella solita, el público y el pueblo se volcó para ayudarle a conseguir la gloria. Para que alcanzase esa ansiada victoria que llevaba años persiguiendo y que este año se merecía más que nunca. Lo estaba demostrando en todas las carreras de esta temporada.

Fuimos las tres juntas de principio a fin de la bici. Sentenciando el pódium (siempre que ninguna sufriera ningún percance) y dejando fuera de las quinielas a rivales como Emma Bilham, que a priori era otra de las grandes favoritas. No sé si conseguimos entendernos o simplemente luchamos cada una por estar delante cuando queríamos. Por dominar el tramo que mejor se nos daba. Por buscar algún intento de escapada. O por guardar fuerzas para cuando las necesitásemos. Pero todas pusimos de nuestra parte. Yo sufrí en las bajadas donde, no solo el ritmo de Helene era muy fuerte (como buena conocedora del circuito), sino por el miedo que pasé en las bajadas después de un susto que arrastro desde hace semanas. Eso me estaba penalizando. Aunque rápidamente lograba enlazar con ellas y volver a tirar del carro.

fotos: Javitheilacker

Llegaba el muro. Sí, sí. Ya llegaba. Ese muro que me había estado robando tantas horas de sueño desde hacía semanas. El mismo que estaba presente en mi cabeza kilómetro a kilómetro y que no me dejaba pedalear con soltura. Ya estaba ahí y nos recibía con unas grandes gotas de lluvia que presagiaban lo peor. Pero algún ser divino cuidó de mí (y de todos nosotros) y logró parar la lluvia antes de que el muro se pudiera convertir en un tobogán. Era el momento de enfrentarme a mi miedo. Notaba como la boca se me secaba, como los pies se me enfriaban, como las piernas perdían fuerza y como el pulso se aceleraba antes de empezar la pendiente. <Puedes con ello Judith>. Me dije a mi misma.

Foto: Photo Sport (Eduborrowsport)

El tiempo se paralizó en ese instante. El ardor de los músculos se mezclaba con los gritos del público, con el anhelo de la gente. El dolor no me dejaba soñar, pero conseguir divagar en esa atmósfera inigualable que no se puede explicar con palabras. Pude vivir grandes momentos como el de rodar unos segundos en paralelo con Helene y te da para pensar: <ganará la que sea. Pero esto es puro espectáculo>. Y pude ver como el gran Eneko no solo me adelantaba con esa clase única, sino que es de los pocos que gasta saliva para animarte en el momento más duro de la carrera. Admirable. Si hay un referente en el mundo del triatlón es él: discreto, caballeroso, elegante y siembre con su buen hacer.

Coroné el muro. No os podéis imaginar cómo grite por dentro. Estaba eufórica. Me emocioné. Ya lo tenía. A partir de ahí, solo tocaba seguir compitiendo.

Fotos: Naike Ereñozaga Orue

El cuerpo no es el mismo después de ese duro esfuerzo y cuesta limpiar ese ácido láctico que se acumula en las piernas. Sin embargo, poco a poco me iba sintiendo cómoda de nuevo. Llegaba la segunda transición. Llegaba el momento donde (sin que yo lo supiera) se iba a decidir la carrera. Como me dijo un amigo al verme en la retransmisión: “pajareé” un poco y ahí perdí cualquier opción de llevarme la victoria. Así lo siento. Toda la astucia que tubo Helene poniéndose delante para bajarse primera y correr rápido a boxes (no era nada fácil la transición), me faltó a mí. No solo me bajé la última, sino que perdí unos segundos que iban a ser irrecuperables. Los nervios, los pies fríos, la torpeza que a veces aparece sin más en las transiciones y, porque no reconocerlo: el saber que yo llevaba los calcetines puestos, y ellas no, hizo que me quedara rezagada. No creí que eso tuviera mayor consecuencia hasta que entrando en boxes pude ver como Helene se ponía los calcetines y se calzaba por completo en un plis plas. Alucinante. Y yo todavía llegando a ella. Me descolocó. Lo reconozco. Y ahí me di cuenta que la había cagado por completo.

foto: Javitheilacker

Quedaba mucha carrera por delante. Es cierto. Sin embargo, esa transición sentenció la competición. Además, Helene salió a por todas, abriendo un gran hueco en los primeros kilómetros y de esa manera afianzar su ventaja. Lo consiguió. Aunque pude recortarle segundos por momentos, nunca llegué ni a verla. Yo salí fuerte. Yo corrí bien. Estaba corriendo a 3’50 los kilómetros rápidos y a 4 los lentos. Era muy buen ritmo. Sin embargo, Helene voló. Quise intentar alcanzarla desde un principio, pero no tenía más ritmo. Me encontraba entera, enérgica, fresca de patas, de cardio, pero por más que la carrocería aguantara, el motor no tenía ninguna marcha más que ofrecerme. No tenía la chispa que debía tener para correr un half. O para correr al menos un punto por debajo del que lo estaba haciendo Helene y salvar esa pequeña, pero sólida ventaja. Y aunque no desistí en intentar acortar las distancias supe que no lo conseguiría a menos que ella fallara. Y no lo hizo. Como nunca lo hace. Y me alegro. Me alegro de su victoria aquí y de haber compartido ese duelo tan apasionante con ella. Me hubiera gustado salir juntas de la T2 y ver de que éramos capaces luchando codo a codo en la carrera. Y es el único sabor agridulce que me queda. Para que veías lo importante y decisivas que son las transiciones. A no ser que seas Jan Frondeno y puedas tomártelas con calma.

foto: Javitheilacker

Esos kilómetros finales en lo que ya estaba todo hecho me permitieron agradecer al público, una vez más, todo lo que nos dan aquí. Todos esos ánimos, todo ese empuje. Y todo a cambio de nada. Pude sonreír, aplaudir y chocar tantas manos como pude. Eskerrik asko a todos. Aún siguen los gritos y aplausos retumbando en mi cabeza.

 

foto: Javitheilacker

P.D.: La parte amarga que siempre me queda de esta carrera. Es que todos los años me ha tocado control antidoping (lo entiendo y lo veo genial que se hagan por el bien de todos y por defender un deporte limpio). Eso hace que nada más cruzar la meta me escolten hasta la zona del control. Sin poder disfrutar nada del postmeta. Sin poder saborear nada de la comida que nos espera (¡y había chuches!). Sin poder saludar ni a mi familia (el año que compitió Javi no lo pude ni ver llegar a meta). Sin poder vivir esa fiesta también desde fuera, animar a deportistas, recibir a amigos, compañeros… Una hora y media después salimos de la cueva, corriendo para la entrega de premios (que se había demorado por el control), helada de frío, aun empapada con el tritraje puesto y deseando llegar al apartamento para darme una ducha caliente. Eso siempre me entristece y me deja la sensación de que me he perdido algo. De que me he perdido lo mejor de esta prueba. Y aunque me perdí la llegada de mi amiga Cristina (llegó en última posición) pude verla y abrazarla más tarde. Y pude al menos ver en video su emotiva llegada. Como me alegro. Lo conseguiste. Esa estrella te guio desde el cielo.

De lo que si pude disfrutar es de muchos pinchos. De desayunar con Charlie y otros amigos del campus de Lanzarote. De hacer surf con Eneko Alberdi ¡Por fin! Lo teníamos pendiente desde 2019, pero por mí caída en la prueba no pudo ser. Gracias por ese regalo, por tu tiempo y por tu compañía.

Y pude disfrutar de comerme dos palmeras de chocolate a las tres de la mañana mientras trabajaba despierta matando mi insomnio postcarrera. Esas palmeras las dejó el anfitrión del apartamento que alquilamos por Airbnb. Dejó tres: una de chocolate negro, una blanco y una con leche. Reconozco que cuando llegué el miércoles por la tarde, me superó la tentación y calló una pellizquito a pellizquito. Logré frenarme y guardar las otras dos a buen recaudo. Solo pensaba en ellas. Era el premio que me estaba esperando y no sabéis como las disfruté. Estaban espectaculares. Gracias por el detallazo.

Cuenta atrás para el Zarauzko triatloia 2023 ¡Esperarme!

El Mediterranean Epic Triathlon era para mí más que una competición. Era un evento deportivo del cual formaba parte como embajadora. Meses atrás (agosto del año pasado si no recuerdo mal), la organización me ofrece ser embajadora junto a otros deportistas y, una vez me cuenta su proyecto, acepto encantada la invitación. Era todo un honor que contaran conmigo y ser parte de un “equipo” que estaba capitaneado (nunca mejor dicho) por el gran Javi Gómez Noya.

No hace falta decir que no nos ha faltado de nada desde el primer día hasta el último. También os podéis imaginar que esta experiencia ha sido brutal y que ha estado cargada de grandes momentos, grandes anécdotas y muchas risas. Inolvidable.

Pero no me olvidaba de que venía a competir. Venía a disputar un half exigente y mi tercera carrera consecutiva en solo cuatro semanas. No os voy a engañar que venir de hacer dos grandes resultados me daba tranquilidad. Sentía que podía permitirme el lujo de fallar y que, si fuera así, sería totalmente entendible. Y a la misma vez, me daba mucha seguridad. Seguridad de saber que estaba en un gran momento de forma, que las cosas se estaban haciendo bien y que tanto física como anímicamente me encontraba más enérgica que nunca. Cierto es que después de Pamplona me vino todo el cansancio (normal, ¿no?), pero, aun así, me estaba encontrando bien y el cuerpo seguía respondiendo en los entrenos. Tanto es así que, junto a mi entrenador Carles Tur, decidimos no bajar la guardia y ponernos a trabajar ya para grandes objetivos que están cerca.

Así que, aun con la sensación de no llegar al 100%, me sentía fuerte y con ganas de sacar una buena carrera y de luchar por la victoria a pesar de tener rivales que iban a por ese mismo objetivo. Y de demostrarme a mí misma que podía seguir sumando grandes carreras a pesar del tute que llevaba. Ganas no me faltaban, y nervios tampoco. Por más que sentía que llegaba más tranquila que nunca a una prueba, el día previo ya se apoderaron de mi todos esos temores: miedos, dudas, incertidumbres, respeto a las bajadas, respeto al calor, a las rivales, etc.

Sábado 8:02h. Temperatura del agua: 19 grados. Empieza la carrera élite femenina. Por delante tenemos a la élite masculina con dos minutos de ventaja. Hago una mala entrada después de tropezar en el foso que había. Eso me deja unos metros rezagada ante Saleta y Laura, pero lucho por alcanzarlas y enseguida lo consigo. Sobre los 500 metros me pongo a liderar la prueba, aunque presiento que Laura viene detrás. Lucho durante todo el recorrido con fuerza intentando alejarme unos metros, pero a la llegada a la playa veo que no lo he conseguido. Aun así, estoy contenta de finalizar el primer segmento con buenas sensaciones y de haberlo disfrutado.

Se nadó de lujo. No solo por un mar en calma y cristalino, sino que el recorrido a dos vueltas cortas y con el giro sin salir del agua (para mí fue un gran acierto). Hizo que se pasara la natación de un plumazo.

No os penséis que la salida del agua fue mejor que la entrada. Volví a darme un bañito en el foso y protagonicé el momento cómico del día. ¡Ya has cubierto el cupo de pifias hoy Judith! Me dije. Sin embargo, venía otra. Hago una rápida transición y consigo abrir hueco con Laura, pero nada más subirme a la bici, me vuelve a saltar el Garmin (tercera carrera consecutiva que me pasa y eso que había cambiado el ajuste y confiaba en que funcionaría). ¡Otra vez no! ¿Qué hago? No podía parar y perder esos segundos de ventaja.Decido seguir, como lo hice en Pamplona, confiando que el que lo viera y lo cogiera, lo devolvería a la organización. Pero esta vez, por desgracia, no fue así. Pues nada, otra carrera a pelo. Venga Judith que ya eres toda una experta.  Así que yo no os puedo hablar de watios ni números ni nada. Jejejeje

Salí a por todas en bici. No solo con la estrategia de intentar soltar a Laura, sino, por qué no reconocerlo, me apetecía probarme, estrujarme y ver de lo que era capaz. Ya que no tenía datos (aunque me hubiera gustado verlos y comparar si mis sensaciones se asemejaban a la realidad en cuanto a ritmo y watios) quería luchar con fuerza kilómetro a kilómetro. Sin inmolarme. ¡claro! Siempre guardando ese punto para llegar a la carrera a pie con garantías, pero intentando ganar la mayor renta posible e intentar defender esa primera plaza hasta el final.

Me sentí fuerte. Me sentí ágil. Me sentí entera en todo momento. El calor apretó. Sin embargo, a pesar de la sensación de sed, de sobrecalentón, de algún amago de rampa y de notar los isquios tensos, las sensaciones en general fueron muy buenas. Eso me iba dando confianza, y más rodando a la intensidad que lo estaba haciendo. Donde tuve tensión fue en la bajada. No quería perder la estela de los chicos que tenía delante y me la jugué bastante. Me acojoné en un par de curvas. Judith, tampoco hay que jugarse la vida. Tuve un par de sustos por arriesgar y eso hizo que levantará el pie y dejara escapar las referencias. Pero, cuando llegaba el llano o la subida los volvía alcanzar. No hay más satisfacción que esa. La de ver que estas luchando con chicos élite, como una más en la pelea por el top 10 de la general y puedes dar la cara como uno más.

   

El sector ciclista no solo se me pasó muy rápido, sino que me encantó. Me fascinó el recorrido. Y, al igual que la natación, hacer dos vueltas iguales de escasos cuarenta y cuatro kilómetros me pareció ideal.

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Llego a la T2 convenciéndome de que llevo una sólida ventaja ante mis rivales ya que, en el paso por vuelta, pude comprobar que tenía varios minutos de renta. Aun así, salgo fuerte a correr. No quiero relajarme hasta que compruebe de cuánto es esa ventaja realmente. Nunca se sabe lo que puede pasar.  Sin embargo, nada más empezar a correr, veo a Laura, ya fuera de carrera animando junto a Llibert y en el kilómetro 2 veo que Saleta aún está terminando la bici. Así que, me dije: ahora sí Judith. Esto hoy es tuyo.

 

 

No os podéis imaginar como disfruté de la carrera a pie. Pude saborear lo tranquila que se corre con una renta de más de quince minutos. Pude disfrutar del recorrido, de la gente, de cruzarme con el resto de triatletas… Pude cerciorarme del gran momento de forma que estoy viviendo y de lo bonito que es obtener la recompensa a ese duro esfuerzo diario. Solo una ampolla en el puente de pie, por culpa de echarme tanta agua encima, me mermó esa felicidad. Y la subida “toca narices” al Paseo del faro de Oropesa también nos borró la sonrisa a todos. ¡Vaya encerrona! Jejejeje. Nos pilló a todos (o a casi todos) por sorpresa. Pero como dijo Hector (el organizador): sino no sería EPIC TRIATHLON, sino “triatlón facilón”. Jejeje. Qué razón tenía. Así que ya estábamos advertidos.

 

Un fin de semana para enmarcar, en el que pude disfrutar de una gran prueba, de un gran evento, pero, sobre todo, de grandes personas, de grandes compañeros, de grandes cracks y de grandes amigos. Fue un premio coincidir prácticamente toda la carrera con mi amigo «nano». Como me dijiste: ni planeado. jejejeje. Así que nadie piense mal, que fruto de la casualidad. Por cierto, gracias por el detallazo de frenarte en meta para no quitarme protagonismo. Eres muy crack.

Contenta de coincidir una vez más con Noya. Contenta de compartir pódium y experiencia con Saleta. Contenta de conocer a Indre. Y contenta de coincidir con Morenito. Qué ilusión que seamos compañeros de equipo y que subiéramos los dos al pódium en esta carrera (la primera para él con estos colores).

Gracias Hector, Jesús y Ramón por todo el cariño recibido. Y enhorabuena por lo que habéis logrado.

La guinda la pone el Team koraxan. Qué bueno que estuviéramos varios allí y que pudiéramos vivir esto juntos (lástima las dos bajas de última hora por lesión y Covid).

Sábado 14 de mayo, 13:30h. Pamplona. Campeonato de España de Media Distancia. Tenía por delante uno de los mayores retos a los que me he enfrentado hasta ahora: completar un half solo seis días después de completar un full.

Cuesta ver las opciones de estar en la línea de salida cuando, el jueves, dos días antes de la prueba, sigues bajando las escaleras de espaldas. Y no exagero. Cuidé todos los detalles desde que crucé la meta del 140.6INN el pasado domingo. Entrené (o me moví) lo justo (solo dos sesiones fáciles de rodillo y dos días de dos mil metros de nado continuo), hice dos sesiones de recuperación con mi fisio y cuidé la alimentación y la suplementación al milímetro. A pesar de todo, como era de esperar, la fatiga seguía siendo notable cinco días después de la prueba. Sobre todo a nivel muscular. Lo comprobé el viernes cuando corrí por primera vez y noté como las ”patas” seguían resentidas. Me preocupaba las molestias que tenía en un gemelo. Aparecieron ya en mitad de la maratón del larga distancia. Quizá como consecuencia de llevar, en un dedo, una gran ampolla que me condicionó la pisada. Son de esas cosillas tontas que te dan guerra y te amargan la competición. Me costaba ver la luz al final del túnel. A solo veinticuatro horas de la prueba me costaba verme compitiendo. Sabía que iba a ser duro y venia mentalizada para ello. Sabía que iba a sufrir. Lo que no quería era correr con dolor y mucho menos lesionarme. Pero estaba allí por un motivo: luchar por el título de Campeonas de España por equipos junto a Nats y María. Y eso me motivaba muchísimo. Además, me había comprometido a ello y no podía fallar. Así que, debía poner todo de mi parte; no solo por mí, sino por el bien del equipo. ¡Bonita responsabilidad!

13:32h. Empieza la prueba élite femenina. Lo hacemos dos minutos más tarde que los chicos élite. Fue un gustazo meterse en el agua. Además del calor infernal del día y que llevábamos una hora con el neopreno puesto, a quién no le apetecía un bañito. Lo malo, fue que en vez de refrescarme me sofoqué más. El ritmo fue agónico desde la primera brazada. Quería luchar por estar delante y, después de quedarme cortada en los primeros metros por una triatleta, me fue imposible alcanzar a Helene y Marta, a pesar de ir viendo su estela. No quería rendirme y, pese sentir que estaba consumiendo toda la energía que tenía, no iba a dejar de luchar hasta que se agotara. La motivación fue ir pasando chicos, cosa que siempre mola y ameniza la nadada. Menos mal, porque se me estaba haciendo muy larga. Aunque lo que sí se me hizo larga fue la dura rampa que tocaba trepar hasta boxes. ¡Madre mía! Casi muero. Lactato hasta en las orejas y yo pensando: ¿Dónde me he metido? Solo esperaba que en ese momento las malas sensaciones fuesen igual para todos porque si no, no iba a llegar ni a la vuelta de la esquina.

En la T1 protagonicé el show del día. La lie bien liada para subirme a la bici y calzarme las botas. Un verdadero drama. La suerte fue que no me cayese. Subiendo la rampa pillé la primera pájara del día y allí no había quién diese pie con bola. Para colmo, en medio de esa pelea con mis zapatillas, me salta el Garmin y veo como cae al suelo sin yo tener intención alguna de pararme. Suerte que hay buena gente y el chico que lo vio caer se lo dio a la organización para que me lo hicieran llegar ¡Muchas gracias a ambos! ¡Ala Judith! Otra bici a ciegas. ¡Qué desastre! Suerte que el día de antes vi el circuito en coche y podría tener alguna referencia de por dónde iba y cuánto quedaba. Lo malo, como siempre, es gestionar las ingestas. Lo demás era secundario.

Me pongo a pedalear como una loca y siento que llevo el pulso a mil y las piernas a punto de estallar y ahí, es cuando me digo: Judith, regula que sino no acabas hoy. A pesar de ir con la sensación de “batería baja” en todo momento, no quería, ni podía, dejar de luchar. El gen competitivo siempre aflora. Sin embargo, debía competir con más cabeza que nunca.

Veo que voy alcanzando a Marta y, sin dejarme llevar por la emoción, me acerco a ella y justo cuando la pillo, me rebasa Laura con un grupo de chicos. Lucho por subirme al tren en el vagón de cola después de ver que Marta también se une. Segundo calentón del día. Y eso que debía regular. Pero la mentalidad ganadora también estaba presente y no quería quedarse atrás. Por más que la quise convencer de que no era el día para nosotras, ella seguía erre que erre.

Los kilómetros, con tanta gente, se hacen complicados. El miedo de meterme en zona drafting hace que acabe alejándome más y pegue tirones que no ayudan nada cuando no estás fresca. Así que decido actuar y avanzar para no perder el segundo grupo de carrera, pero ya es tarde. Laura se ha ido. La carrera empieza a romperse. Toca recomponerla Judith. Entro en modo persecución y, aunque mi cuerpo lleva el piloto rojo encendido, siento que puedo aguantar en reserva muchos kilómetros (o al menos trato de convencerme de ello). Lo que sí que necesitaba repostar era mi bidón de agua. ¡Qué sed! Y ¡Que calor! Notaba la boca seca en todo momento y una sensación de mareo constante. Mi miedo no era el luchar en vano, sino fastidiar la carrera y desfallecer por arriesgar más de la cuenta. Mi cometido estaba claro y no podía cargármelo a mi antojo.

Consigo llegar a la cabeza de carrera (calculo que entre el kilómetro 60 y 70). Me emociono por ello y me siento orgullosa. Eso sí, no me queda más remedio que quedarme atrás cerrando el grupo. Helene en cabeza, seguida por Laura y por mí. Como le dije luego a Helene, sentí no haberle podido hacer ni un relevo. Así que me alegro de que se llevara la victoria porque tiró ella solita toda la bici(al menos el tiempo que yo estuve allí). ¡Enhorabuena compañera!

Se acaba el sector de ciclismo. Por cierto, uno de los más bonitos que he hecho. Me encantó.

T2 muy rápida (es lo que tiene llevar los calcetines puestos desde la T1). Y ahí, vivo un momento único en mi carrera deportiva: el de ir primera y querer que me adelanten rápido. Jajajaja. Podéis imaginaros cómo me bajé de la bici. Cuarta pájara del día, ¿o quinta? ¡No sé! Yo solo quería quedarme tranquilita, intentar poner piloto automático y… ya llegaré. No os voy negar que en esos primeros metros me sentí fundida. La batería estaba al 1% y sentía que en cualquier momento me iba a apagar. Me pasa Helene y poco después Laura. Ahora: a, saber, gestionar esto. A, saber, luchar contra este bajón y a, confiar, que el cuerpo te responda hasta meta. Me dije. Soñaba con poder acabar tercera, soñaba en conseguir subirme al pódium y en firmar un gran logro. Sin embargo, sentía que la realidad iba a ser muy distinta. Que iba a ser adelantada por varias triatletas y que solo podría luchar por acabar y llegar con dignidad a la meta. ¡Está muy bien Judith! Genial después de lo que llevas encima. Me dije al visualizar esa situación.

 

Costó entrar. La dureza del circuito desde los primeros metros no ayudaba. Muscularmente me sentía mejor de lo esperado. Sin embargo, sentía que no tenía energía, que me flojeaban las piernas. La sensación de sed y calor aumentaba y yo solo luchaba por controlar eso. Empiezas a ver a gente. Empiezas a sentir los ánimos del público y es uno de esos momentos que no quieres ni que te animen ¡Perdonarme! Es lo que te dice el demonio que llevas dentro en momentos como esos. No quieres que nadie te mire. Solo quieres llevar tu sufrimiento en soledad para no dar pena; aunque ya te la estás dando a ti misma. Pero, en cuestión de segundos, la cordura se impone al resto de estados y gobierna en mi cabeza con autoridad. Y me dice: ¡Judith!: levanta la cabeza, abre los ojos y agudiza el oido. Sonríe en la medida que puedas. Y, sobre todo, disfruta de esto. Disfruta de correr por fin en ese Pamplona que llevabas años deseándolo. Disfruta de volver a correr en el norte. En una carrera única y mítica. Quizá hoy es el mejor día para estar aquí. El mejor día para que te alienten, para que te empujen y para que te ayuden a lograr lo que estás consiguiendo, porque no dudes, que lo que estás haciendo es una proeza.

 

No sé si fueron mis pensamientos positivos, el buffle de César entonando mi música favorita para correr, los ánimos de Edu, Mikel, mis padres, Ruth, Ferdy… y los de todos los allí presentes o el conjunto de todo eso (seguramente). Pero conseguí reponerme. Conseguí volver a ser yo y luchar cada kilómetro como si fuera el último, Sin mirar más allá.

Funcionó. La máquina se engrasaba de nuevo y me fui viniendo arriba. Aunque el subidón fue ver a Laura delante. Le estaba recortando. Quise controlar, pero la adrenalina del momento me superó y yo la superé a ella. Sin saber muy bien que estaba haciendo y por qué. Creyendo que ese movimiento me podría costar la partida, pero ya no había vuelta atrás.

¡Judith! ¿De dónde sacas las fuerzas? No logró entenderlo. La gente me lo preguntaba, pero no tengo respuesta. Yo misma me sorprendo. Yo misma alucino de lo que soy capaz de hacer. De cómo consigo pasar de la pena a la gloria y de cómo consigo inhibir todos los males, todos dolores (ni el gemelo ni la ampolla me molestaron corriendo). No os mentí cuando muchos de vosotros, esa misma mañana, me preguntasteis si estaba recuperada del full y yo os decía que no. No os miento cuando os cuento cómo me sentía minutos previos a este momento. Creedme. Y tampoco os miento cuando os digo que no sé qué fórmula utiliza mi cuerpo, mi cabeza y mi corazón para revertir la situación.

Luché la segunda vuelta para mantener esa gloriosa posición. Las piernas respondieron muy bien y pude dejarme llevar en las bajadas para compensar ritmo con las duras subidas. Un fuerte flato (aunque hoy, me ha confirmado mi fisio que era el diafragma, ya que seguía con el dolor) se apoderó de mí y me trastocó de nuevo mi marcheta, pero conseguí lidiar con ello también.

Volver a pasar por la Plaza del Castillo marcó la cuenta atrás. Lo tienes Judith, esto ya nadie te lo quita. Por si yo no me lo había repetido suficientes veces a mí misma, los speakers me lo recordaban: Campeona de España de Larga Distancia, hace tan solo seis días y está luchando por el Campeonato de Media. Yo solo luchaba por acabar. La primera posición estaba clara. Aunque la gente me seguía marcando referencias y diciéndome que Helene estaba cerca. Suficiente por hoy. pensaba. Tampoco os vengáis tan arriba. Jejejeje.

Cómo disfruté los kilómetros finales. Y no solo por compartirlos con Ana, una deportista a la que entreno y aprecio mucho. Empecé a saborear lo conseguido, aunque seguía sin dar crédito. El periplo competitivo entre la larga y la media llegaba a su fin y solo quedaba asimilarlo, saborearlo y celebrarlo. Mi hazaña se empezaba a escribir en grande en mi curriculum deportivo. ¡Ole tú! Lo has logrado Judith. Increíble. Alucinante. Bárbaro.

Subcampeona de España de Media distancia y Campeonas de España de Media Distancia por equipos. ¡Sí! ¡Lo conseguimos! Enhorabuena chicas. Tres guerreras que vinimos a luchar por un título y a pesar de no llegar al 100% ninguna de las tres, cumplimos nuestra función. Las tres teníamos claro que las otras dos no iban a fallar y por eso, cada una de nosotras, tampoco. Orgullosa de ellas y orgullosa de formar parte de este gran equipo.

Qué bonito es que la gente reconozca tu gesta. Y que también lo hiciera en persona el presidente de la Federación Española de Triatlón, para mí fue un gran regalo ¡Gracias por el reconocimiento!

Sigo abrumada por todas las felicitaciones que recibí y sigo recibiendo. Por ambos campeonatos, por ambos títulos. Gracias a todos. Ha sido muy bonito recibir tanto cariño y, más que por los resultados, la gente valore mi esfuerzo y entereza ¡Gracias!

Me quedo con ver que he conseguido hasta sorprender a la gente que está a mi lado (Javi, mis padres, mi hermana…). Porque ellos me han visto bajar las escaleras de espaldas hasta el jueves. Y aunque confíen mucho en mí, y en que podía hacer una gran carrera, esto ha superado todas las expectativas. Hasta las de mi entrenador Carles Tur, que ya el lunes me había marcado correr. Y cuando acabé el sábado me dijo: Judith mejor el lunes no corremos. Jejejeje. Gracias Carles, esto es sin duda gracias a tu trabajo.

Permitirme que siga soñando un poquito más.

PD: no solo yo conseguí esta hazaña. También lo hicieron Bruna Mahn y Pello Osoro (siento que, si alguien más lo hizo, lo desconozco). Así que: ¡enhorabuena! Aunque lo de Pello no sorprende, ¿no? Mejor no os cuento que el domingo nos encontramos pedaleando en Zarautz y reconociendo el nuevo circuito que nos espera. Que precisamente, no es el ideal para soltar piernas el día después de carrera. Aunque, que consté en acta, yo tuve que poner pie en el suelo y subir andando (no es dejéis engañar por el video que pusimos). Así que el más loco aquí sigue siendo Pello. Jejejeje

 

 

 

“El éxito viene de la cantidad de acciones incómodas que eres capaz de soportar. Cuando tienes fe en ti y en los que te acompañan sentirás que tienes fuerzas y recursos para superarte, el límite de hoy no es el límite de mañana”.

 

“La autoexigencia es necesaria para lograr grandes resultados, y cuando no salen las cosas es como una tortura. Muchos sentimos una gran admiración y respeto por todo lo que sigues haciendo. Ya vendrán tiempos mejores, muchos ánimos Judith”

Perdonar que empiece tan filosófica. Estás líneas son de Julián, el entrenador del Club Natación Hospitalet dónde entreno y con quién entreno todos los días que puedo. Ese fue su mensaje después de un día muy duro para mí. Me vi obligada a abandonar el entreno por frío. Me fui llorando como una niña por la impotencia de no poder controlarlo. Por no poder seguir. Y es que, además, no era la primera vez (ya sabéis que estos meses hemos tenido muy mal tiempo y ha sido más duro que nunca). Pero es que justo en ese mismo entreno (en el físico que hicimos antes de tirarnos al agua), recibí un golpe en la zona del pectoral (sin querer, fue mala suerte) y me hice una fisura intercostal que me dejó varios días fuera de juego, tres semanas sin nadar y las molestias hasta el día de hoy (imagino que sabéis que está lesión es muy dura y puñetera). Julián me conoce desde que entré en ese club a los doce años. Es un hombre de pocas palabras, pero para mí es un gran apoyo y su mensaje ha sido una gran motivación para recuperarme y llegar a esta carrera.

Llegaba muy bien. Más fuerte y más fina que nunca. De ello hay muchos responsables. Principalmente mi entrenador Carles Tur quién ha dado el 200% y yo debía poner todo de mi parte para estar a su altura. Y mi fisio, Enric de Dotsalut, quién me ha tratado tres veces por semana en el último mes; tanto para curar esa fisura como el edema óseo que llevo arrastrando en un tobillo. Y, además, me ha dejado una magneto para seguir con el tratamiento en casa. Como sabéis, detrás hay mucha gente que se deja la piel para que llegue lo mejor posible a cada carrera. Y para que mi día a día sea lo más fácil posible y consiga sacar bien todos esos entrenos. No solo profesionales sino también los amigos, familia y por supuesto, Javi.

Qué ganas tenía de que llegara esta carrera. Y qué nervios. Es de las veces que más nerviosa he estado. Ya desde los días previos (y tengo que decir que Javi estaba peor que yo. Y eso no me ayudaba. ¡Por si yo no tenía bastante! Jejejeje). Los nervios son tan traicioneros que hicieron que me bajara la regla el sábado por la tarde ¡Sorpresa! ¡No me hagas esto por favor! Como siempre, tan inoportuna. Si es que ya lo decía Diego de Planeta Triatlón que me dolía la barriga. Jajajaja. Os cuento la anécdota: sábado tarde me encuentro a Diego haciendo el check-in y me dice: ¿A ti no te dolía la tripa? Alguien me ha dicho que te dolía la barriga y no te encontrabas bien. Pues llego al hotel y ¡Pam! Me baja la regla y por consecuencia, me empieza a doler la barriga. No sé quién fue el del presagio, pero se lució.

La combinación de regla, nervios, etc… no me dejaron pegar ojo. Mi sensación fue que no conseguí dormirme ni un segundo. Lo pasé muy mal. Desesperante. Y, obviamente, me levanté de muy mala leche y preocupada. Javi trataba de convencerme de que todo iría bien. Pero yo no quería ni escucharle. Conseguí cambiar el chip. ¡Necesito mi tiempo, pero lo consigo! Como ya lo tenía todo listo en boxes, me fui para el paseo y, mientras trotaba e iba amaneciendo, fui entrando en carrera. Los miedos desaparecieron, los fantasmas se esfumaron y todos los dolores también. Solo quedaba dar paso a la motivación. Al trabajo hecho y a la confianza en mí misma. ¡Determinación Judith!

Si la lucha fue dura las semanas, los días y las horas previas, en la carrera, fue todo lo contrario. No me hizo falta luchar. Solo dejarme llevar. Solo fluir (como me escribió un gran amigo la misma mañana de carrera): “Todo cambia cuando te entregas. Fluye Corachán. Hoy nos iluminarás a todos los que te admiramos. Disfruta”. Son esos mensajes que te guían cuando más lo necesitas. Los que te acompañan en todo el camino. Esos que no solo te llegan al alma, sino que consiguen convencer a tu cabeza. Y así fue. Gracias.

     

La natación fue un mero trámite. Esa natación es brutal. Preciosa. No os puedo decir otra cosa. Si a eso le sumas que, desde la primera brazada, me escapo en solitario y voy dando caza a chicos élite, el subidón es brutal. Lo único negativo fue que no sentía ni las manos ni los pies por culpa del agua tan fría y que los últimos metros se me estaban haciendo muy duros. Siempre me pasa, cuando empiezo a sentir que en vez de manos y pies tengo muñones y que me empiezo a acalambrar, se me hace muy duro. Pese a ello, conseguí hacer una transición rápida. Con mis limitaciones y dificultades, pero con cabeza. A la insensibilidad de manos y pies se le sumó la emoción de los ánimos del público, de mi sobrina Laia corriendo a mi lado junto con Juanan y Piluka. Pese a todo, ya tenía el primer sector superado con nota. Lo de conseguir meter los pies en las botas de bici fue mucho más difícil. –¿Verdad Ana?- ¡Qué show! Esos son mis peores momentos. La cabeza le envía la orden, pero las manos y los pies no pueden obedecer. Desesperante.

(photo: Eduborrowsport (Photo Sport))

Sorprendentemente la bici fue otro trámite. Por increíble que parezca se me pasaron los 180 kilómetros muy rápidos. Sin bajones, sin molestias, sin dolores… Judith, disfruta de esto que pocas veces pasa. Y es que, aunque esperaba que llegaran los momentos duros, los kilómetros pasaban y yo disfrutaba más entera que nunca. Con cautela, pero con fuerza. Sin prisa, pero sin pausa. Hasta me permití saborear esas grandes sensaciones y admirar, en varias ocasiones, aquel impresionante paisaje.

Tradeinn International Triathlon 1406INN 2022
Tradeinn International Triathlon 1406INN 2022

El circuito ya tenía su dureza y sus dificultades técnicas como para añadir obstáculos, pero la meteo también quiso ponerse caprichosa. Como digo, todo iba de maravilla hasta que a pocos metros de coronar el penúltimo puerto empieza a tronar y en cuestión de segundos, empiezan a caer goterones. Rápidamente me pongo a liderar el grupo en el que iba y me lanzo para abajo. Cardona me dice: ¡cuidado! Pero le digo: sí, sí, pero a ver si el agua nos pilla lo más abajo posible. Esa bajada era muy técnica y lo último que quería era caerme. Los frenos de disco serán un atraso para muchos, pero en este caso, para mí son más que necesarios. El primer chaparrón fue inevitable, al menos salvamos la bajada con cierta solvencia y conseguimos superar el paso por un Calonge lleno de charcos y lleno de badenes y baches que no son lo mismo en seco que en mojado.

Tradeinn International Triathlon 1406INN 2022

Solo nos quedaba un puerto. Romanyà y para la T2 (como si nada Jejeje) pero de nuevo el problema no era subir. Yo seguía muy entera, pero se avecinaba una nueva tormenta y esta con vendaval incluido. Yo estaba disfrutando tanto (lo reconozco) que nada me importaba ni me borraba la sonrisa. Nada me restaba la energía positiva que llevé durante toda la carrera y las ganas de seguir peleando. Sin embargo, ese segundo diluvio casi me saca fuera de juego. Lo peor no fue el peligro de caída nuevamente, sino el frío que cogí y que me hizo temer por no llegar “viva” a la T2.

Por suerte, todo quedó en anécdotas de carrera que consiguen hacerla más épica. Lo que no sé si lo hace épico es que se te rompa el soporte del Garmin en un bache sobre el kilómetro 50, lo consiga pillar al vuelo para meterlo en el bolsillo e ir atientas toda la bici. A mí no me importa ir por sensaciones, pero lo que me mató es no saber cuánto tiempo llevaba para ir gestionando cuando comer. Pero: ¿qué sería una carrera de larga distancia sin mil batallitas que contar?

Aunque el frío fue el elemento protagonista en las transiciones, volví hacer un pase por boxes muy rápido. Es un privilegio que te puedan ir dando la suplementación en cada vuelta de carrera y que puedas salir a correr con las manos vacías. Ya me las vi y me las deseé para ponerme el Garmin en la muñeca y accionarlo con mis dedos tiesos como para tener que llevar más cosas.

(Photo: Juan Carlos, FETRI)

No hay mejor sensación que la de bajarse a correr la maratón y sentir que las piernas están frescas como una rosa. No me lo podía creer. Por más que sepas que llevas un gran trabajo hecho, nunca imaginas bajarte a correr con esa entereza y menos después de una bici dura y exigente. Pues esas grandes sensaciones y la gran ventaja que llevaba me hicieron disfrutar de esos 42,2 kilómetros de principio a fin. Que placer olvidarse del reloj, correr por sensaciones (como en la bici jejeje) y poder disfrutar de un triunfo con el que llevas soñando. Poder saborear los ánimos del público que tanto me ayudó uno vez más. Poder mirar y sonreír a todo aquel que había venido animarme, a todo el teamkoraxan que nunca falla, a todos mis amigos, compañeros y a mi familia. Mención especial para mis sobrinas que me hicieron emocionar vuelta a vuelta. No pude tener mejor regalo ¡Gracias a todos!

(Photo: Harold Avellan 140.6inn)

Aunque regalos tuve muchos, muchísimos. Destacar el tener allí a Saleta y a Ruth, dos personas que me ha presentado este deporte y que me llevo para toda la vida. Dos amigas que admiro, que quiero y que respeto. Y que estuvieran el domingo, hace para mí aún más especial esta carrera.

Especial fue lucir los colores del ANB y compartir un fin de semana con muchos compañeros. Qué bonito es sentirte parte de un gran equipo, compuesto y capitaneado por grandes personas.

Especial es vivir los valores de este deporte. Animarnos todos, aunque sea con un gesto, con una mirada al cruzarnos vayas como vayas. Poder ver a tantos amigos, a triatletas que esperas y otros que ves por sorpresa. A David, el CEO de Tradeinn completando “su” carrera. A mí me emocionan esas cosas. Y nos las cambio por ningún triunfo. Enhorabuena David y gracias. Gracias por volvernos a regalar otra gran carrera. Gracias por superaros un año más. Gracias a todo el equipo de Tradeinn, en especial a Pere, no solo por su trabajo sino por su entrega y pasión. Como me alegró recibir la medalla de ti. Gracias por todo.

Tradeinn International Triathlon 1406INN 2022
Tradeinn International Triathlon 1406INN 2022

PD: tal y como prometió la organización, la meta fue espectacular. No quiero imaginar lo que son capaces de hacer el año que viene. Espero volver a estar allí para verlo y vivirlo.

Tradeinn International Triathlon 1406INN 2022

 

Tradeinn International Triathlon 1406INN 2022

PD: muchos me decís que si no me ha dado pena o envidia no estar en el mundial de St. George (en el cual yo estaba clasificada). Os contesto: no cambio esto por ningún mundial, de todo corazón.

Gracias a la organización por tratarme de 10 una vez. Volvimos a estar en el Hotel Aromar. Exquisito trato. muchas gracias.

El raynoud está presente en mi vida los 365 días del año. No hay ni uno tan solo en el que no sea protagonista (ni en verano) ¡Creedme!, pero ayer se cebó conmigo. Cierto es que tenía el escenario perfecto para hacer una actuación estelar, y lo consiguió. Es como un veneno que entra por el cuerpo. Lo recorre rápidamente y después de apoderarse de él, acaba afectando a los órganos vitales hasta producir el fallo. Lo peor es que no hay antídoto.

Sabía a lo que me exponía. Sabía que iba a ser duro. Desde hacía semanas, viendo que se acercaba el momento de meterse en el mar a competir, ya temía por ello. Sufría por pasar frío antes, durante y después del agua. Y a medida que se acercaban los días, y la previsión empeoraba, mi miedo aumentaba. Dudé muchas veces si ir. Fue mi gran dilema y fue el tema de conversación con Javi hasta el último momento. Sabía mis limitaciones y sabía que no iba a ser un día nada fácil para mí. Pero, una vez más, debía intentarlo. No solo por mí; sino por el equipo y por Juanan, que me pidió estar allí y no quería fallarle (aunque sé que él lo hubiera entendido perfectamente).

Hice treinta minutos previos de carrera continua para entrar en calor. Estaba helada antes de la salida. Nada me ayudaba. Ni las cremas de calor, ni los parches del decathlon repartidos por todo el cuerpo. Está claro qué, si finalmente hubiera sido un triatlón, ni me lo hubiera planteado. Aunque algunos se emperrasen en nadar a toda costa.

Reconozco que cualquier tipo de competición, para mí, pasó a un segundo plano. Era solo un duelo mano a mano contra el frío. Competía contra mi peor enemigo y me ganó la batalla. Le gané el primer asalto. De hecho, hasta me vine arriba sintiendo que, ese primer sector a pie, me hizo entrar en calor y decidí quitarme los guantes para: poder gestionar mejor la transición, atarme las zapatillas, coger suplementación a lo largo de la bici… Sin embargo, la cagué por completo. En el segundo round, fui recibiendo golpes sin poderme defender de ninguno de ellos hasta que finalmente me noqueó. KO técnico y fin del combate.

foto: VIAJANDO A CONTRA LUZ

 

Recuerdo como en la primera vuelta, Marcos (fotógrafo de la organización), después de acercarse con la moto para hacerme algunas fotos, me preguntó: ¿Estás bien? <¡Tengo mucho frío!> -le dije. Creo que era evidente y se percató de ello. Yo no paraba de soplarme en las manos, para ver si mi propio aliento conseguía mitigar un poco ese dolor y recobrar algo de sensibilidad. En cambio, no solo dejé de sentir manos y pies por completo, sino que la cosa empeoró cuando empecé a notar que se me dormía el labio y parte de la cara. Me asusté. La tiritera se apoderó de mí y sentí que me ahogaba. Me costaba respirar.

No tuve ni tiempo a pensar. No llegué a conseguirlo en ningún momento. Mis pensamientos también se habían congelados y solo actué; sin más. Actué en modo supervivencia. Horas después me di cuenta que no fui consciente en ningún momento de que competía, de que estaba corriendo, de que llegué a pedalear algo más de una hora. Tampoco recuerdo mucho el momento que acudieron a socorrerme ¡Gracias a todos los que lo hicisteis! El calor del abrazo de una “ama“, como la de Itsaso, sí que no se olvida ¡Fuiste mi salvadora!

Foto: VIAJANDO A CONTRA LUZ

 

Gracias Juanan y Piluka por estar siempre ahí.

Gracias Víctor por toda tu ayuda, no solo en ese momento. Siento que mi debut con los colores del ANB haya sido ese.

Todo fue más fácil con mis padres al lado. Ellos, el “plan de acción” por congelación de una hija, lo tienen más que aprendido. Lo han puesto en práctica muchas veces; por desgracia de ambas partes.

No hay nada que, una larga ducha caliente, no cure. Lo que cuesta más, es sanar esos pensamientos negativos. Esos que hoy no me han dejado pegar ojo. Esos que me gritan, desde ayer con más fuerza que nunca, si vale la pena sufrir con este síndrome que padezco (no me gusta decir enfermedad, aunque esté diagnosticado como tal). Sé que cuesta pensar con claridad con el cuerpo y la mente baldados. Entiendo que las condiciones fueron inhumanas. Pero, en circunstancias normales, puedo asumir esa lucha. Así qué: ¡seguiremos luchando!

El frío fue el gran protagonista. Y fue infernal para todos, según he leído y escuchado en muchos de vosotros. Enhorabuena por los que lo superasteis.

Y enhorabuena a Javi por su carrerón y su pódium. Cómo me alegro. Te lo mereces.

FOTO: VIAJANDO A CONTRA LUZ

 

Siento haber escrito una crónica tan trágica. Pero, si no, no seria una crónica.