La carrera de Bilbao pareció comenzar una semana antes. El lunes previo se confirma la noticia de que Virginia Berasategui estará finalmente en la carrera. Yo, al enterarme, entro en cólera y muestro mi disconformidad pidiendo explicaciones, por privado, a la organización. Ellos me confirman lo esperado. Aunque Bilbao triatlón tiene un veto de cinco años por dopaje, esa cláusula se puso a consecuencia del positivo de Virginia (en esa carrera en 2013), por lo tanto, quedaba exenta de dicho castigo y podía competir. Sus dos años de sanción sí que los ha cumplido y, aunque a mí me parezcan insuficientes, legalmente, podía competir.  Fue una semana difícil con la polémica que creó este tema, pero, a dos días de la prueba, debía dejar el debate a un lado y pensar tan solo en la carrera. Si legalmente puede competir, nos guste o no, es una corredora más y yo, en competición, voy a respetarla como tal.

Aunque mi cabeza no quería darle vueltas al tema, en el ambiente, y en las redes, no se hablaba de otra cosa. Imposible quedarme al margen, pero si algo bueno tuvo todo ello, fue que no dejé de recibir, por todos lados, muestras de apoyo y ánimos. Eso me hacía más fuerte.

Con el dorsal 2 volvía a Bilbao triatlón, donde el año anterior pude firmar una buena carrera y conseguir un exitoso segundo puesto. Venía con la confianza de conocer el circuito y de saber que en la última edición se me dio bien. A ello se le sumaba el aliciente de que tenía a toda mi familia allí y la seguridad que el público de la ciudad, una vez más, se dejaría la piel animando.

El dorsal 1 era para Asa Lundstrom, la sueca que quedó por detrás de Virginia en 2013 –aunque se acabó llevando el título al confirmarse oficialmente el positivo de Berasategui–, así que acudía con ganas de guerra; cosa que había hecho público mostrando su animadversión hacia Virginia y con la ambición de llevarse el triunfo y poderlo celebrar como es debido. El pique estaba servido y yo también formaba parte de esa batalla.

Las tres favoritas, mucha rivalidad, pero, sobre todo, juego limpio y a darlo todo como siempre.

La mañana del sábado ultimando preparativos ya en boxes, poco antes de carrera. Nervios, como siempre, pero sin presión y con mucha seguridad en mí misma. Me encontraba bien y el día acompañaba –soleado y caluroso, aunque con amenaza de lluvia para media mañana pero, por fortuna no apareció hasta finalizar la carrera–.

Mis rivales más directas ya estaban por allí. Cada una a lo suyo. Yo me encontraba con la incertidumbre de no conocerlas como competidoras y no saber lo que me iba a encontrar, aun así, estaba preparada para todo, hacer mi carrera y lucharla de principio a fin.

10.00h. Empieza la prueba en la ría de Bilbao. En los primeros metros me pongo en cabeza y me marcho en solitario –buenas sensaciones–, esto empezaba bien. Primer tramo muy cómodo hasta que, en el giro, tocaba encarar más de un kilómetro con la corriente en contra. Eso no fue tan fácil; seguro que para nadie. Yo seguía en solitario, liderando la prueba. Cuando las fuerzas empezaban a flaquear, veo que, mi hermana iba andando en paralelo a mí con mis dos sobrinas, ¡emocionante! Primer subidón del día. Gracias Mire, que bien me supo.

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Primer sector completado. Cojo bici y a por el segundo. ¡Uf!, hacía aire. De momento, en llano, no asusta, pero incomoda. Pronto veo, en el primer giro, que mis perseguidoras venían cerca –Virginia y, un poco más atrás, Asa–. Estaba preparada para ello; para que me rebasaran en bici,  así que “cabeza fría y a seguir con mi carrera”. Lo que no quise hacer fue apretar y luchar forzosamente por mantener esa poca ventaja que les llevaba.

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Final del puerto. En la primera vuelta, y en el inicio de la bajada, Virginia me adelanta como una moto. Ella iba acoplada y con una seguridad brutal y yo… ¡cagadita!, con el aire en las curvas y tocando más freno de la cuenta. No podía dejarla escapar tan fácilmente. Su estela me sirvió para guiarme y, aunque con algún susto, pude mantenerme detrás. Iniciamos juntas la segunda vuelta la hicimos con un par de adelantamientos mutuos. “Vamos Judith, que estás ahí” –me animaba yo misma–, aunque poco me duró la emoción porque, en el segundo ascenso, se me fue marchando. A pesar de los ánimos que muchos me daban para que la aguantara, y que mis sensaciones no eran malas, no fui capaz.

El palo fue doble al ver que en mitad de la bajada me pasó Asa. Otro cohete bajando, y lo peor fue que, en esa ocasión, no pude mantenerme detrás. Ésta estaba siendo una carrera muy inusual para mí, acostumbrada a luchar en solitario en el sector ciclista. La peor sensación fue el, para una vez que las tenía, no poder aguantar esas referencias.

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Llego a la T2 y Asa está ahí; un minuto por delante y Virginia, por lo que pude escuchar, a más de dos. “Virginia es inalcanzable” me dije (creyendo que a pie nos iba a seguir metiendo minutos), pero había que intentar luchar por pillar a Asa. Mucha motivación, al menos para mantener la entereza corriendo –que es lo que más cuesta–. Aunque tengo que decir que en Bilbao es diferente, con el público entregado, el sufrimiento parece inapreciable. Es increíble.

Mis primeras sensaciones no son buenas. Cansada a pesar de haber regulado un poco en bici. Las piernas empiezan a decirle a la cabeza que no pueden y yo por un momento me preocupo de quién vendrá por detrás y a cuánto. Parecí conformarme con esa tercera posición, pero si algo tengo es corazón, “y muy grande”. Así que: si las piernas no tiran, lo hará el resto.

Poco me costó subir el ritmo cuando, al paso por el final de la primera vuelta, el público me grita con fuerza para que luche, gritándome que las tengo delante y que vaya a por ellas. La piel de gallina, no hay palabras. Eso, y mi orgullo, me hicieron correr como nunca. Ni yo me lo creía. Pero, si hasta me iban las piernas. Me quedé sorprendida cuando vi, en mitad de la segunda vuelta, que tenía a Virginia ahí, justo delante de mí, y a Javi. A él no quería adelantarlo, pero si encontrármelo en carrera. Que emoción sentí –por si no estaba siendo suficiente–.  Él fue el que me dio ese empujoncito para que fuera a por ella. La tengo a tiro, me dije. Por un momento dudé si era mejor aguantar y no que, por cubrirme de gloria, luego no poder aguantar ese ritmo. Pero vi que Virginia iba clavada y no me costó adelantarla y marcharme. Me animó el pasarla, buen detalle. Tengo que reconocer por eso, que nunca había querido ganar alguien en particular hasta ese momento. Nada contra ella, pero para mí era una recompensa muy grande y un reconocimiento a la lucha, al esfuerzo y al trabajo bien hecho.

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Después de ahí, corrí en una nube. Parecía que cada vez tenía más fuerzas. El público me llevaba y notaba la satisfacción de muchos al ponerme segunda. Asa no estaba lejos, la pude ver en mitad de la última vuelta y, aunque no la pillaba, estaba siendo una motivación al ver que recortaba por delante y ampliaba ventaja por detrás.

¡Que carrerón que estaba haciendo! Y como colofón, el ver a mi padre, a falta del último km, que me ve pasar orgulloso de mí. ¡Uf! esa emoción me parecía incontenible. ¡Uf! Espera, aún no estás, me dije. Pero es que veo que mi padre sigue ahí, y que corre a mi lado unos metros. Cuando encaro el giro a la línea de meta… Ahí sí que no puedo contener las lágrimas y mucho menos cuando en ese tramo final, que me parece inmenso, veo a mi madre, a mis suegros, a mi hermana y a mis sobrinas.

La alfombra roja me hace sentir que subo al cielo. No he ganado, pero para mí, eso fue más que una victoria. Indescriptible tantas emociones, tanto sufrimiento recompensado, tanto cariño. No merezco tanto y siempre me lo dais. Hacéis que esto sea tan grande…

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Llega Virginia. La saludo en meta. Deportividad ante todo. No ha sido una carrera fácil con tanta polémica, y mi posición, nada cómoda. Pero, si a alguien le debía un respeto, no era solo a Virgina que, nos pese a quién nos pese ha cumplido su sanción y no podemos hacer más, sino a la organización, que una vez más me ha tratado como en casa. Gracias de corazón. Entiendo que su postura tampoco ha sido nada fácil. Esta carrera era mágica y se merecía un buen final y que el público disfrutase del espectáculo y de la rivalidad en carrera. Limpiamente y con deportividad.

5.00h de la mañana del día siguiente. Las emociones no me dejan dormir y aquí esoty escribiendo. Necesitaba sacar esa adrenalina que aún me duraba. Motivación máxima para seguir trabajando y luchando día a día por sacar mi carrera adelante.

Felicitar a mi cuñado por ser “finisher” y por el carrerón que hizo. Otra emoción más del día. Agradecer enormemente a todos los que me hicisteis volar en carrera y a todos mis sponsors por apoyarme.

La próxima, otro año más, toca repetir en el País Vasco. Zarautz está a la vuelta de la esquina. Emoción asegurada.

«¡Besa la gloria o muere en el intento!»

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¡Primer triatlón de la temporada!

Por más años que lleves en esto, los nervios no cesan. Estaba como el primer día de colegio; nerviosa, con ganas, pero con esa mezcla de incertidumbre sin saber lo que te espera.

Además de que no conocía la prueba, aunque ya me habían advertido de su dureza en el tramo a pie, venía sin saber cómo me iba a encontrar. Con mucha seguridad en mi misma ya que me encontraba fuerte y todo el ciclo de entrenamiento había sido bueno, pero con esa falta de chispa que se pierde cuando llevas tantos meses sin competir.

El nivelazo que había no ayudaba a tranquilizarse. Y más cuando ya empiezas a salir con dorsales bajos y ser una de las candidatas a luchar por llevarte la carrera. ¡La presión ya pesa! Pero yo tenía que hacer mi carrera, como siempre. Sara Loehr era la favorita, yo tenía que ir a defender mi dorsal número 2, difícil con el palmarés del resto de competidoras.

A pesar de todo, la logística la controlé bien. Estaba todo listo y ya en la arena esperando ansiosa empezar la carrera. Aunque con 20 minutos de retraso, pero por fin sonó la bocina. Ya en el agua, luchando por coger un hueco y poder controlar el ritmo y la respiración. No hice mala salida, me encontré cómoda y rápidamente busqué un grupo que me ayudó a marcar un buen ritmo. Salíamos con los chicos elite y realmente no sabía cómo estaba situada respecto de las chicas. Me paso Dolça al paso de la primera bolla, pero no pude seguirla. Aun así, llegué a la T1 segunda, viendo a Dolça justo por delante y con la ventaja suficiente para coger la bici sin que ninguna más me diera caza.

La bici, a pesar de empezar con una rampa muy fuerte al salir de boxes, era muy llana, muy rodadora, y eso no me beneficiaba. Si quería luchar por estar delante, tenía que hacer una bici fuerte e intentar marcar ahí la diferencia, la táctica de siempre.

Así lo hice. Me escapé desde el principio pasando a Dolça en la primera subida y me concentré durante todo el sector ciclista para no dejar escapar ni un segundo, eran claves! Aunque la bici era muy rápida, se hace muy larga cuando ruedas completamente sola, sin apenas referencias respecto a otros corredores en todo el recorrido. Luchando contra el viento y contra el crono por no dejar escapar tiempo. Las sensaciones eran buenas y más cuando veía que iba ampliando distancia por detrás.

Si soy realista, no esperaba sacar tanta diferencia en un circuito rodador, me sorprendí de hacer esa bici tan fuerte y llegar bastante entera a la T2. Aunque alucinada de llevar 4’ de ventaja respecto a Sara, sabía que no era ventaja suficiente para ser perseguida por un “guepardo” como ella! Aun así, había que luchar por ello y defender hasta el máximo ese primer puesto.

Corrí bien, hasta que llegué al infierno de las escaleras y supe que la carrera iba a ser muy dura. Por más que te lo imagines (y eso que yo he hecho carreras de subir escalera), no cuentas como “mata” a nivel muscular y como el pulso se dispara y aparece la agonía. Son esos momentos que piensas: “¡madre mía, ¿quién ha inventado este circuito?! ¡No era necesario!” y te planteas porque te gusta tanto sufrir y competir.

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Pues allí seguía, corriendo, empezando la segunda vuelta con la certeza que Sara me iba a dar caza en cualquier momento, en la primera vuelta ya me había recortado 2’30”. Me dediqué a seguir mi ritmo hasta que me cazó antes del segundo tramo de escaleras. Después de animarnos mutuamente, me conciencie de que había que mantener la entereza y defender la segunda plaza.

Así lo hice. Disfruté de los últimos kms de carrera sabiendo que había luchado y que lo había dado todo una vez más. Era una buena carrera y un buen inicio de la temporada. Quizá algunos esperaban más de mí, y se lo agradezco, pero yo sabía que Sara estaba muy por encima y hay que felicitarle por ello. Igual que al resto de corredoras.

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Lo mejor, llegar a meta sabiendo que Javi, Richard y María habían estado acompañándome y sufriendo conmigo durante toda la carrera. Supporters de lujo! Que para mí dice mucho. Su compañía durante todo el fin de semana hizo que un mero viaje de competición se convierta una vez más en un viaje inolvidable, lleno de anécdotas, risas, buenos y “malos” momentos (es que la carrera fue tan dura que me paso factura a nivel estomacal y la vuelta fue dura).

La anécdota de la carrera: cuando un juez se me acerca en moto sobre el km 70 de bici y me dice con ironía: “¿estas segura que vas bien? ¿No te habrás equivocado de recorrido?” como imagináis, muy desconcertante. Suerte que en la rotonda siguiente venia el giro que me desviaba a la parte final y me cercioré de que iba bien. Aunque seguía desconcertada. Por supuesto, al final de carrera le pedí explicaciones (porque él en ningún momento se vino a disculpar) y aun sabiendo de su error (no sabía que iba primera yo en bici) me dijo: “¡bueno yo te digo, pero tu sigue, no me hagas caso!” ¡Y eso que es un árbitro de la FETRI!

Agradeceros a todos los que me estuvisteis siguiendo en directo, para mí fue muy emocionante recibir decenas de mensajes y fotos mientras me seguíais. A todos por los ánimos y felicitaciones. Por creer en mí.

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A mi entrenador Alvaro Rance por seguir ayudándome día a día.

A todos mis patrocinadores, a los que ya me ayudabais la temporada pasada (Laica  y Portubienestar.com, xwin, Alimmenta y Sailfish) y los nuevos (Recuperat-ion, Newton, Big Mat Garro Sant Boi, Unîca Bikes, Speedsix, Catlike, Odeclas y Viator) y a los que me cuidan (Centreafit y Cyclistlab) y por su puesto a mi club Where Is the Limit? Sin vosotros no sería posible. He podido estrenar bici, ruedas, neopreno, casco, tritraje, zapatillas…gracias a vosotros! Y el estreno ha sido increíble. Gracias a Viator por acogerme y enseñarme que detrás de una gran marca ahí una gran familia que he tenido el placer de conocer.

A por la siguiente!

LA CARRERA PERFECTA

El titular ya lo dice todo. Si no recuerdo mal, primera carrera a la que llego con el cartel de favorita dada la victoria del año anterior. Eso, ya impone mucho.

La verdad es que llegué a esta carrera más en forma que nunca y eso da una confianza enorme. Conocía la prueba, conocía muy bien los circuitos (sobretodo el de bici donde venía dispuesta a marcar la diferencia) y sabía que había mejorado mucho en los tres sectores. Las cosas me estaban saliendo muy bien hasta ahora; en cada carrera estaba progresando en todos los niveles.

Con esto, y mirando que el año pasado participé con una fisura de costilla que me hizo menguar las fuerzas y que no iba  con cabra, sabía que podía mejorar la carrera del año anterior. Por mi parte la confianza era total, pero claro, no era la única que se presentaba a la gran cita con ganas de ganar. Mercé Tusell volvía a la carrera y el año pasado se quedó de mí a tan solo 18” después de irme recortando minutos en la carrera a pie (su fuerte). También venía Sara Loher que, hasta día de hoy, no sabía lo que era quedar por delante suyo, en Zarautz me dio un repaso corriendo. Cierto que Sara anunciaba que venía débil y no estaba al 100%. Otras de las favoritas era María Ortega, una grande que compite a nivel internacional y sabía que nadando me iba a sacar una minutada, aunque éste era su debut en media distancia.

Llegué el sábado a Berga y, desde que empecé a cruzarme con triatletas y compañeros, fueron muchos los que me decían: ¿Qué?, a volver a ganar, ¿no?

 “¡Uf! Qué presión. Eso no te lo pone nada fácil!”. Se agradece mucho, y desde aquí aprovecho para dar las gracias a todos los que me animáis, me seguís y depositáis tanta confianza en mí, un honor. Pero es mucho acojone también (jejeje). Para colmo, en esta carrera había una “porra” para recaudar por una bonita causa, donde se apostaba por los ganadores (tanto masculino como femenino) y, si acertabas, entrabas en el sorteo de un Ipad. Así que eran muchos los que me decían que habían apostado por mí. ¡Guau! No estoy acostumbrada a esto. Bueno, yo como siempre: a hacer mi carrera. Sin más.

Llega el domingo. Me levanto nerviosa (como siempre), pero con ganas, con fuerza. Tenía hambre de carrera y, aunque tenía más presión que nunca, no me daba miedo nada ni nadie.

Primero a la T2 a dejar bambas y visualizar por última vez el recorrido de ese tramo (para tenerlo controlado, luego en carrera vas ciega). Llega María Ortega y nos saludamos. Comentamos el procedimiento de coger y dejar las cosas en boxes. Cogemos autocar y directa para el lago. Preparo todo y para el agua. No iba muy sobrada de tiempo, lo justo para dejarlo todo a punto y tener algunos minutos para calentar en el agua. 

En la T1 echo un último vistazo a mi bici y material y veo a Sara y a Mercé preparando sus cosas. Las saludo y les deseo suerte. Rápido al agua (quería calentar y probar el neopreno que iba de estreno <gracias Pepe (Sailfish), me fue genial>. 

Le doy un beso a Javi, le deseo suerte y le pido que lleve cuidado. Me meto en el agua y a lo mío. Caliento un poco, “buenas sensaciones”. El agua menos fría de lo que me esperaba. Queda poco para la salida. Los 700 triatletas se van metiendo en el agua. Miro para atrás ¡Qué miedo! Situada en primera línea de salida, con el hándicap de que puedan devorarte, pero con la esperanza de hacer una salida fuerte y poder encontrar rápido mi hueco. En esos minutos previos, cuando el corazón se te sale por la boca, me encuentro gente en el agua que me dice: “Tú eres la Corachán, ¿no? Pues venga, a ganar”. Una triatleta oigo que dice: “Si la Corachán está aquí, estamos bien colocados. Son buenos pies a seguir!”. ¡Guau! Eso fue un lujo! En broma les contesté: “Pues si me siguen todos… encantada. Eso quiere decir que irán detrás” jeje. Otro me recuerda que ha apostado por mí en la porra. “No, por favor, más nervios no.  Ya tengo bastante”. Me emocionó el escuchar esas cosas. Fue increíble.

Ese ambiente hace que esos minutos previos pasen volando. Cuando me di cuenta estábamos en la cuenta atrás: 3,2,1… Go! Salgo al sprint y en pocos metros encuentro hueco. Una salida muy limpia que me da un plus más de confianza y me permite rápidamente coger un  ritmo fuerte. Más que otras veces. Valió la pena, la natación fue rápida y cuando me quise dar cuenta estaba ya tocando suelo. Me esperaba una rampa y una larga transición. Por primera vez (lo tenía meditado) me quito el neopreno nada más subir la rampa. Lo llevaba en la cintura y arriba me paré en seco (perdón Juan Carlos Pulido provoqué que me atropellaras), me lo quito allí mismo (para sorpresa de todos) y corro libre de lastre por esa larga transición. La jugada salió bien porque hice la T1 más rápida (en comparación con mis rivales) y eso que me puse calcetines y todo. No estaba dispuesta a perder ni un segundo.

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Cojo bici, veo que María ya ha salido pero no debía andar lejos. Mientras salgo veo que ninguna otra rival viene cerca. Qué bien.

Con la euforia ya del público puedo escuchar voces conocidas, sobretodo mi cuñado que me canta quién tengo delante y a cuánto. Hago una buena subida en bici y rápidamente me adapto al ritmo y al circuito. A pocos kms veo a Richard Calle y María, su pareja. Primer subidón. Me animan y me vuelven a indicar que María va delante, por poco tiempo; la pille en los primeros 10km. Ya estaba líder. Quedaba mucho, pero iba a luchar más que nunca por mantenerme en ese primer puesto.

La bici salió perfecta. Me encontraba muy bien, muy cómoda y me conocía el circuito. Hacia un día perfecto, ni gota de viento y sentía que cada vez estaba rodando más fuerte y con más ganas. Era la primera vez que me sentía tan a gusto con la cabra. Estaba disfrutando. En el puerto duro ya pase a algún chico, que incluso me decía que regulase (se lo agradezco), pero no era día para regular. Fui pasando kilómetros y me sorprendía que apenas me alcanzaran chicos. Recordaba que el año anterior (en ese mismo sector) me pasaron un montón, uno tras otro. Hasta que, acabando el puerto de la primera vuelta, me pasó Matos. Nos animamos mutuamente. Me alegré de que él fuese tan bien y él de que yo fuese delante. “Vamos company” me dijo.

Lo fui perdiendo de vista, sobre todo cuando empezó la bajada, pero a pesar de no bajar como él (cosa lógica), yo bajaba mejor que nunca. Que sensación tan buena. Yo que soy pésima bajando me notaba rápida y ágil en cada curva. Me fui creciendo, tanto que al llegar al punto de giro, donde estaba todo el público, amigos y muchos familiares (escuche a mis padres, aunque no los vi). Sentía que iba como una bala y que enlacé el giro de casi 180º con una agilidad brutal. “¿Lo has visto Richard?” Es que pude ver que María y Richard se impresionaron. Ellos me conocen y saben lo torpe que soy. Justo hace dos semanas Richard estaba consolándome después de hacer el ridículo por una caída tonta en subida porque me patinó la rueda en tierra, y yo le decía: “Richard es que soy muy torpe” Sin embargo, hay estaba yo… bajando como nunca.

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¡Guaaau! No os puedo describir la emoción que sentí. Se me hizo un nudo en la garganta. Se me humedecían los ojos. “Judith, respira, controla, estas compitiendo” me dije.  Estaba eufórica, me sentía fuerte. Dios, como estaba disfrutando. Tenía más ganas de pedalear que nunca, que no se acabara.  Se me estaba pasando volando. Miraba el Garmin e intentaba ir rascándole puntos a la media (en la subida para que no bajaran y en la bajada para que subieran, oscilando siempre entre 33 y 35 km/h). Era brutal.

Seguía pedaleando sola. Seguían casi sin alcanzarme  chicos, incluso llegué a coger a algunos. Me pasó Albert Jiménez en el principio del puerto de Casserres y me dijo: “vas genial. Regula. Vas sobrada, les llevas mucho” (Gracias Albert). Y ya al final de la subida vi a Xavi Torrades, que raro. Le pregunte si estaba bien y me dijo que simplemente no iba. Pobre. Que malos son esos días. La cruz de la moneda, A mí, sin embargo, me había salido “cara”. Nos animamos y seguí, ya tenía el ascenso conquistado. Tocaba bajar y volver a disfrutar y sentir como mis piernas seguían frescas. Nunca había tenido esa sensación después de llevar 80km de bici.

Lo tenía. La bici se acaba y tocaba mentalizarse para la carrera (lo más duro para mí). En la rotonda de entrada al pueblo veo a mi amigo Oscar con toda su familia. Que ilusión que estuviese ahí. “¡Gracias, gracias “Compy” por todo!”. Me emocioné y esa emoción crece cuando a pocos metros veo a Richard de nuevo y me canta: “en la primera vuelta ya les llevabas 7’ así que tranquila”. ¿Qué? ¡Guau! ¿Cómo era posible? Eso era mucho tiempo. Pues sí, eso confirmaba las buenas sensaciones que había tenido en bici y viendo como había salido la segunda vuelta, seguro que algún minuto más tenía. “Suficiente Judith, esto tiene que ser tuyo” Me dije.

La llegada a la T2 fue uno de los momentos más emocionantes del día. Cómo gritaban y me animaban al verme llegar como la primera chica. Mil gracias a todos. No tengo palabras para poder explicar lo que se siente y lo que eso te empuja. Así que, rodeada de público, de gritos y de ánimos, completé los primeros kms de carrera viendo como ninguna rival llegaba a la T2. Vi a muchos amigos y compañeros, a mis padres, a mi hermana, a mi sobrina y a Carlitos emocionado con mi carrera (gracias). Y guau. Ahí estaba Álvaro, mi entrenador. Uf, aún me emociono ahora al recordarlo. Es que me dio mucha seguridad verlo ahí diciéndome que regulara que iba sola. El sentir que estaba allí viendo como el trabajo bien hecho da sus frutos. Para mí fue muy gratificante. Gracias coach.

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Que sensación de libertad el no sentir que te persiguen y que puedes hacer tu carrera. Es un circuito duro, alguna subidita que mata pero, dada la ventaja, se me pasó rápido. Pude ver como Mercé me recortaba en cada vuelta pero sabías que era insuficiente para alcanzarme y eso me relajaba. Vi también como Sara abandonó (lo siento Sara, sé que a nadie nos gusta. Ahora a recuperarse). Disfruté en cada vuelta de los ánimos de todo el público y también de muchos triatletas que en carrera (hasta sufriendo) me animaban y me felicitaban por lo que estaba consiguiendo. Gracias a todos. Este deporte tiene eso, son todos geniales.

Tramo final de la carrera, la emoción va en aumento pero… un sabor amargo cuando veo a Javi parado y animándome. Se había retirado, me dolió, pero me quedé tranquila (aunque triste por él) al ver que estaba bien. “Judith, lo tienes, el triunfo es tuyo, disfruta de esto que hoy te has salido”, me dijo.

Así fue.

Camino final a meta. Empieza la alfombra roja que te dirige hasta el arco. La euforia es máxima y más cuando veo a mi sobrina esperando para recorrer esos metros conmigo. “Mi niña” que bonito fue ese momento hasta coger la cinta. Indescriptible. No puedo evitar seguir emocionándome recordando la carrera del domingo. Además mi primer puesto de esta temporada.

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“¡Marcote!” me dijisteis muchos. Pues sí, es cierto. Pero no nos volvamos locos que el circuito de carrera en 18km. Pero sí, la mejor en un año, notable:

  SWIM BIKE RUN  
SAILFISH BERGA 2014 26’47 2h39’43 1H37’23 4h43’53
SAILFISH BERGA 2015 25’21 2h32’08

(84km)

1H17’43

(17km)

4h15’12

 Gracias a todos los que me animasteis (antes, durante y después de la carrera), que os molestáis en escribirme y que nunca me falláis. A toda mi familia que vino a verme y que son un pilar básico para mí. A todos los amigos y compañeros. A los sponsors, sin duda, que hacen esto posible. En especial a mi nutricionista Jéssica de Alimmenta que ha conseguido que me sienta más ágil y fuerte que nunca!  

Por cierto, el día acabo redondo porque…sorprendentemente el sorteo del Ipad por la porra lo gano Javi, mi pareja! Jejeje!

 

 

Una visita a la distancia olímpica.

Mi club me ofrece un dorsal para correr la Garmin de Barcelona y yo, a pesar de no ser mi distancia, venir de correr 4 medios en 2 meses y solo una semana después de Zarautz, le digo que cuenten conmigo.

Un poco locura, pero perder no pierdo nada. Sí que es cierto que llegaba cansada y, aunque suene mal, desganada. No era una carrera que hubiese preparado. No era objetivo y, aunque quería hacerlo bien y darlo todo, como siempre, no tenía ni los nervios típicos ni la motivación de una competición importante. El hecho de que fuese una distancia más corta de lo que estoy acostumbrada también tenía mucho que ver, en ella no se requería ni tanta logística, ni tanto control de la «suplementación» ni del circuito. En esta estaba ausente el miedo y el respeto que existe en una carrera larga y todo lo que ese tipo de carreras conlleva. Esto era todo mucho más rápido.

Lo bueno de esta carrera es que me parecía un trámite, lo malo era que en ella había drafting y eso hace que la carrera cambie totalmente. Sabía que un circuito a rueda, llano y rápido no me permitiría marcar la diferencia en bici y viendo que mis cuatro rivales me iban a sacar una minutada en el agua, poco tenía que hacer.

La cosa no empezó bien. Después de escuchar en boca de la organización que los «Pros» saldríamos 2 minutos antes, o al menos unos metros posicionados por delante, comprobamos que no fue así. 500 personas a la vez y “¡sálvese quien pueda!”. Yo ya no estoy acostumbrada a esto (con todo el respeto) y eso me penalizó. Perdí las posibilidades de entrar en carrera en el primer sector. Me lleve más golpes y agarrones de la cuenta, me comió la multitud en los primeros metros del agua, me agobie más de la cuenta planteándome incluso el abandonar, pero continúe nadando hasta la playa; aunque con un mosqueo tremendo.

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Con malas sensaciones, y sin encontrar ritmo ni hueco en ningún momento, complete el 1’5 km hasta la T1. Una transición larga que, a pesar de nadar acompañada en todo momento, hizo que perdiera cualquier compañía al subirme a la bici. Tenía a cuatro cerca, me parecía imposible pero me dejé la vida en los 8 primeros kilómetros para intentar pillarlos; de nada me sirvió, sólo conseguí desgastarme. Ahí ya fue cuando me engulló el grupo que venía por detrás, entré en relevos e hice lo posible por acortar distancias con el grupo de cabeza femenino. Me sentía impotente por verme obligada a tener que acostumbrarme al ritmo del resto y no al mío y a tocar el freno más de la cuenta. Me di cuenta que me sentía bien corriendo en media distancia y, aunque se agradecen las carreras cortas por muchos factores, que la prueba no solo dependa de ti, no me gusta nada.

Con tanta gente y tantos giros me limité a velar por mi seguridad, quería llegar viva a la T2 y completar las 4 vueltas de bici. Me quedó un sabor agridulce por no haber podido hacer más y llegar a alcanzar al resto de chicas. Aun así cuando llegué a boxes, mi familia me gritó que las tenía a tan solo 40 segundos. Entonces fue cuando me di cuenta que había recortado distancia. Fue algo bueno, pero sabiendo como corro, sabía que era insuficiente para poder pillarlas. Pero por intentarlo que no quede.

Salí a correr muy fuerte. Pero eran solo 10 km. «Que corto se ve cuando una está acostumbrada a tener que correr el doble en competición». Un ritmo exigente, pero que veía que podía aguantar. En los primeros 2 km vi que la segunda, la tercera y la cuarta chica iban muy seguidas, una detrás de la otra, y a menos de un minuto de mí. Decidí que había que darlo todo por intentar alcanzarlas y, aunque fue en esfuerzo en balde, me sentí satisfecha de haber hecho una buena carrera. Completé el sector en 39’13”, mi mejor marca personal en un diez mil ¿Qué más se puede pedir?

Con una sensación de insatisfacción crucé la meta en 5ª posición, tal y como empecé la carrera. Algo había recortado en el sector a pie y llegué muy cerca de la tercera y de la cuarta pero el pódium se me hizo inalcanzable desde que empecé la carrera y esta era una buena oportunidad para dar un pasito más en los buenos resultados de esta temporada.

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Me quedo con lo mejor de ese día, que mi familia entera estuviera ahí animándome. Sobretodo mi hermana, «embarazadísima» a solo 3 días de dar a luz, y mi sobrina de 5 años y medio que aguanta lo que le echen.” ¡Gracias por los ánimos y por siempre estar ahí familia!» Y por todos aquellos amigos y compañeros que me dan su apoyo y muestran su admiración. Lo peor, los pies “sollaos” por la falta de costumbre de correr sin calcetines.

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Por mucho que te lo cuenten… !hay que vivirlo!

Triatlón de Zarautz, la meca del triatlón español por excelencia. Una de esas que no te quieres perder en tu carrera deportiva.

Aunque igual no era este año el que yo hubiese elegido para hacerlo, pero mi entrenador, Alvaro Rance, me dijo que lo marcara en el calendario, y además en letras rojas, que una distancia de natación larga y un circuito duro me podían venir bien.  Precisamente eso era lo que me echaba para atrás, sobretodo por mi poca soltura con la cabra; para un circuito tan exigente es necesario un buen dominio de la bici.

El tiempo también era un hándicap. La lluvia y el frío suelen ser habituales en el País Vasco y era otro de los contras de este «tri», y aun más sabiendo que aquí no perdonan la bici ni aunque llueva a mares. Eso mismo lo pude comprobar el sábado en directo.

Un cartel de favoritas, más lucido y extenso que nunca, era otro de los condicionantes pero…”¿Quién dijo miedo?”. ¿Por qué no poder sumar mi nombre a ese cartel y luchar por el pódium? -pensé-. Aunque parecía inalcanzable a priori con tantas rivales y de tan alto nivel: Marina Damlaimcourt, Eva Ledesma, Gurutze Frades, Sara Loher, Dolça Ollé, Anna Noguera y Arrate Mintegui, quería sumarme a ellas y figurar ese mismo cartel de favoritas.

La misma mañana de la carrera, viendo la previsión meteorológica, el puesto y la lucha por el pódium pasó a un segundo plano. En ese momento el único objetivo era no caerme. Es curioso cómo te cambia de golpe la visión de la carrera por determinadas circunstancias. Mi preocupación era ese, no caerme (Sufrí mi peor caída en lluvia y aún tengo secuelas, sobretodo psicológicas). Me daba mucho miedo, mucho respeto, el circuito ciclista con lluvia podía ser muy peligroso después de ver el desnivel que tenía. No estaba dispuesta a jugarme la vida, así que pensé: cabeza, precaución y a ver qué pasa. Lo peor es que ese miedo hace que me bloqué, que frene más de la cuenta y eso es mucho riesgo. Iba muy nerviosa a la carrera, solo me preocupaba llegar a la T2 y poner el pie en el suelo sana y salva.

Ya en línea de salida, tiritando por culpa del frío y los nervios, me quería sentir preparada para afrontar los 2.900 metros de natación que separaban la playa de Getaria hasta Zarautz. Casi 3 km que teníamos que cruzar en línea recta, con pocas referencias y con el mar algo movido, así que lo importante era evitar quedarse sola y perder guías. ¡Pues de sola, nada! Se convirtió en una de las salidas más complicadas que he vivido; nunca entenderé por qué la gente se obsesiona por hundirte, pasarte por encima y agarrarte para esquivarte. Suerte que soy nadadora porqué sino…Salir de ese caos me costó unos metros de lucha y varios tragos de agua salada. Al final me ubiqué y pude coger mi ritmo después de ver como 2 triatletas se iban escapadas. De golpe vi que Dolça iba al lado mío, fue una gran compañera durante todo el tramo de natación, pero no fue la única que estaba cerca mío, alguien me fue tocando los pies durante todo el segmento. Fue algo muy molesto y mucho más cuando, en una de esas, me bajo el chip del tobillo, lo cual, por llevarlo medio suelto, me provocó roces durante el resto de la carrera. Pero bueno, se entiende como «gajes del oficio», cuando llegamos a la playa vi que era Sara Loher. También Eva Ledesma había estado nadando en nuestro grupo.

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Una T1 más emocionante que nunca hizo que las cuatro cogiéramos la bici a la par. Yo era la más rezagada por eso. Tras un primer kilómetro de tira y afloja, demostrando quién era la más fuerte, Ledesma se quedó y yo esperé detrás de Dolça y Sara para ver que ritmo marcaban. Pero en pocos minutos empezó a llover con fuerza y ya me desestabilicé un poco. Venía la bajada y se me iban. Ellas trazaban con confianza y sin miedo y yo, muy nerviosa, empecé a frenar más de la cuenta. Veía como se me escapaban, pero me decía a mi misma que ¡No podía dejar que eso pasara!

Cambié el chip y me dije a mí misma que tenía que ser más fuerte que nunca. Empecé a pedalear y me puse en cabeza del trío que habíamos formado y, a  falta de unos kilómetros para llegar al paso de vuelta por Zarautz, por la zona más rodadora de la costa, pude ver a la cabeza de carrera, era Marina Damlaimcourt la que iba escapada. No podía imaginarme que llegaríamos a verla. Después de cómo había nadando y teniendo en cuenta que era su sector más flojo…pero hay estaba.

Pocos metros antes de entrar en Zarautz la adelanté pasando a liderar el tramo ciclista. Eso hizo que pudiera vivir el momento de entrar en primer puesto en un pueblo lleno de afición. Me llegué a emocionarme de lo que la gente animaba. Fue algo indescriptible. Yo no sé si fue la mezcla del miedo, euforia, frío y todas esas cosas que sentía, pero en solo 28 km de carrera pude emocionarme como si estuviera llegando a meta en primera posición. Ahí vi a Javi, mi novio. Traté, con la mirada, de decirle que estaba bien (lo vi preocupado por mí, por la que estaba cayendo). Vi su cara de satisfacción y sorpresa al verme pasar en primera posición (aunque con todas pegadas detrás).

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Yo no sé si fue esa inyección de adrenalina, pero en pocos kilómetros me había escapado del resto. Para nada esperaba verme en esa situación en esa carrera, visto el cartel. Pero tenía que aprovechar esa ventaja. Quedaba mucha carrera por delante y debía tener cabeza. La verdad es que me fui creciendo. Me vine arriba y, a pesar del diluvio, supe gestionar ese miedo y no perder ritmo, aunque con mucho cuidado, tampoco quería arriesgar más de la cuenta y que eso me provocara una caída.

Vuelta de paso por Zarautz para empezar la última vuelta y la más dura. Una vez más, el paso por el pueblo me volvió a emocionar y me empujó a seguir con fuerza. Ahí era donde empezaba el calvario. Estaba cansada de escuchar lo de las rampas del 20-21%, que el suelo no era el mejor y mucho menos con la lluvia. El ascenso se iba a complicar. En la cabeza llevaba la frase que me había dicho Jordi, mi cuñado, y que me habían repetido varios: “¡Sube sentada y peso atrás!”. Le hice caso, no había más opciones. Verdaderamente lo pasé mal. No solo por la dureza de las rampas, que a demás de su desnivel era un tramo más largo de lo que me pensaba,  1’2 km de tortura en la que, con todo metido, debía mantener un ritmo constante de pedaleo para no quedarme bloqueada. Pensé varias veces que me iba al suelo. Pasé más miedo subiendo que bajando !Buf!, pero lo que no tiene precio es que, a pesar de la lluvia que estaban aguantando estoicamente, la gente te anime con todas sus fuerzas y que te adviertan del peligro de la carretera llena de surcos y de un suelo resbaladizo.

Después de coronar ese Muro de Aia venía la bajada más peligrosa. En la que, por suerte, a pesar de un par de sustos, cubrí con precaución. Pero aún no estaba todo hecho. Yo ya no sabía ni por donde iba ni lo que me quedaba. Sabía que faltaba la subida al camping Txurruka e intuía que era dura, pero ! Buf! no creí que lo fuese tanto. Otro «rampote» largo y que te llega cuando las piernas ya ni te funcionan pero, entonces viene lo más emocionante del tramo ciclista. El punto donde el público, dado que es la última subida y una de las más duras, se vuelca en animarte como si en ello perdieran el alma. Es espectacular, se crea un pasillo estrecho donde solo cabes tú, tu bici y ese calor de la gente que te está casi rozando y a la que le notas ese aliento cálido que ves que te sube al cielo y te lleva hasta arriba poniéndote la piel de gallina. Es Indescriptible. En ese momento te sientes como un ciclista profesional llegando a la cima en una de las etapas míticas del Tour de Francia !Impresionante! No me cansaré de repetirlo. Aún sigo recordando ese momento mágico.

Ahora sí !Por fin!. Se acabó el sector ciclista y me encontraba orgullosa de ello, pasara lo que pasara me sentía campeona por haber luchado contra mis miedos y haberlo hecho con creces. Sí que es cierto que a solo 400 metros de la meta, en la última rotonda, antes de poner pie en el suelo, ya en Zarautz, me llevé el peor susto. Rocé una línea blanca y a causa de la lluvia casi acabo en el suelo, era como si hubiera pisado un espejo. Patiné y se me fue la bici, pero, no me preguntes cómo, conseguí estabilizarla sin caerme -¡Maldita línea!- pensé. ¡Por los pelos!

Poco me iba a durar la emoción de ir como cabeza de carrera, pero ya estaba en el último sector y la satisfacción de entrar primera en el pueblo, y llevarme la ovación de la gente, no me la quita nadie, eso queda en mi retina para toda la vida. En el km 4 me alcanzaron Gurutze Y Sara. Vaya ritmo llevaban, ¡Increíble! Me pasaron las dos sin poder ni olerlas y siguieron con su mano a mano, ajenas a todo. Yo, aunque estaba preparada para que eso pasara, quería seguir estando en carrera y no perder más posiciones. Dolça venía cerca por detrás, pero en la segunda vuelta mi perseguidora era Marina que venía como una bala. Luché más que nunca por el pódium ¡Me lo merecía! Había demostrado que podía conseguirlo y lo había dado todo durante toda la carrera. Después de esos fatídicos kilómetros entre la segunda, y en la tercera vuelta rezaba para que Marina no me alcanzara. Era un sufrimiento a perder esa gran plaza que tenía a mi alcance; en el último paso, a falta de 1 km, vi que la distancia que había entre nosotras dos era la misma ¡Ahora sí! -pensé- Lo tenía en mis manos. Tenía que creérmelo. El tercer puesto era para mí. Más sufrido y merecido que nunca.

Son indescriptible las emociones que se pueden llegar a vivir en ese momento. En esos últimos metros a meta, en pleno centro de Zarautz, con toda la gente gritándote es cuando te sientes ganadora, cuando te sientes orgullosa de lo que has conseguido y recuerdas todo lo que has luchado por llegar hasta ahí. Te acuerdas de todos los que te han apoyado día a día, tu gente, tu familia, tus amigos, todos los que me quieren y me siguen. Uno de esos finales de carrera que nunca olvidaré y que disfruté más que nunca. Cuando crucé la línea de meta solo quería abrazar a Javi, porque había sufrido casi tanto como yo y porque gracias a sus ánimos había llegado hasta allí. Lo abracé y me eche a llorar como una niña, desahogándome y sacando todas esas emociones.

¡Buf! Zarauzko Triatloia 2015 queda grabado en mi retina para siempre!

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A veces cuando menos te lo esperas…es cuando mejor salen las cosas!

Diez días solo antes de la fecha me llaman de la organización del triathlon de Bilbao (Joel de innevento sports) para invitarme a su carrera. Ya me lo habían dicho hacía meses pero rechacé la invitación por verlo muy justo en el calendario. Pero el volverme a llamar y con tan poco margen me hizo lanzarme y darles el ok! Después de haberlo consensuado con mi entrenador, claro! Y con mi pareja, que a pesar de tampoco entrar en sus planes y a falta de tres semanas para su objetivo de la temporada, su primer Ironman, una vez más, antepone mis planes a los suyos y de paso competir también y así seguir sumando entreno.

Fue confirmar mi asistencia y las cosas se empezaron a complicar. Comunico en el trabajo lo de mi carrera para que me dieran fiesta el viernes y me dicen que no! Que no me pueden dar fiesta, que no se pueden hacer tratos de favor! Así que la única solución que me dan, para poder irme ese viernes, es quitarme las horas de todos los viernes. Sorprendente, pero cierto! Ni el hecho de trabajar en un gimnasio te ayuda a que te faciliten las cosas para seguir con tu carrera deportiva! Con todo el dolor y con las consecuencias que me puede suponer eso económicamente, decido ir a Bilbao y seguir luchando por lo que quiero, pese a quien le pese.

Además de eso, un pinzamiento cervical me impide nadar esa semana y trabajar y entrenar con normalidad. Me levanto el mismo sábado con bastante molestia aún y dificultad de movimiento. Pensé que no iba a ser capaz ni de nadar pero supongo que una vez te pones, se pasan todos los males, por suerte!

Una de las pruebas con más nivel nacional que me he encontrado hasta ahora. Y con alguna presencia de triatletas internacionales que salían en el cartel de favoritas. Cartel en el que yo no aparecía. Por una parte mejor, “pasando desapercibida como a mí me gusta!”, pero quería estar ahí.

El día pintaba espectacular, buen tiempo, ambientazo increíble y salir a las 13.30h evitando madrugones y con las pilas ya cargadas. El agua de la ría menos fría de lo esperado así que de lujo. Iba con una idea clara, darlo todo en la natación y en bici, sabiendo que en correr tenia las de perder con mis rivales. Y así lo hice.

Desde los primeros metros de la natación me separé del grupo marcando la cabeza de carrera con Dolça. Natación limpia y con buenas sensaciones desde el principio. Dolça se me escapa unos metros desde el inicio, “como siempre” pero a diferencia de otras veces la distancia no sigue aumentando y la mantengo hasta el final. Eso me da confianza y sentir que el resto se queda atrás también. Llegué fresca y con fuerza a la T1 cruzándome con Dolça que coge la bici pocos segundos antes que yo. Una transición muy mala, al ver que las gomas se habían soltado y las dificultades para subirme a la bici (eso me pasa por probar botas nuevas en carrera) hace que pierda algunos segundos pero a la vez que la rabia por eso me haga salir fuerte.

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El primer quilómetro ya estaba marcado por una buena rampa para salir de Bilbao centro y mi sorpresa es que Dolça estaba ahí aún, pedaleo para que no se me escapara y veo que no me cuesta alcanzarla. En ese momento decido ponerme delante y que sea ella la que tenga que cuidar la distancia de seguridad. Yo como nunca me veo en situaciones así (casi siempre voy bastante sola en el tramo ciclista) no tengo claro cuánto son 12 metros así que prefiero ir delante y que eso no me pueda penalizar.

Pensé que Dolça vendría pegada pero en el giro de los 20km aproximadamente veo que le había sacado un trozo y que la tercera ni se acercaba, eso me dio mucha confianza y también mantener un ritmo fuerte arriesgándome a pasarme de vuelta.

Es cierto que me encontraba fuerte y que tuve muy buenas sensaciones tanto subiendo como bajando pero al empezar la segunda vuelta empecé a sufrir más de la cuenta, quizás porque me había pasado con la intensidad. El cansancio fue en aumento hasta el punto que llegue a creer que no iba a ser capaz de correr ni un solo quilómetro.

Verte en cabeza de carrera motiva mucho, y más cuando no imaginaba que podía estar ahí aunque saliera bien del agua. En el punto de giro de la segunda vuleta vi que las posiciones habían cambiado y que ahora mi perseguidora era Gurutze. Por una parte mejor, si alguien tiene que venir más cerca que sea una que me machaca corriendo. Ella no me preocupaba, desgraciadamente se que esta por delante y que antes o después me pasaría. La tercera seguía siendo Dolça pero aún más lejos que en la primera vuelta. El ritmo me estaba matando pero a la vez me iba viniendo arriba de ver cómo iba la carrera.

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El cansancio era tal cuando encaré el último km de bici que la T2 fue un aterrizaje forzoso acabando en el suelo. Las piernas ya ni me respondían! Pero sorprendentemente empecé a correr y lo hicé con dignidad y ritmo del que pensaba! El ambiente que había ayudó mucho a que me viniera arriba. Nunca he vivido nada igual! Ni un metro de calle sin gente animando, los 21km de la carrera a pie.

Correr así da gusto y es mucho más fácil. El público y ver que la tercera no venía cerca, en ninguna de las tres vueltas (Gurutze me paso a los 3km de carrera) hizo que mi ritmo no fuera a menos y pude cruzar la meta en 2ª posición.

Una de las carreras más bonitas que he hecho hasta ahora por todo lo que he vivido en Bilbao antes, durante y después de la carrera. Carrera luchada y sufrida pero con un resultado extraordinario. Espero que esto me haga venirme arriba y seguir mejorando día a día.

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Segunda prueba importante de la temporada. A pesar de sólo dos semanas después de Francia, me encontraba fuerte y recuperada. Iba a ser una carrera con mucho nivel pero eso tenía un aliciente extra. Sabiendo que el top 5 era inalcanzable, volvía con el objetivo de buscar un top 10 y poder estar ahí, en carrera, luchando con el resto.

Correr en casa siempre tiene una motivación extra. Te da más seguridad, a pesar de no conocer la prueba, y lo más importante que ves muchas caras conocidas, mucho público, mucha afición y gente que te anima, es lo mejor! Mi chico estaba ahí de supporter y mis suegros habían venido a verme por primera vez, se agradece.

Una carrera muy madrugadora con una salida a las 7:00h para los chicos Pros y 7:02h para nosotras. EL resto como siempre, iría saliendo minutos más tarde por detrás nuestro. Buen ambiente desde la salida, con música y presentación oficial incluida, que nervios! Pero que subidón! Pero algo me tenia inquieta desde antes de la salida y eso inevitablemente iba a condicionar mi carrera desde el principio. El gorro que me habían dado, resbalaba mucho y me iba más bien pequeño. Desde antes de tirarme al agua ya noté como se me iba escurriendo y eso iba a ser un problema.

Pistoletazo de salida, arrancada en los primeros metros y 5 chicas vamos en cabeza empezando a dejar algo de distancia respecto al resto. Comienzo bien, aunque antes de llegar a la primera boya ya se van 3 y yo me quedo mano a mano con otra. Fue la peor compañera que me pude buscar, iba muy desorientada, cambiaba de dirección constantemente. Me despistaba, me molestaba y hasta me hizo comerme una boya que solo era de referencia porque creería que habría que bordearla también. Me separé de ella, la perdí de vista y me quedé nadando sola. Pocos metros después empezó mi calvario, el gorro se empezaba a escurrir! Iba nadando y parando a las pocas brazadas para bajármelo tirando de él. Eso me hizo perder tiempo y motivación. Para colmo, fue hacer el giro de cambio de sentido y ver como el sol matutino deslumbrara y no veía absolutamente nada! No era capaz de distinguir ninguna boya ni tenía ninguna referencia. Un poco frustrada seguí nadando, intentando intuir cual sería el camino y mientras seguía acomodándome el gorro. Pocos minutos más tarde me empezaron alcanzar perseguidores, ya venían chicos de grupos de edad y entre ellos también veo una chica Pro. Podría alegrarme de tener compañía y referencias hasta la salida del agua pero el bajón de sentir como estaba perdiendo mucho tiempo en mi mejor sector me hundió. Faltaban 500 metros para llegar y desistí de seguir colocándome el gorro, no quería perder ese grupo y en unos metros más el gorro se me calló.

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Salí con un mosqueo increíble del agua y perdí bastante tiempo en la T1  por ese motivo. Tocaba cambiar el chip, no podía condicionarme la carrera ese percance con todo lo que quedaba por delante. Aún así salí del agua 4ª para mi sorpresa! (eso me indicó Javi cuando salí pero realmente 5ª). Una T1 lenta hizo que llegaran más chicas y la verdad que perdí la cuenta pero al menos estaba en carrera e iba a subirme con referencias en bici.

Así como la natación fue un desastre, el sector ciclista fue muy bien. Me noté fuerte, confiada técnicamente y lleve un ritmo alto y constante desde principio hasta el final. Fui fuerte pero aún así me sentía que tenía un puntito más en la reserva para poder correr bien. Lo mejor fue sentir que estaba en carrera que, pude seguir la estela de alguna rival y luchar con ellas. Hice algún adelantamiento y a la vez también tuve que ver cómo me adelantaban a mí!

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Llega a la T2 con ganas, hice una rápida transición y me puse a correr 6ª. “Está muy bien!” , me dije a mi misma. Y los primeros 3km me crecí al ver el ambiente de público y escuchar cómo me animaban, muchos amigos, muchos conocidos y además mi entrenador Alvaro Rance que había venido a verme!

Iba corriendo bien de ritmo pero desde el principio notaba una molestia en el tendón de Aquiles del pie izquierdo. Iba a más y en el km 4 se hacía ya muy molesto. Pensaba que tenía el calcetín mal puesto o alguna piedra que me estaba rozando. Decidí parar para colocármelo bien, quedaba mucha carrera y valía la pena perder unos segundos. Pero la sorpresa fue que todo estaba en orden, esa molestia era interna, muscular. Me plantee retirarme, es cierto que dolía pero podía aguantarlo “de momento”, pero tampoco quería lesionarme! Decidí esperar al cruce con mi entrenador y que él me asesorara pero, antes de llegar a ese punto (km 12) ya mi cabeza se había impuesto y había decidido seguir y luchar. Iba 7ª en ese momento, había perdido una posición y se acercaban rivales con más ritmo que yo pero quería llegar a meta, acabar y más corriendo en casa, con gente que había venido a verme y sentía que debía hacerlo por ellos.

Unos últimos 5 quilómetros muy duros, no solo por el dolor del tendón sino porque iba fundida. El calor y  la falta de hidratación/suplementación me hizo venirme a bajo y me fueron superando rivales en el último tramo sin poder evitarlo. Entre ellas Anna Rovira, la otra española que corría. Eso me dolió más!

Al final un 11ª puesto y 2ª española. Sabor agridulce por las sensaciones que tuve pero orgullosa una vez más de mi capacidad de lucha. Cuando las cosas son más difíciles y cuando hay que demostrar lo fuerte que eres.

Una lección aprendida: a partir de la siguiente competiré con dos gorros!

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Debutar en categoría Pro en un circuito como el 70.3 de Ironman ha sido un gran paso para mí y un reto que me he propuesto. El que no arriesga no gana! Y por eso estamos aquí.

Llegué a la prueba con un desconocimiento total de lo que me podía encontrar. No conocía a ninguna de las rivales (muchas conocidas internacionalmente, pero yo soy bastante pasota y no estoy nada puesta). Las tres primeras del año pasado repetían cita y viendo los tiempo que hicieron, eran inalcanzables. Eso lo tenía asumido! Lo que no sabía es lo que podía venir detrás: quienes eran el resto, si yo tenía lugar entre ellas, si podía estar luchando por un buen puesto….Siempre te marcas un objetivo, te pones una meta pero la idea o un buen resultado para mí era meterme en el top 10. Suena bien como para empezar.

Un poco perdida con la logística de la marca Ironman (por desconocimiento para mí), sin conocer circuitos (aunque suerte que hice el de bici en coche el día anterior para ver lo que me esperaba) me desconcertaba un poco. Me gusta tener claro lo que me espera, lo que viene y poder gestionar bien toda la carrera paso a paso.

Si tuviera que definir esta carrera seria: “rara”. Desde que se dio el pistoletazo de salida hasta cruzar la meta fui sola, sola completamente! En una carrera de casi 5h, increíble. Y eso me fue desconcertando cada vez más.

Como digo salía sin táctica, sin conocer rivales y me iba a dedicar hacer mi carrera y sobre la marcha, ver cómo iba. Pero desde que empecé a nadar me quedé sola. Salimos con los pros chicos, unos 60 triatletas a la vez. Pues en cuestión de 15 minutos, después de pelearme mano a mano con algún triatleta que desaparecía rápido de mi lado, ya se me había ido el grupo y me vi nadando en solitario.

Salí del agua y corrí por la larga transición que separaba el lago de boxes intentando entrar en calor después de tener entumecidas las manos y los pies de la fría agua del lago (según la organización en el brefing 16 grados, según la organización esa misma mañana 19! Me cuadra más  16 per mis sensaciones). Al llegar a boxes vi que quedaban bolsas y bicis de rivales, última no iba, pero tampoco sabía cómo.

Me subí a la bici con ganas y con fuerzas, pero rápidamente me vine abajo. Era un circuito con desnivel, eso implica subir y bajar. Mi primera carrera con la bici de crono y en seguida noté que faltaban horas de rodaje en ella y mucha técnica. Si además de la poca agilidad con ella le añades el miedo que tengo bajando, debido a mi caída del año pasado, la pérdida de tiempo en este sector fue importante.

Me pasaron dos chicas en los primeros 20km que ni siquiera pude oler su rueda. Las dos demostraron tener una agilidad tremenda y cogían las curvas sin moverse de posición y sin frenar, a diferencia de mí. Eso me hizo venirme abajo y darme cuenta que no podía estar luchando con las mejores y eso que la bici es mi punto fuerte. Decidí cambiar el chip y dedicarme hacer mi carrera, pedalear con confianza y disfrutar del circuito, en la medida de lo posible, sin agobios! Precaución bajando y cabeza.

Una sensación rara porque notaba que iba más fresca de lo normal e intuía que no estaba dando lo mejor. Eso me permitió bajarme de la bici, a pesar de la dureza, con las piernas aún frescas. Me puse a correr con ganas, encontrándome mejor que nunca, pero con una sensación de soledad en cuanto al resto de mis rivales. Pasar de estar luchando en todos los halfs para no ser alcanzada por las perseguidoras y verme en Aix de Provence corriendo ágil pero sin rivales cerca ni por delante ni por detrás. Sí que es cierto que adelanté a 2 chicas en la segunda vuelta pero eran dos que estaban ya fuera de carrera, tanto una como la otra se retiraron e iban andando cuando las pase.

Una sensación agridulce el cruzar la meta fresca, con muy buenas sensaciones físicas en la media maratón (la mejor en un tri que he hecho hasta ahora) pero sin saber ni cómo ni a cuanto había quedado del resto.

La satisfacción de ser finisher no te la quita nadie y menos en una prueba tan dura. Era mi estreno como Pro, en el circuito Ironman y estaba muy orgullosa de poder estar ahí. Las mejores sensaciones fueron una vez finalizada la prueba, al estar esperando en meta a mi pareja, Javi, al ver que aún iban llegando rivales detrás de mí y que al final había conseguido un 7º puesto! Esta muy bien, no solo lo digo yo, sino gente de mi alrededor, gente entendida del mundillo y medios de comunicación del sector que saben lo difícil que es estar luchando ahí. Pues con eso me quedo.

Gracias a los que me han ayudado a poder dar este paso, confiando que se el principio de un largo y próspero camino. A mi club Where Is The Limit? Por apoyarme y a las marcas que me ayudan: Triathloning, Laica y Por tu bienestar.