La carrera de Zarautz empezó justo al acabar en Samorin. El querer recuperarme en tan sólo una semana, acabó siendo una prueba de fuego.

Eran tantas las ganas de volver a Zarautz que, el mismo lunes, ya creí sentirme más recuperada que nunca. Pero, en cuestión de horas, la cosa cambió por completo. Empecé a encontrarme mal. A dolerme la garganta. Cogí frío de los aires acondicionados y los cambios bruscos de temperatura. Imagino que mi cuerpo, bajo de defensas, contribuyó a que pillara un gran trancazo. Pasé de la euforia a la decepción en un solo día. De golpe me encontré metida en la cama con la impotencia de no poder hacer nada al respecto. Digo nada porque, expuesta a los controles antidoping, no sabía ni que era lo que podía tomarme.

<Mejor no tomes nada. No te arriesgues> Esa fue la respuesta de mi entrenador al preguntarle, desesperada, si al menos podía tomarme un iboprufeno. Así que estuve a base de propolio. Lo hice para aliviar el dolor de garganta, y dormir todo el día esperando a que, en cuestión de días, mi cuerpo recuperase su estado normal. Pero los milagros no existen. Y por más que yo quisiera estar al 100%, no lo conseguí. Al menos rasqué un 50% de fuerzas que me llevó a querer estar en la línea de salida a pesar de las consecuencias.

No me gusta quejarme. Al menos de puertas para fuera. Ni os voy a describir la mala sensación de estar metida en la cama hasta el día antes, sin saber qué hacer, y ver como tu objetivo pasa, de querer ganar una carrera, a querer, al menos, estar en ella. Pero, si no os explico esto, no sería una crónica real. Además de que fue el desencadenante de todo. Me arriesgué a competir. No quería dejar de intentarlo a pesar de las consecuencias. Se lo debía a la organización, que un año más me habían invitado. No podía faltar, y menos, después de saber que la gente se pelea para conseguir una inscripción que se agota en menos de un minuto.

    

Sábado. 14.00h. Arranca la competición desde la playa de Getaria. Empiezan los casi 3 km de natación que nos separan de la playa de Zarautz y consigo aguantar los pies de Helena Alberdi (Una nadadora excelente que iba a marcar el ritmo en este sector y que para mi sorpresa pude aguantar su estela). Una gran natación detrás de su fuerte batido de pies que me guiaron continuamente y que me hicieron disfrutar de esa bonita, pero dura natación. Solo la perdí a falta de un 1 km donde ella se desvió hacia la derecha pegándose a las rocas. Aun así, llegó antes que yo a la última boya y se me alejó un poco. Lo peor fue el tramo final. Con mucho oleaje y una gran resaca. Pero, después de llevarme un buen revolcón con la primera ola, que me pilló desprevenida, con el resto, me dejé llevar medio surfeando y hasta disfrutando como una niña.

Prueba superada. Natación hecha. Con el objetivo más que cumplido (poder seguir a Helena y aventajarme sobre el resto). Lo que nunca pensé que tanto. Conseguí sacarles a Saleta y Brea cinco minutos. <¡Qué pasada!>.

             

Empiezo la bici con mucha cautela sabiendo que mi estado de forma no era el mejor, pero eufórica por irme encontrando bien y estar, en ese momento, liderando la prueba con autonomía. Decidí controlar y hacer la bici más conservadora de lo que lo he hecho nunca. Disfruté de esas dos primeras vueltas donde iba recordando el circuito. Me sentía ágil, cómoda y con fuerzas (a pesar de todo). Me estaba guardando un par de puntos y aun así estaba siendo muy superior al resto. No solo lo comprobé con las chicas, sino que me adelantó Cesc en el inicio de la primera vuelta y Gus no me pasó hasta veinticinco kilómetros después. Y ningún chico más hasta los últimos 6 km de ciclismo (para ser exactos, sólo dos más). Eso nunca fue así en las dos ediciones anteriores. Pero, cuando más bien me lo estaba pasando, llegó el momento más duro. Por sorpresa y sin previo aviso.

     

El segundo paso por Zarautz es uno de los momentos únicos de esta carrera. Un cordón interminable de gente, que te grita y te aplaude, donde es muy difícil controlar la emoción. Y más cuando sientes que estás volando sin gran esfuerzo. Y sin desgastarte, sabiendo que, tú batería, hoy, está medio cargada. Con la cabeza fría, e intentando controlar la situación, no puedo evitar emocionarme cuando veo a Javi y Aída y me cantan que les llevo diez minutos a mis rivales. <¿Qué? No puede ser. ¡Qué pasada!>. Madre mía. Si es que…, ni en el mejor de los sueños. Pero aun así, yo, conocedora de mi debilidad, no quería hacerme ilusiones. Sin embargo, sí que me podía permitir el seguir regulando para no desgastarme más de la cuenta, ya que, de momento, la cosa iba muy bien.

Iba muy bien. Hasta ahí. Llegué, al temido muro de Aya, más fresca que ningún año. Empecé a subirlo con pausa, pero con ganas y todavía con fuerzas a nivel anímico. El calor empezaba a hacerme mucho daño y a castigarme mucho en la subida. Notaba como no paraba de chorrearme, literalmente, el agua por todo el cuerpo. Poco a poco iba avanzando y superando la parte más dura de toda la carrera. Parecía que lo tenía, que coronaba Aya, cuando, de golpe, noto como, mi cuádriceps derecho, se empieza a enrampar sin poder controlarlo. Pedaleando, y solo haciendo fuerza con la izquierda (para por lo menos llegar arriba), provoco la misma reacción en el otro cuádriceps y a duras penas consigo salvar el ascenso.

Todo se me desmoronó de golpe. Cuando creía que iba mejor, y que estaba salvando la prueba, todo se fue a pique. Miedo de no llegar ni a la T2 e impotencia de no poder controlar esas rampas a pesar de sentirme bien. Quería buscar un por qué: el calor, la falta de hidratación, el sobreesfuerzo−<¿No será por el simple hecho de que estás mala Judith?> me preguntaba a mí misma. Pero, en ese momento, a mí eso no me servía de nada. Diez kilómetros de auténtico infierno donde recé en cada pedaleada por controlar esas rampas dejándome llevar en las bajadas. Mínimo esfuerzo en el llano y agonía en las subidas. Notando como se iba endureciendo y subiendo la pierna. Rompiéndose fibras y agonizando por el dolor. Lo peor fue el no poder disfrutar de la subida a Txurruka donde solo pude cerrar los ojos e implorar que mi cuerpo, por lo menos, me acompañara hasta arriba. Lo conseguí gracias a un público que se deja la piel mientras tú te retuerces en la última subida.

Todo cambió en ese momento. Llegué a la T2 con lágrimas en los ojos y viendo que mis piernas ya no respondían. Solté piernas antes de calzarme las bambas, pero nada podía aliviar los calambres. Sabía que me podía pasar. Que, en ese estado, no fuese capaz mi cuerpo de soportar un esfuerzo tan grande como el de un half tan duro. Pero no quería tirar la toalla. Lo tenía que dar todo hasta desvanecerme.

Veinte kilómetros muy, muy largos. Marcados por un gran dolor en las piernas y en el estómago que se me revolvió todo. Con ganas de vomitar, mareos, vista borrosa y, para colmo, las plantillas de las bambas que se me ladearon una vez más. Yo agonizaba. Solo pensaba en avanzar, aunque parecía no poder hacerlo. No sabía si corría. Únicamente me dejaba llevar tratando de acabar con ese sufrimiento, pero tenía que hacerlo en la línea de meta, y no antes. Sabía que la primera posición se me estaba escapando con Brea, que sé que corre muchísimo y que estaba recortando una distancia que parecía insalvable para todos, menos para mí viendo mi estado físico. Finalmente, sin poder hacer nada más que felicitarla, me dio caza a falta de poco más de dos kilómetros para meta.

    

¡Llegué!. En Zarautz era imposible no llegar a meta. Lo hice en una meritoria segunda posición, a pesar de todo. Quise disfrutar de los últimos metros y de la entrada a meta saboreando la singularidad que te brinda correr en Zarautz con todo el mundo entregado en la calle. En ese momento sabía que eso no podía perdérmelo. En ese momento comprobé, una vez más, que ese es uno de los momentos más mágicos que puede vivir un deportista, correr en Zarautz. Y solo por ese momento, donde todo lo demás pasa a un segundo plano (posición, resultado, tiempo, sufrimiento…), solo por eso, valió la pena competir.

    

Si hubiera venido a ganar, no estaría aquí. Pero, tengo la gran suerte de amar este deporte y ver más allá de una victoria. Hago esto porque me gusta, porque me apasiona, es porque es mi hobbie y no mi profesión. Me hubiera arrepentido mucho de no haber corrido este sábado. Me siento orgullosa, una vez más, de mi lucha. De no tener miedo a nada ni a nadie.

     

Me quedo con la frase de mi entrenador al acabar la prueba (que también corrió): <“Si te digo la verdad, nunca creí que serías capaz de hacer lo que has hecho con el tute que llevas y la semana que has pasado”>

Si puedo, volveré el año que viene. No a buscar la txapela, sino a para volver a vivir, de nuevo, la carrera más impresionante que existe. Para volver a disfrutar de un fin de semana en compañía de mi pareja y de mis amigos y de volver a vivir esos grandes momentos que me llevo de este fin de semana.

    

 

Pues aquí estoy escribiendo la crónica de mi primer mundial. Una de las que más ilusión hace y sé que muchos la esperáis. Seré breve e iré al grano que no quiero alargarme mucho. Además, los precedentes a la carrera suelen ser muy parecidos, aunque cambiando el escenario.

Reconozco que la semana previa fue dura, me encontraba muy cansada y muy baja de fuerzas. Imagino que parte de la culpa era del calor que estaba haciendo. Solo quería dormir y descansar y a duras penas iba sacando los entrenos. No me preocupaba entrenar bien, esa semana no importaba, pero sí llegar con fuerzas a la carrera. Tanto era el cansancio que llegué a plantearme si era mejor no ir. Por suerte, poco a poco fui encontrándome mejor y llegué a Eslovaquia con ganas y con fuerzas para disfrutar de este gran evento que valía la pena vivir.

Quitando la logística del viaje: llegar a Viena, coger coche y conducir hasta Eslovaquia; y los traslados de Samorin al pueblo donde dormíamos, que estaba a treinta minutos de trayecto, la cosa fue bien. Exceptuando la noche previa que, si ya cuesta dormir, una boda celebrada en la pensión donde nos alojábamos, nos fastidió la noche. La música y la juerga no cesaron hasta las tres de la mañana. Eso fue lo peor de todo el fin de semana, con diferencia. Es que hospedarse en el X-Bionic, lugar donde se celebraba el evento, era descomunalmente caro. Un complejo deportivo espectacular que aún le dio mayor magnitud al evento.

Yo había venido a Samorin con la idea de disfrutar de todo aquello: ver el nivel que había, la cantidad de Pros de todas las distancias y nacionalidades, el ambiente espectacular, la organización de diez, todos los preparativos, el despliegue de medios…; aquello había que vivirlo. Y lejos de pensar en un resultado, quería saborear mi primer mundial y valorar que era una de esas pros que estaban allí y que tanto mérito tenia. Los pronósticos se los dejaba a los demás y aunque algunos confíen mucho en mí y esperaban que estuviera delante, yo venía a por el top10 que, siendo realista, era el objetivo y un gran resultado.

Llegaba el día de carrera. El calor apretaba fuerte desde primera hora de la mañana y hasta se agradecía meterse en el agua del Danubio a 18 grados de temperatura para refrescarse y calentar un poco. Las sensaciones eran buenas y los nervios controlados. Tenía ganas de luchar más que nunca, aunque sabía que iba a ser una de las pruebas más difíciles. Y desde el principio se iba a imponer un fuerte ritmo con corredoras que marcarían la diferencia.

Efectivamente, arrancamos la prueba y varias nadadoras se ponen en cabeza. Trato de no perder comba e intento buscar esa estela que empieza alejarse. <Hoy la natación va a ser divertida>, pensé en los primeros metros. Consigo enlazar con ese grupito que pronto se convierte en una fila de uno, menos en mi puesto donde parece ser que me tocaba compartir posición. Una rival que lejos de colocarse delante o detrás, como todas, se queda pegada a mi impidiéndome nadar cómodamente, con enganchadas constantes. <Ves cómo iba a ser divertida>. Suerte que al menos la tenía a la izquierda y podía respirar con facilidad. El intentar despegarme de ella y no perder el grupo me llevó a dar un punto más, el último que me quedaba. Pero dio resultado, conseguí deshacerme de ella y engancharme a tres nadadores que llevaban un alto ritmo, aunque no era el grupo de cabeza. Me costó seguirlas, pero sabía que era clave hacer una buena natación para poder tener referencias en bici. Aunque de poco me sirvió luego.

Salí del agua exhausta. Me temblaban las piernas. Pero contenta de la buena natación que sabía que había hecho, al menos por el mero hecho de haber aguantado a ese segundo grupo. Y más al ver que una de ellas era Ane quien ganó en Rímini y me metió más de 1’30 en el agua.

Transición muy larga, que lejos de coger aliento, me quita el que me quedaba, pero lucho por no perder esas ruedas. Séptima – me cantan – a 3’30 de la cabeza de carrera. <¡Uf! Eso era mucho tiempo ya, y eso que había nadado muy bien>. El único consuelo fue saber que esa cabeza de carrera era donde estaban las favoritas y el haber salido más cerca, tampoco se hubiera significado nada. Me centro en lo mío, en no perder ese grupo, aunque alguna se descuelga en los primeros kilómetros y también nos alcanza otra rival que nos adelanta rápido. Su actuación provoca la reacción de las dos corredoras que tenía delante. Y yo, como si fuera una espectadora, veo como impotentemente se distancian cada vez más en los primeros 10 kilómetros de ciclismo.

Ahí empezó mi calvario. Lo que me temía. Una bici totalmente en solitario, durísima por el calor y por el terreno totalmente llano. Sí, sí, durísima por el llano, es lo peor, al menos para mí. Rodar en la misma posición desgasta muchísimo, no solo físicamente sino el factor psicológico es el que más queda dañado. Molesta el culo, las cervicales, duelen muchos las patas…pero lo más duro es mantener esa concentración de pedaleo continuo, de querer imponer un fuerte ritmo y de no querer bajar la media ni un solo punto. Una bici con un recorrido sin pena ni gloria, en un terreno completamente árido donde la única distracción fue llegar a los 3 avituallamientos del recorrido y los 10kms antes del giro pegados al Danubio donde el asfalto era malísimo y tocaba concentrarse para evitar todos aquellos baches y surcos marcados con grafiti. Lo único que conseguí al pasar por allí fue una ampolla en el dedo de cogerme tan fuerte al acople y ver como la media me había bajado más de un punto y medio. Lo más triste fue, incrédula de mí, creer que llevaba el viento en contra, poco viento hacía, pero eso poco creía era en contra. Pues lejos de mi ignorancia, rápido supe que estaba equivocada. <Qué horror por Dios, esto está siendo un suplicio>. Quería llorar, quería tirar lo toalla, no sabía que motivación darle a mi cabeza, lo intenté todo: buscar una distracción jugando con los kilómetros que llevaba y me quedaban, buscar algo positivo a esa soledad y valorar positivamente el hecho de que al menos no me había pasado nadie más, ni Emma Pallant que la esperaba desde hacía rato, ¿o habría nadado más rápido que yo?. <No eso no te ayuda Judith, piensa en otra cosa>.

No os exagero, es la bici más dura que he hecho nunca, y la peor. Más de dos horas de soledad con una interminable lucha interna. La cabeza pudo conmigo, la fatiga me vencía y las ganas de levantarme del acople por la tensión cervical también. Intenté no desistir, pero desde el km75 solo pensaba en llegar a la T2, en bajarme de la bici, en acabar aquella pesadilla. Solo me salvó el empezar a ver a los grupos de edad que comenzaban la bici y encontrarme a un pro que iba peor que yo y pasé rápido. Descontando los kilómetros como único aguante y sin ganas ya de pedalear, me alcanzó una rival. Lejos de lamentarme, hasta se lo agradecí, fue un último revulsivo para llegar hasta boxes con un ritmo algo decente y al menos distraer la mente esos 8kms finales de ciclismo.

Nada estaba hecho. Quedaba correr 21kms muy baja de fuerzas, hundida de moral y bajo un sol abrasador que fue fulminando a los corredores con retiradas constantes y cadáveres andantes. Suerte que tuve a Javi animándome, si no es por él y por todos los que sé que me estabais siguiendo en directo y que Javi me nombraba al pasar, no hubiera aguantado. Corrí por él, por mi familia, por mi entrenador, por mi gente y por vosotros. No creía que fuera capaz de hacerlo por mí misma.

El peor momento lo tuve antes de llegar al km 2. Justo venía el primer avituallamiento y estaba muerta de sed, pero necesitaba tomarme un gel ya. A ver si esa inyección de azúcar me ayudaba a levantar los pies y el ánimo. Pero con la boca tan seca y el aire tan justo, se me va por el otro lado y noto como me ahogo. El ácido del gel me escuece en la garganta y presa del pánico me paro y levanto los brazos pidiendo ayuda, pero allí no había nadie. Nerviosa del susto, intento tranquilizarme y parar unos segundos hasta que consigo que el aire vuelva a mis pulmones y retomo la carrera. <No Judith, no vale la pena, acaba con esto, no tienes necesidad de sufrir así>, me gritaba mi subconsciente. Por un momento me daba igual todo: el mundial, el top 10, el resultado, mi orgullo…Pero había algo que no me daba igual, y es que Javi había renunciado una vez más a sus entrenos, a su rutina para estar ahí conmigo. Si por alguien debía luchar y acabar era por él. Ese pensamiento fue el que me mantuvo en carrera, me lo repetí una y otra vez y me reafirmaba cada vez que me cruzaba con él. El ritmo no me importaba, solo sobrevivía.

Me bajé a correr décima enganchada a la novena y con la onceaba pegada a mí, a escasos treinta segundos. Supe que me iba a pillar dada mi condición, pero Javi me gritaba que luchara por el top 10. Debía hacerlo. Y lo hice. Una primera vuelta algo contrariada con mi debilidad y mi sufrimiento, donde me dediqué a aguantar un ritmo constante viendo cómo se alejaba la novena y se me acercaba la onceaba. Pero en el momento que más cerca la tenía, por fin, volví a ser yo, y me dije que no podía echar a perder ese top 10 tan valioso en mi primer mundial. Apreté, mejoré ritmo, no mucho, pero lo suficiente para marcharme de mi perseguidora y demostrarle que ese puesto era mío. Estaba terminando mi segunda vuelta, estaba corriendo, luchando de nuevo. Y Javi debió verme tan bien que me grita: Bien cariño, muy bien, venga que la Vodickova va muerta. <¡Uf! ¡Y yo! No te jode> -. Porque no tenía aliento, sino le envío a freír espárragos. <¿Que no ves cómo voy cariño?> pensé. ¡Pobre! No sé si fue la rabia de ese comentario que hasta pareció dolerme, pero aumenté más el ritmo, 5km para el final de la carrera y empecé a correr como si fuera el sprint a meta, me crecí.

Aún no sé ni cómo ni porque lo hizo porque realmente no creía que podía pillar a Radka quién iba todavía en octava posición la última vez que me crucé con ella y a bastante distancia. Pero debía intentarlo. Javi me lo decía por algo. Así que seguí corriendo fuerte, comprobando como efectivamente Radcka ya había pérdida su octava posición y corría perjudicada. Estaba aún lejos, pero quería intentarlo. Me puso a 3’50min/km para mi sorpresa y eso aún me motivo más. Me olvidé de los avituallamientos para no perder ni un segundo, aunque estaba muerta de sed, pero podía aguantar. La empecé a ver, le iba recortando. ¡A quince segundos!, me canta Javi emocionado a poco menos de 2km para meta. Y la alcancé, la pasé justo delante de Javi viviendo el momento más emocionante de la carrera. Y saboreé un último kilómetro de una de las carreras más sufridas que nunca creí acabar.

Lloré mucho al cruzar la meta, quería hacerlo para sacar toda esa agonía vivida. Una carrera con mucho desgaste psicológico que me hizo sacar lo peor de mí, pero si algo saqué bueno, fue una vez más la lucha, la tenacidad y la constancia. Muchas lecciones me dio esta carrera. Una vez más, la media distancia la gana la psicología.

Fotos de James Mitchell

El insomnio propio que prosigue a una carrera llena de emociones, me ha sacado de la cama y me ha llevado a escribir la crónica tan solo unas horas después de finalizar la competición. Todo ello con la necesidad de plasmar los grandes momentos vividos en el día de hoy. Y es que Bilbao ha vuelto a emocionarme. Os cuento desde el principio:

El viernes al mediodía, a menos de 24h de la prueba, llegamos a Bilbao. El conocer la carrera, y participar por tercer año consecutivo, fue lo que nos llevó a tomar esa decisión. Fuimos directos al hotel Meliá, donde nos hospedaríamos por cortesía de la organización que, una vez más, nos trataba como reyes. Una vez allí, por fin, tenía el mono aero de Viator que este año se estaba haciendo de rogar; que por cierto me acababan de enviar. Decidimos ir a comer algo cerca y volvernos enseguida a la habitación; yo a descansar y Javi a correr. Aprovechó porque él, este año no participaba.

Estando en la habitación tocaba centrarse en la carrera. Empezaban a llegarme cientos de mensajes de apoyo; las ganas y la emoción iban en aumento. Y más, después de la llamada de mi entrenador Álvaro Rance, con él que comentamos la táctica. La verdad es que esto, es una de las cosas que cambian. Antes iba más a lo loco, a verlas venir y actuar sobre la marcha. Pero ahora, a estas alturas, lo que es cierto, es que hay que estudiar a las rivales, y las posibilidades de estar ahí luchando por la carrera. Las conclusiones sobre el papel fueron: Emma Billham <Es la que se supone que va a dominar la carrera. Debo intentar seguirla en el agua, luchar por aguantarla en bici y, llegando juntas a las T2 podré disputar la carrera donde debería ser su punto más débil>. Del resto de rivales no sabíamos mucho más. Contábamos con el factor sorpresa, aunque a veces, por mucho pronóstico que hagas, nada va según lo planeado. Y muchos menos, en carreras tan largas. De todos modos, confiaba en que se podía.  Después de hablar con Álvaro, me sentí con más ganas y fuerzas que nunca.

La tarde previa, solo quedaba recoger dorsal e ir a la reunión técnica. Esperé a que viniera Javi de entrenar y llamamos a Aida para vernos e ir juntos. <Que ganas de verla y conocer a la pequeña Noa>. Aida es una de las mejores personas que he conocido gracias a este deporte y, junto a su pareja, Gus, mantenemos una bonita amistad. Llevábamos tiempo sin vernos y a Noa aún no la conocíamos en persona. Pero por fin llegó el momento. A Gus no lo vimos hasta el sábado porque se quedó preparando todo.

Me encontré con el dorsal número 1. ¡Buf! Era el que me tocaría defender. ¡Ahí es nada! Palabras mayores. No solo por la presión del número, sino por el gesto de la organización habiéndomelo asignado a mí.  Es de agradecer y lo hice en ese mismo instante, donde me encontré con Eneko (el organizador) y Endika (de prensa), y otros muchos participantes y compañeros que ya me mostraban su apoyo para la carrera. En ese momento sí que se palpaba ambiente de competición y los nervios aumentaban.

Después de asistir a la reunión, Javi y yo nos fuimos a cenar a un restaurante japonés –para variar–. Y pronto a la cama. Tocaba enfrentarse a otra larga noche como lo son todas las previas a una carrera. Pero esta, afortunadamente, iba a ser mucho más larga porque, hasta cerca de las 9h, no debería sonar el despertador. < ¡Es que Bilbao tiene muchas cosas buenas, y el hecho de competir a las 12h del mediodía, es una de las mejores! >. Que alegría da eso: saber que, a pesar de los nervios, vas a descansar lo suficiente. Obviamente, horas antes de que el reloj sonara, estaba despierta y pensando en la carrera.

9.00. Hora prevista para activarse y preparase. Protocolo habitual, sin ninguna incidencia, y los nervios a olvidarse algo esencial. La mañana era fría y amenazaba lluvia. Es más, lo había estado haciendo horas antes y el suelo estaba mojado. Eso no me gustaba nada, pero confiaba en que, tal y como anunciaban las previsiones, a la hora de salida ya luciese el sol y aumentara la temperatura. Sobre todo, por nuestra seguridad en bici, que no lloviera.

Llego a boxes para colocar mi Ûnica y todo el material. Los medios se acercan a entrevistarme. La gente me mira, me reconocen, y el que no, me observa después de ver el número 1 que llevo dibujado en el brazo y la pierna. Eso es a lo que nunca me acostumbro. < ¡Qué vergüenza! >, pero se agradecen todas esas muestras de cariño, de ánimo, de afecto, de admiración… Me lo dicen y me sonrojo porque no sé qué decir ante eso. <¡Gracias!>. No puedo decir más. Después de ese momento abrumador, donde no paro de saludar a gente y ver a caras conocidas (Carol, Conchi, Pelu, Dani, Octavi, Mireia, Tabita…, y a Gus, ¡por fin! Aun no lo había visto), me centro en que todo esté listo en boxes y abandonarlos para ir hacia la salida.

El día empezaba a despejarse y el sol aparecía con fuerza, aunque no era suficiente para calentar el agua de la ría que, a solo 13-14 grados, iba a marcar el punto de inflexión de la prueba. Más fría y más oscura que nunca. Y para colmo, con la corriente en contra en el tramo más largo. <Con lo bien que se había nadado los años anteriores>. Ya no había excusas ni vuelta atrás.

Foto: Manu Cecilio //

12.45h. Bocinazo de salida y las chicas arrancamos la carrera. Rápido nos escapamos tres. Aunque en pocos segundos pasamos a ser dos después de que una se escapase en solitario. Mi compañera de natación iba a ser Emma que, cumpliendo con los pronósticos, pude aguantarla. Eso me dio moral y creo que es la única natación en un half que he hecho acompañada. Bueno, no solo fue Emma quien me acompañó, sino que Javi se pasó todo el sector de natación a mi altura animándome y gritándome: <¡No se escapa, no se escapa!> Emocionándome y recordándome a mi hermana que hizo lo mismo el año pasado con mi sobrina en brazos. Otra de las cosas únicas de Bilbao, completar el sector de natación viendo al público encima de ti.

Esa ayuda de Javi fue clave para completar un sector de natación muy duro por el frío, y muy largo al tener que luchar contra la corriente que, aunque no se noté en exceso nadando, desgasta mucho. Pero el momento clave del día estaba por venir. En los últimos metros Emma se quedaba y le saqué algo de ventaja. Llegué a la escalinata para salir del agua y auguré lo que ya sentía desde que empecé a nadar. Mis manos y pies estaban totalmente dormidos. Con mi enfermedad al frío (Raynaud), no pude aguantar la baja temperatura del agua, y cuando quise tirar del velcro del neopreno, fui incapaz. <¡No por favor, otra vez no! No me hagas esto. Dame tan solo algo de fuerza para poder despegar un simple velcro> No sé a quién me recomendaba: a mis manos, a mis adentros… Lo intenté una y otra vez sin suerte. Se me enrampaba el bíceps al intentarlo. Mis dedos no eran capaces de hacer pinza y separar esos dos simples trozos de tela. Fue el momento más duro de la carrera. Se me caían las lágrimas de impotencia. Miraba al público angustiada, como reclamando ayuda, y dejé de correr por la alfombra para, parada, intentar conseguirlo. A punto de echarme al suelo presa del pánico. En ese instante me alcanza Emma. Se dio cuenta de mi agonía y, me animó. <Muchas gracias> Fue un gesto de compañerismo que está por encima de la rivalidad. Y finalmente pude tirar del neopreno por el cuello y bajármelo con facilidad. Llegué a mi bici justo cuando Emma salía. Con mucha dificultad, me puse los calcetines y el casco y logré subirme a la bici.

  

Los primeros kilómetros pedaleé muy fuerte para volver a enganchar a Emma y no perderla en bici. Vi que le iba recortando. Justo en la primera rampa del Vivero la enganché. Algo le pasaba, veo que se pone de pie y que casi se cae, como si no le acabará de entrar un piñón. Le pregunté: ¿Are you ok?  Y me contesta algo como que la bici no le acaba de ir bien. <¡Losiento, Emma! No puedo hacer nada por ti. Me sentía en deuda con ella y no quería que le pasará nada después del gesto que había tenido. A pesar de su problema veo que sigue pedaleando y eso me deja más tranquila. Me alegraba adelantarla, pero no así. Seguí, y seguí con ganas, con fuerza. Sintiéndome muy cómoda y más segura que nunca. Sobre todo, en la bajada, donde disfruté sin miedos, sin viento y emocionada de recordar el circuito al ser mi tercera participación ahí. Me encuentro con Javi que había subido hasta allí a verme y, emocionado, me canta que tengo la primera a tiro. <¡Gua! La tenía>. La vi y fui a por ella. Le aguanté todo el paso por el centro de Bilbao. Eso me sirvió para recuperar un poco porque había hecho una primera vuelta muy fuerte. En la rampa, que da inicio a la segunda vuelta, justo a la altura de la transición, se queda y aprovecho para atacar. Y por lo que veo en el giro, unos 10kms más adelante, ya se había quedado rezagada y que detrás de ella, a mayor distancia, viene Emma.

Disfruté en esa segunda vuelta liderando la prueba con algo de renta. La subida al Vivero se hizo muy larga y sufrida por el ritmo tan alto que llevaba y apenas sin fuerzas. Luché gracias a los ánimos que recibía durante todo el recorrido. La gente me gritaba: ¡venga este año es tuya! Impresionante las muestras de cariño por parte de todos. Vi a Javi de nuevo sin esperármelo en esa segunda vuelta y me transmitió su satisfacción al verme tan bien. Momentos únicos que te dan las carreras.

Por fin llegaba a la T2. Pero como no podía ser menos, con algún percance. <Si es que en Bilbao estoy gafada con las transiciones>. Me bajé bien de la bici. Pero, entre los pies aún fríos, los nervios, el cansancio y todas las miradas del público en ese instante, me hicieron perder el control y, aunque esta vez no llegué a besar el suelo, me pegué un tajo en la pierna con el plato que no quise ni mirar.

Quedaba un último paso. Un paso largo y agónico por eso. Supe que había forzado mucho en bici desde que me bajé a correr. Y con amago de rampas en los primeros kilómetros sufrí pensando no poder acabar la carrera. <¡No, lo pienses Judith!> me decía a mí misma obviando el mensaje que transmitían mis cuádriceps. Debía usar la razón, la lógica. Llevaba cuatro minutos de ventaja y eso no entraba en mis planes. Esa era mucha renta.

Foto: Manu Cecilio //

Supe gestionarla. Aunque fui corriendo a tirones. Aprovechaba el calor del público que me empujaba gritando mi nombre. Y en cambio, en otros momentos, me derrumbaba por el cansancio, el calor y el miedo a que pudieran alcanzarme. Así fueron mis tres vueltas de carrera: una lucha entre la lógica y el miedo. Una carrera muy agónica donde, a pesar de estar liderando la carrera con diferencia, mi cuerpo estaba vacío. Suerte que tenía a mi chico que corrió de lado a lado de la ría y lo llegué a ver hasta cinco veces. Los ánimos de Aida y la emoción de ver a Gus liderando también la prueba y soñar con poder conseguir el triunfo con él. Todos los conocidos que me encontré y todos los triatletas que, al cruzarnos, perdían su último aliento en animarme. Los kilómetros pasaban y la ventaja seguía prácticamente intacta. El ambiente de Bilbao me ayudó a conseguir la victoria.

Conseguí la victoria y con ello la deseada txapela. ¡A la tercera va la vencida!

Bilbao nunca defrauda, y ha vuelto a darme momentos mágicos. Por encima de la victoria me quedó con todo el cariño recibido. Con todas las muestras de cariño. Con el abrazo, en meta, de Eneko contento con mi victoria. Y con la euforia de Javi.

3.30h de la madrugada. Noche post carrera. Imposible dormir. Una vez más las emociones no me dejan. Euforia aún por las nubes y la necesidad de escribir e intentar plasmar mi última experiencia vivida en competición.

70.3 de Lanzarote: Una de las carreras más importantes de la temporada por varias circunstancias. Tanto es así, que me reservé una semana de mis vacaciones laborales exclusivamente para esta prueba. Quería prepararla bien. Quería, sobretodo, conocer el circuito ciclista. Eso, con un día me bastaba, pero como no era plan de hacerlo solo 2 o 3 días antes, decido cogerme la semana entera para poder hacerlo el lunes y el resto de semana descansar. Que lujo es esto de dedicar toda la semana a la competición; entrenar en el lugar donde compites, preparar bien la carrera y no hacer otra cosa que descansar el resto del día. A lo Pro total. ¡Gua! Nunca había dormido tantas horas en una semana. Sin duda, llegaba más descansada que nunca.

El lunes Javi y yo hicimos el recorrido. Ninguna sorpresa al comprobar que el viento iba a ser lo más duro de la prueba. Os aseguro que estás deseando que llegue el puerto, subir y dejar de luchar contra el aire en rectas infernarles donde ves que no eres capaz de aguantar ni los 30kms/h. Pero, a mí, no era eso lo que me preocupaba, no era la dureza, sino el peligro.  Las ráfagas y el viento soplando de costado te hace sentir que te puede tirar o sacarte de la carretera; sobretodo bajando, donde coges velocidades muy altas. Me di cuenta que había hecho bien en no traer perfil en la rueda delantera y también me di cuenta que había ganado en experiencia desde la primera vez que competí aquí (en noviembre del 2014 en el Oceanslava), donde sufrí mucho y pasé miedo.

img_3040

Lunes. Deberes hechos y plus de confianza. El resto de semana muy tranquila con entrenos suaves. Pudimos aprovechar las instalaciones de La Santa. Que, aunque no te hospedes allí, el triatleta tiene acceso toda la semana. Qué gozada de sitio. Impresionante.

El miércoles llega nuestro amigo y supporter Alberto y jueves nuestros padres; así da gusto competir. También Juanjo que estará en carrera como medio. –que ilusión-.

Jueves. Nado con Víctor en el circuito de natación (el único que me faltaba por conocer). Ya se respira tri y empiezas a ver compañeros y caras conocidas. Empiezan los mensajes de ánimos y las mariposas en el estómago. Las rivales van apareciendo, trayectorias de vértigo detrás de varios se esos nombres que apenas conozco. Algún rostro conocido, algún nombre que me suena… todas extranjeras menos yo –y eso que corro en casa– aunque ya sabemos que Lanzarote es muy internacional (como todo el circuito Ironman, obviamente). Yo partía con el dorsal 19, eso quería decir, la novena fémina, pero quería luchar por llegar al pódium.

14390801_1590359961270335_5945568867171916284_n

También algún curriculum manchado por positivo. Hasta con pena de tres meses de cárcel por intentar sobornar al del control. ¡Alucinante! Tolerancia 0 con el dopaje. Qué, casualidad o no, resultó ser la ganadora de la carrera.

Es cierto que también hubo alguna baja importante de última hora. Como la de Lina Thams (tercera en Zarautz) que tuvo una caída a principios de semana. Pero allí estuvo animando como la que más. –¡thanks Line!- Gran persona, espero que se recupere pronto.

Sin más preámbulos y dejando de lado las rivales. Llega el sábado, llega el momento de competir. –Por fin-. Total, yo debía hacer mi carrera como siempre. Además, los pronósticos, en estas carreras, de poco sirven.

8.00h empieza la carrera. Salida conjunta de chicos y chicas Pros que hace que me lleve algún golpe y agarrón al principio, pero decido rápido apartarme del meollo para poder nadar. Eso hace que se me escape ya en los primeros metros el grupo de cabeza, y en cuestión de 100 metros me quedo más sola que la una. Natación muy cómoda en solitario, obviamente, pero sin referencias de ritmos ni rivales. 28’23” (no lo sé hasta final de carrera, nunca llevo crono en el agua). Tiempo lento en comparación con otras carreras, pero ya sabemos que eso no sirve de mucho. Además, fue sin neopreno. Eso sí, yo enfundada en mi Sailfish Rebel.

lanzarote4 untitled-1-87

Sin saber cómo voy (iba 4ª), salgo junto a la austriaca (la ganadora) que ya me pasa en la transición y veo como se esfuma en los primeros kms de ciclismo. Pero hoy más que nunca era importante regular y dosificar en la bici, no podía quemarme tan rápido y menos por seguir a la favorita que, por desgracia, aún se me queda lejos de mi alcance. Esencial potenciómetro en una carrera así, bueno, todo llegará.

En los primeros kms ya se me escapa una sonrisa sabiendo que tenía por delante casi 3h (eso calculaba) muy divertidas. La risita era irónica, obviamente. Muy preparada psicológicamente para ello y por suerte, el factor físico también me respondió. Buenas sensaciones desde el principio. Aunque inevitable ya llevaba el pulso alto y las piernas acartonadas.

Me pasa Victor en Soo, nos deseamos suerte. -Lástima que no pudo acabar finalmente la carrera, que mal me sabe. Espero que se recupere para el Ironman Barcelona de este fin de semana-. Me pasa algún otro pro y yo aun intentando buscar mi sitio en los primeros kms, intentando buscar alguna referencia, visualizar alguna chica. No sabía cómo iba, además el ansia siempre me puede en los primeros kms.

Paso Famara y empieza uno de los tramos más duros de la carrera, una de esas rectas con toboganes sin fin (unos 10kms). Me sorprendo de no ir tan mal de ritmo –incrédula, lo peor vendría a la vuelta- pero mi sensación era que llevaba el aire en contra. Es lo “jodido” de esta isla. Pero iba bien porque de Famara a Teguise paso a dos chicas. No sabía cómo iba, pero intuía que en posiciones de pódium ya, -o eso quería creer-. Luego supe que iba tercera, aunque en ese momento creía que me había puesto segunda. –¡Que mal había nadado! O que bien el resto, o ambas-.

untitled-1-122

El circuito además de ser duro, y ser una vuelta larga donde te alejas de La Santa, está abierto al tráfico y eso hace que no haya apenas público, pero mis padres y mis suegros se desplazaron en coche hasta un punto para vernos pasar. Casi en el ecuador de la carrera, cuando las fuerzas empiezan a mermar y ya te has cagado 200 veces en el aire. Emoción al verlos y depósitos de adrenalina llenos que me ayudan a seguir tirando con fuerza.

Después de colocarme tercera, poco antes del km 30, me quedo sola. De nuevo a luchar en solitario sin ninguna referencia, con lo difícil que es en una carrera así. No sabes si vas lenta o rápida, si poner un piñón más o menos, si regular o subir velocidad… –total, este aire te destroza igual a 30 que 32km/h-. Pero por fin llega el puerto. –SI es que os lo digo, en esta isla prefieres subir que rodar-.

Puerto largo pero llevadero, seguían las buenas sensaciones, buscando un buen ritmo sin vaciarme. Me cantan que voy tercera, a unos 2’ de la segunda, que pude ver algún momento a lo lejos pero que parecía que se alejaba más. Lo importante es que estaba abriendo hueco por detrás, y aunque quedaba mucha carrera aún, estaba en la posición deseada y tocaba defenderla con uñas y dientes, como siempre.

14479691_1590365424603122_8394218471006515893_n untitled-1-119

Bici de coco total, me pasan puntualmente algún Pro rezagado y algunos grupos de edad, aunque rápido se van. Yo sigo a lo mío. Sorpresa cuando escucho mi nombre en las últimas curvas del puerto y veo a Santi y su novia –que ilusión-. Ya no dejaron de animarme hasta el final. –¡Muchas gracias pareja!-.

Toca bajar, supero con nota el descenso. Sobre todo, porque voy sin miedo y sin ningún susto, a pesar de que el viento juega conmigo a su antojo. Pero –no te emociones que nos quedan 20 duros kms– donde toca volver a Famara y ahora sí que sí, el viento iba en contra. Supervivencia, sin más. Pensar en “que poco que me queda” y no ”el aún falta”.

untitled-1-128

Kms finales donde se me escapa una sonrisa de satisfacción, esta sí que es de felicidad. Contenta de mi sector ciclista y sobretodo orgullosa de haberlo defendido tan bien en todos los aspectos. Sabiendo que había sido un día duro en la isla, con viento fuerte (rondando los 36kms/h). Ximo que no falla nunca a esta cita corroboró que había sido uno de los días más duros. Por cierto, que ilusión verlo y competir junto a él.

Encarando ya la T2. Con el acojone en el cuerpo por los 21km, inevitable. Y más después de una bici tan exigente. Pero, desde las primeras zancadas supe que iba a salir una buena carrera, se nota. –Qué curioso, hay días que te reservas más y no vas ni para atrás y otros, que corres mejor que nunca cuando menos te lo esperas-.

Pero, ¿cómo no iba a correr bien?, si fue el público el que me hizo volar. No puedo describirlo, vaya, no sé ni cómo hacerlo. La Santa y sus alrededores era una olla de gente que se dejaba la piel animando. Kike que había venido expresamente –imposible encontrar suficientes palabras de agradecimiento, Line, todos los voluntarios, corredores con los que te cruzas y se dejan el poco aliento que les queda para animarte. Amigos, conocidos, seguidores…Mi familia, que vibró y sufrió con mi carrera a partes iguales, sobretodo mi madre. Qué bonito ver esa mirada protectora. Y mi padre, que me transmite siempre fuerza y confianza. Cruzarme con Javi en cada vuelta, ver que, aunque esté sufriendo, está bien y me grita y me anima cuando casi no puede ni sostenerse. ¡Las carreras no tendría sentido sin esto!

img_3066

Como no, nuestro supporter enviado especial Alberto, – ¡Gracias! – Gracias por empujarme en cada vuelta para seguir luchando por esa segunda posición. Sí, porque no es penséis que me bajé tercera y no se movió la cosa, sino que fue una de las carreras más surrealistas y emocionantes que he vivido.

Me bajé a 1’20 de la segunda, yo la veía desde el principio y veía que se iba quedando. Es cierto que salí fuerte y que Alberto me decía de parte de Álvaro que regulara, pero, no le hice mucho caso. – ¡lo siento, coach! – Me encontraba fuerte, sabía que podía llevar un ritmo alto y que ella se iba quedando. Además, el público me animaba y me decía que iba fundida.

Pues eso parecía, pero, ¡no! Jugó conmigo como quiso. La pasé en mitad de la primera vuelta y lejos de quedarse, se pegó detrás, justo cuando llevábamos aire en contra. Paso por vuelta juntas y me mete un cambio de ritmo al empezar la segunda que me desfonda y decido regular. Sino si que quizás estaba yendo demasiado rápido. Además, empiezo a tener problemas nuevamente con las plantillas de las zapatillas que se me ladean y hasta se me pasa por la cabeza parar y recolocarlas sabiendo que la cuarta venia lejos y que esos segundos que pierda me beneficiarían si corría cómoda. Pero mientras dudo si parar o no, veo que vuelve a aflojar el ritmo. Poco a poco la voy pillando, y justo cuando le doy caza, veo que se para, hasta le hice un gesto de ánimo, pero no, más lejos de la realidad solo quería ponerse detrás, volverse a resguardar del viento y acabar la segunda vuelta de nuevo como si fuese mi sombra. Yo no entendía nada, pero estaba disfrutando de la carrera, de estar luchando esa impensable segunda posición y de correr como lo estaba haciendo. El público también vibró con nuestro emocionante duelo y nos lo transmitían. Yo estaba eufórica, los kms iban cayendo. Parece que el dolor físico pasó a un segundo plano y esto ya era estrategia pura.

Última vuelta de infarto. No por el ritmo alto, porque más bien bajó, a consecuencia que ninguna quería tirarya de la otra. Mano a mano, corriendo codo con codo, sin saber si se estaba muriendo o reservando. Subo un poco el ritmo y me pongo delante en el giro ya de vuelta a meta (últimos 3kms). A consecuencia de ello, se enfada porque al estar delante he cogido el vaso de Coca-Cola que nos ofrecen los voluntarios y ella se queda sin. Se lo cedo. ¡Sin problemas! Hasta ella se sorprende de mi actuación, pero para mí la deportividad está por encima de todo.

En ese momento se vuelve a poner a mi altura y me dice en medio inglés (era Polaca), que tranquila, que la cuarta no nos pilla. Vaya, que regulara y que esto tenía pinta de sprint final. Muy bonito, pero no era plan de dejar ir mi carrera. Además no sabía si eso era un “yo voy justa”. Decido volver a subir ritmo, me aguanta, sigue el mano a mano. Hasta que en la subida que nos hace entrar en el recinto de La Santa, en los últimos 500 metros, me pega un cambio de ritmo fuertísimo que, aunque lo lucho a muerte, me veo incapaz de aguantar. En cuestión de segundos me coge metros que soy incapaz de recortar. Duelo finiquitado que a pesar de todo me hacen conseguir una luchada y meritoria tercera posición.

lanzarote3 14463217_1590367557936242_3213353688669445634_n

Súper contenta con la carrera. Con todo lo vivido que es mayor recompensa que la posición final. Agradecer a todos los que me han animado, aquí o allí. A todos los que me escribís para mandarme ánimos o felicitaciones que siguen llegando. Felicitar a el Club La Santa por la inmejorable organización y a todos los que forman parte de ella como son los voluntarios y trabajadores. En especial a Isabelle y Kenneth por su encanto y cercanía.

14432939_1590364154603249_1557990475558344631_n

Mención especial a Almudena Abad que con 18 años recién cumplidos debutó en media distancia nada más y nada menos que en Lanzarote y con un carrerón. –Me hiciste emocionarme mucho con tu admiración hacia mí. Ahora soy yo la que te admira a ti-. Y a los paratriatletas que ellos sí que tienen mérito luchar en esta isla.

Agradecer a todos mis sponsors y colaboradores por su ayuda y apoyo. La temporada va llegando a su fin. Me queda solo el Challenge Paguera el 15 de octubre. Con ilusión de acabar la temporada con la regularidad que estoy teniendo.

untitled-1-154

EN OTRO CONTINENTE.

Martes 2 de agosto, 13h del mediodía hora local (en España seis horas menos). Aterrizo en Filipinas; Concretamente en Cebú, ciudad donde se ha de celebrar la competición del domingo 7 de agosto —IRONMAN 70.3 PHILIPPINES ASIA-PACÍFIC CHAMPIONSHIP—. Una aventura nueva y desconocida para mí donde la competición iba a ser la excusa para viajar y conocer mundo. Como lo está siendo hasta ahora (por eso competimos, je,je).

Desde que llegué, supe que esto iba a ser más que una aventura. Las altas temperaturas y la humedad resultaban insoportables; más difíciles de llevar de lo que me pensaba. Además, me encontré con el consabido y temido problema del “jet lag”; situación que hasta ese momento no conocía y que hizo que me pasara las noches en vela. Era desesperante. Y más cuando has venido a competir y lo que necesitas es descansar. Lo peor… que, entre el sueño y el calor, estaba “KO”. Me encontraba muy floja. Agotada. «Esperemos que me acostumbre a esto porque… si no…, va a ser imposible competir así ¡No me aguanto en pie!» —me decía a mí misma.

Otras de las dificultades que me encontré, fueron las infraestructuras. Cebú es una ciudad caótica. Las calles no tienen ni arcén. Allí conviven en dos carriles cientos de vehículos (motos, tuctucs, carros, taxis, coches…) que se cruzan, pitan y paran constantemente. Los peatones que andábamos por allí, íbamos por un ladito, rezando para que no nos atropellasen. «Pero… ¿Dónde me he metido?… ¡Ni loca voy en bici por aquí! »

IMG-20160809-WA0000image

Viendo cómo estaban las cosas, sin atreverme a coger la bici y agotada para poder correr, decido probar suerte con la parte de natación. Pues…, por surrealista que os pueda parecer, tampoco pude. Las playas aquí son privadas. Las compran los hoteles (los de cuatro y cinco estrellas, claro. Los otros no alcanzan a esas posibilidades) y solo tienes acceso si te hospedas en alguno de ellos. No era mi caso. Yo estaba en uno más modesto y asequible económicamente, como podréis comprender (Filipinas es barato…, salvo que quieras vivir como un rey).

Después de un día de impedimentos, al día siguiente, decido ir al hotel de la organización (uno de los hoteles más “tops” de Cebú), a pesar de que se encontraba a 4 kilómetros del nuestro. Y…, para rizar el rizo (si es que cabían más cosas), Van y me dicen que si no estamos hospedados en ese hotel, no se puede entrar a nadar; que será a partir del viernes cuando los competidores tendremos acceso. Y además, que solo en horarios concretos. «¡Fantástico! Lo que nos faltaba».

Intentando que esas pegas no me afectasen, de cara a la competición, cambié el chip. Le di un giro de 180 grados y decidí que, a partir de ese momento, mis vacaciones empezaban a ser una prioridad frente a la carrera. «Ya haré un paréntesis para competir y… ¡¡¡Qué sea lo que Dios quiera!!!». Así que: mochila y hacer turismo dos días por todos aquellos lugares. «¡Hasta el viernes!» Dos días inolvidables donde vi playas y rincones de encanto. Y la experiencia única de bañarnos con tiburones ballenas. Alucinante.

DCIM104GOPRO

DCIM104GOPRO

Llegó el viernes. Volvemos al hotel de la organización y nada más llegar veo un cartel gigante donde salimos los Pros. ¡Impresionante! Yo allí fotografiada junto a las, y a los, más grandes. Aquello era otro mundo ya. Nadamos,por fin, en la increíble playa donde iba a competir. Ahí, fue el momento en el que me di cuenta de que había valido la pena venir a esa competición. Solo por nadar en ese mar, con un agua cristalina, con peces de colores, con estrellas de mar y coral en el fondo… Os lo aseguro. Vale la pena. Eso sí, el agua, a 27 grados. «¡Como para cocerse!».

image

14.30 horas. Brefing de Pros donde, además de cerciorarme del nivel y la cantidad de Pros que había, me doy cuenta que, sin inglés, no se puede ser Pro. No solo por no enterarme bien de las cosas (algo importantísimo para la carrera) sino porque te sientes ridícula…, fuera de lugar. Es cierto que yo allí era una desconocida para todos. Solo había que ver (en la presentación que nos hicieron) que todas tenían un gran palmarés y unos excelentes resultados internacionales. Y sin embargo, en mi ficha, solo constaba mi currículum profesional y tres resultados destacables de este año en España (Tal y como os lo cuento. Y no será por carreras que he hecho. Digo yo…).

A pesar de ello, me sentía orgullosa de estar allí y poder competir junto a las mejores en una carrera de tanto nivel y repercusión internacional y vivir esa experiencia. «Ya lucharé por sumar buenos resultados a mi palmarés» —Me dije.

Aunque reconozco que lo que peor llevo de las competiciones son las ruedas de prensa y el sentirme un poco el centro de atención; en aquel momento fue una inyección de moral para la carrera. Me dio la sensación que las fuerzas empezaban a llegarme ¡Por fin!.

Sábado. Metida ya en la carrera. Cogí la bici desde mi hotel para ir a boxes. Iba “acojonada” por los 4kms que tenía que hacer. Por suerte, llevaba a mi guardaespaldas, Javi iba detrás escoltándome con un taxi. «¡Que haría sin él!». Sobreviví, pero parecía que los hándicaps seguían ahí como sombras que no ves; y… en los últimos metros…, pinché. ¡Buaf! Lo que me faltaba, «La Ley de Murphye» —Pensé. La suerte está vez no iba conmigo. Pero con la intención de que nada de eso me desconcertara, me fui al bike point a que me lo arreglaran. Tengo que reconocer que por ser pro, me dieron prioridad. Y en una hora, en la que aproveché para darme un último baño en la playa, y ver el recorrido, la fui a recoger y la dejé en boxes. Aunque me hubiera gustado probarla, pero ya no se podía hacer más y…, lo que quedaba de tiempo…, tocaba descansar.

IMG-20160809-WA0008

Domingo. Me despierto con ganas, preparo todo y, al salir del hotel, se me cae un bidón Recuperat-ion y se me raja por el culo. «Pero…¿Qué me pasa a mí en esta carrera? ¿Tengo la negra o qué?».Quería ir a lo seguro y llevar mis bidones y mis sales controladas. Con ese clima y sin convencerme los avituallamientos en carrera, no quería arriesgarme. Intenté conseguir en boxes un bidón pero no hubo suerte. Aunque una chica de la organización (una que se dedicaba exclusivamente para atender a los Pros) me dijo que me conseguiría uno, el bidón no llegaba. Me dijo que me marchase tranquila al agua y que me lo traería y me lo cambiaría por el mío. Yo había dejado el bidón boca abajo medio metido en el portabidones, para que no perdiera líquido, y ella solo tenía que transferirlo. Por supuesto, ya os lo adelanto, el bidón nunca llegó, y en la T1 me deshice de él.

Bueno…, tocaba ir a la línea de salida y olvidarse de todo aquello. Mira que estaba siendo anecdótico y raro todo lo que me estaba pasando. Tanto, que ni fui al baño; cuando siempre suelo ir al menos tres veces. ¡Era Increible!

IMG-20160809-WA0002

6.22 horas. Bocinazo de salida y empieza la prueba. Rápidamente me coloco bien y veo que estoy nadando junto a las dos favoritas. Aunque, en cuestión de metros, empezamos a comernos filipinos. Lo siento por la expresión que he utilizado, pero fue literal. Habían salido dos minutos antes que nosotras (los filipinos élite y el resto de pros). En ese momento pierdo los pies de Vodickova y los de Steffen y me quedo con otra que rápido dejo atrás. Hago toda la segunda recta de vuelta en solitario viendo de lejos la estela de las que, intuyo, son las primeras. Recta, con mar movido, pero con unas espectaculares vistas que incluso lograron sacarme una sonrisa en el agua al ver aquel espectáculo en competición.

Una Natación muy limpia y cómoda, y con muy buenas sensaciones, en el día de mi estreno con él Sailfish Rebbel.

Llego a la T1 y veo que justo en ese momento Vodickova salía con la bici. Creí que Steffan por delante ya, pero por lo visto (Me lo dijo Javi. Yo ni me enteré) ella salió a 10”de mí. Me adelantó estando en la T1 sin enterarme. Imaginaros si hice la transición lenta que ni la vi, pero ni a lo lejos ya una vez en la bici. Lo de ellas dos era otra liga. Aunque yo estaba ahí. Habia salido del agua en posiciones de pòdium y… por lo que vi en la T1, abriendo algo de hueco por detrás.

Bici muy rápida y muy llana. Una carretera larga sin más por donde hacíamos un recorrido de ida y vuelta en la que sufrimos el viento en una única dirección y lo disfrutamos a favor en la contraria. Ahí pude sacarle provecho a la lenticular y rodar por encima de los 44 km/h en muchos tramos (cuando el viento iba favor, claro. Y sin nada de bajada). Un circuito muy aburrido de no haber sido por el público. Durante el recorrido de bici no había ni un palmo de la carretera en el que no hubiera gente (no os exagero). Pensar que eran 60km a lo largo y que en los dos extremos de la carretera había un cordón continuo de personas. Era asombroso. Si hasta costaba ver los avituallamientos.

Bici dura psicológicamente donde te obligaba a pedalear constantemente. Yo, me estaba dejando la vida. Pero tuvo su recompensa al ver que mantenía la tercera posición. Por delante el hueco era cada vez mayor, y por detrás también. Es cierto, que la cuarta se mantenía cerca y apretando, sin embargo la quinta lo hacía algo más rezagada y la sexta ni se veía. Iba contenta por encontrarme dentro del Top 5 y todavía en posiciones de pódium.

image

La parte final se me hizo eterna. Cansada ya de pedalear (por suerte más psicológica que físicamente) y con mucho dolor en mis partes íntimas (de mantener la misma posición y por ser una carretera con un mal asfalto y mucho bache). Tanto era así, que en uno de ellos, del golpe, se me bajo el manillar «¡Otra vez no!»-. Suerte que ya estaba en el km 80.

10 kilómetros finales muy largos donde apenas podía acoplarme por culpa de haberme quedado el manillar tan bajo y sin poder beber más porque no llegaba a la pajita del bidón delantero. Para colmo me encontraba con algo de ganas de vomitar. Sensación que había aparecido poco antes y que… los olores de comida de los puestos en la calle a lo largo del recorrido (algo muy típico ahí), no me ayudaban nada. Eso hizo que fuese con algún minuto de pérdida en ese tramo, pero por fin llegaba a la T2.

IMG-20160809-WA0004

Transición lenta de nuevo, donde no era capaz de sacar el Garmin de la bici y pude ver como la cuarta estaba muy cerca.

Venía lo más duro. Prueba de fuego en este último sector. Empiezo a correr y ya intuía que aquello iba a ser muy, pero que muy duro. Las piernas no iban mal, el resto del cuerpo tampoco, sin embargo, “la torta” que te mete el calor de golpe es indescriptible. En ese instante veo a Javi, «¡Por fin”». Me dice que tengo a toda mi familia siguiéndome por Internet (debían de ser las 3.30 de la madrugada en España). Solo por eso tenía que luchar hasta el final, y gracias a eso también saqué las fuerzas de donde no sabía que las tenía. El pensar que tenía a toda mi familia trasnochando, pendientes de mí, me ayudó a correr e intentar evadirme durante algunos momentos de ese sufrimiento que empezaba a pesar como una losa. En esos momentos hay que buscar una motivación por lo que luchamos…, por lo que sufrimos…, si no, lo que hacemos no tiene ningún sentido.

Los kms parecían que no pasaban y solo por el km 3, empiezo a notar algo raro en los pies, en las zapatillas. Creía que se me estaban deshaciendo (qué ilusa). Era como si corriera por el suelo, descalza. Resultó ser que las plantillas se me habían ladeado; imagino que fue por todo el agua que me había echado por encima ya para tratar de refrescarme. Eso sí. Hay que reconocerlo. La organización excelente y no había un kilómetro en el que no recibiéramos bebida, esponjas y cubetas de agua fría para echarte por encima. Un baño constante, literalmente. Muy incómodo correr así, pero totalmente necesario. No te habías echado agua por encima que ya estabas deseando llegar al siguiente puesto de hidratación, para volver a repetirlo. Lo único malo que te podía pasar era que, justo el corredor de delante de ti, cogiera los dos cubos que daban, y que encima los lanzará y te quedases sin. Porque yo…, parar…, no quería ni en los avituallamientos. Sabía que si lo hacía no arrancaría de nuevo.

Supervivencia total fueron los 21kms. Una vez me pasó la tercera, en el km 6, sin poder hacer nada para seguirla, me dediqué a luchar…, luchar… y luchar… por seguir corriendo; por sobrevivir en aquel infierno donde estaba metida. Por continuar estando en carrera y por no venirme abajo. El único aliciente: volver a ver a Javi en el paso por vuelta, en el km 10, y el público que, igual que en bici, habían llenado el sector a pie y con tramos donde ofrecían música y animación.

Los kms no pasaban, ni los metros. Miraba el Garmin por si se le había olvidado pitar y avisarme del paso por el km pero no, solo que aún no lo había completado. Y así uno tras otro. Para colmo, me pitaba y el cartel del km en carrera llegaba casi 300 metros después (y ese era el bueno, el que realmente valía) ¡Con lo que duele eso! Mi ritmo era muy lento y cuando creía que iba bien miraba el reloj emocionada, como si estuviera corriendo por debajo de 4 m/km. Pero no, como mucho conseguía correr por debajo de 5’. Aquello fue horrible. Aun así, aun estaba en el top 5; mi objetivo. La sexta venía muy lejos pero a la quinta no la conseguía ver. Yo ya iba ciega y esperaba que, el no verla, fuese porque venía lejos.

Pues pos suerte así fue, lo conseguí. Defendí mi cuarta posición durante casi toda la carrera y estaba acabando una de las carreras más duras que he tenido. Ansiada meta la que por momentos creía que no iba a poder cruzar. Emoción al hacerlo, con el pensamiento puesto a toda mi familia que estaban esperando ese momento para poderse ir a la cama, pobres, y que la noche en vela hubiera valido la pena.

IMG-20160809-WA0007

Emoción en la llegada y más, cuando varios árbitros y organizadores me felicitan por mi carrera y alucinando de que hubiera estado hay delante siendo una auténtica desconocida. Ahora ya me conocen. Igual que mis rivales, que también me felicitaron.

Abrazo ansiado a Javi con el que puedo descargar esa euforia y ese sufrimiento de 4h31’12”. A él le tengo que agradecer el estar aquí, el salir de nuestra zona de confort, como él dice y vivir experiencias nuevas en las cuales a veces también se sufre. Pero todo esto es lo que nos hace crecer y sobretodo, “vivir”, que por algo estamos aquí.

IMG-20160809-WA0003

IMG-20160809-WA0010

IMG-20160809-WA0009

Agradecer a la organización por el trato recibido (aunque a ver si para la próxima me ponen en el hotel de la organización como al resto de pros, jeje). A todos los que habéis estado siguiendo y esta vez con más motivo que nunca dada la diferencia horaria.

Y con la satisfacción de saber que, por esta cuarta plaza en una competición tan importante, me llevo 920 puntos KPR. Puntos que empiezo a sumar con la intención de clasificarme para el mundial para el próximo año. Lucharé por ello y toca seguir haciéndolo en 70.3 de Lanzarote. Próxima parada.

Ahora toca desconectar y disfrutar de dos semanas de vacaciones en este paraíso.

IMG-20160809-WA0005

IMG-20160809-WA0006

 

MAL DE ALTURA

Poco más de un mes ha sido el que me he tomado para retomar la competición después de finalizar la primera parte de la temporada.

Con ganas de volver a competir, y colgarme un dorsal de nuevo, llegaba a Andorra el pasado sábado. No era una carrera que entrara en mis planes a principios de temporada y aunque a priori decliné la invitación con un “NO” rotundo, lograron persuadirme. Si dije “NO”, fue porque sabía que íbamos a nadar en aguas muy frías y eso mi cuerpo no lo lleva nada bien. Los argumentos de que era una bici hecha para mí –debido a su dureza–, finalmente me convencieron.

No iba mal desencaminada y efectivamente el agua estaba más que fría. Tanto que incluso, el día previo a la carrera, había dudas de si se podría nadar. La norma dice que por debajo de los 14 grados se prohíbe la natación (para algo están las normas). Es cierto que a mí me beneficia nadar, soy buena nadadora, pero por encima de todo está mi integridad física.

Tremendo dilema el que te creas tu solita: «Prefiero nadar. Pero, no quiero pasar frío». «Si nado: ¿Seré después capaz de frenar y cambiar piñones o plato con las manos tan frías?».

Era una difícil elección. Pero, por más alternativas que te crees en tu cabeza…, de poco sirve. Yo misma me decía: «Cuando lleguemos al lago la mañana del triatlón haremos lo que decida la organización».

No valía la pena darle vueltas y mucho menos buscar pros y contras. Aunque es inevitable.

Llegué a la carrera con ganas. En el momento que decidí ir. No conocía el cartel de salida, pero poco a poco fueron desvelando nombres y como siempre. Estábamos casi todas. ¡Si es que ninguna nos perdemos una!, y más si está cerca de casa. Dolça, Anna e Ivet, que finalmente no compitió. Una vez más, presión y lucha asegurada por estar en cabeza. Pero, como siempre digo, los “miedos”, y circunstancias de la carrera, hacen que la clasificación pase a un segundo plano.

Tarde, y noche previa, llena de nervios y respeto por saber lo que nos deparaba la carrera. Por el miedo a esa agua tan fría, la espera a que comunicaran si se nadaba y cuánto. Aunque parezca mentira, era mucha la tensión por si no se nadaba, o no, y cómo se efectuaría la salida (todos queremos estar delante, pero sin jugarnos el tipo. Y más cuando se empieza bajando). No parábamos de comentar la jugada entre compañeros y entre mi cuñado Jordi, Javi y yo. Los tres competíamos. Nuestros familiares estaban cansados de escucharnos, y también estaban algo asustados.

Para variar…, pocas horas de sueño, pero llegó el momento. En el autocar que nos llevó hasta la salida se respiraba incertidumbre. Nervios por conocer la temperatura del agua y la decisión de la organización. Risas tímidas entre los compañeros del Rctri que estábamos allí y con el resto de amigos: David, Sergio, etc…

Los minutos pasaban mientras preparábamos todo en boxes. Lo bueno que tenía esa carrera, (habituada ya a los halfs), es que la logística es más fácil. Un gel y un bidón Recuperat-ion para la bici y nada más de qué preocuparse –aparte de pedalear–.  Las Newton y la visera las tenía preparadas en la T2 «esperemos encontrarlas sin problemas» (Me decía yo misma). Me había dejado unos calcetines en cada transición. En distancias cortas no hace ni falta, pero entre el frío y mi sensibilidad en los pies… (Soy muy delicada en eso, ¡qué le vamos hacer!) Aunque pierda uno segundos en ponérmelos…, me beneficia. La idea era calzármelos en la T1. Pero, por si el frío y los nervios no me dejaban, tenía otros preparados en la T2. Aquí cada uno usa su táctica.

En ese momento, la organización nos anunciaba por megafonía lo esperado: que el agua estaba muy fría, rozando los 13 grados, y que se iba a nadar, pero “solo” 750 metros. ¡Ya está! Venía mentalizada para eso. Yo tenía claro que intentarlo lo iba a intentar, si luego veía que en el algún momento mi cuerpo se bloqueaba y que no era capaz de seguir… pues… se habría intentado al menos.

A escasa media hora ya de la salida, me unto de crema calentadora, por si servía de algo, aunque creo que no de mucho, o mejor dicho, de nada. Al ponérmela no noté ni pizca de calor. No sé si era la crema que era mala, o esto ya es algo psicológico.

Me coloco el neopreno y, aun con margen de tiempo, me voy con Javi hacia la salida. Quería probar el agua. A diferencia de muchos, que querían evitar estar más tiempo dentro del agua que el de la prueba, yo prefería meterme y calentar un poco. Mi experiencia me dice que mi cuerpo necesita habituarse y conseguir calentar los pulmones y controlar la respiración. Aunque ¡No había Dios que se aclimatara a aquello! Horrible.

Reconozco que me costó meter la cabeza menos de lo que me pensaba y que era capaz de respirar, con mucha dificultad por eso. Lo peor fue la cara. Me dolía mucho con aquella agua tan fría; y la cabeza parecía que me iba a estallar. «¿Dónde me he metido?», O mejor dicho: «¿Dónde nos estaban metiendo?». Por supuesto, manos y pies blancos y sin sensibilidad alguna. Pero…, con eso…, ya contaba.

2016-07-21-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-nataci-n-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-2291574-40957-432 2016-07-21-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-nataci-n-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-2291574-40957-441

Junto con Javi, Lucas, Robert y Carlitos en la rampa de salida, comentamos las mismas sensaciones al entrar en el agua ¡Iba a ser muy duro! «¡Por favor!, que empiece ya… y que se acabe también!». Con Carlitos (amigo y uno de mis compañeros habituales de entreno) habíamos hablado previamente de intentar ir juntos. Luego, una vez sonase la bocina: “si te he visto no me acuerdo”. Siempre da seguridad tener una referencia. Además, Carlitos en bici está más fuerte y sabía que no iba a poder seguirlo.

Nos mandaron que fuésemos entrando en al agua. Me despido rápido de Javi y me meto en el lago. Nado hasta la línea imaginaria de salida y me coloco con Carlitos justo delante de la primera bolla. La gente se iba hacia la izquierda «mejor para nosotros –pensé». Quería ponerme delante, pero no quería que me agobiaran. Si ya me iba a costar respirar, imagínate con golpes y agarrones.

2016-07-21-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-nataci-n-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-2291574-40957-465   2016-07-21-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-nataci-n-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-2291574-40957-522

La gente empezaba a adelantarse de la línea de salida, como ocurre siempre, pero esta vez nadie lo impedía y empezaba la cuenta atrás. La organización era consciente de lo mal que lo estábamos pasando allí metidos. ¡Al menos iba a ser rápido! Yo no iba a ser menos… también iba avanzando, tímidamente, como todos; a pesar de que seguía la cuenta atrás.

Y por fin…, bocinazo y a darlo todo. Salí muy fuerte. Empecé bien, siguiendo la estela de Llobet que rápido se alejó. Sin golpes y sin gente. «¡Qué bien, ¿Dónde estaban todos?». Aquello me dio confianza. Aun así, en cuestión de dos o tres minutos, empecé a notar a la agonía. ¡Uf! Como os explico lo que se siente. De repente te falta el aire y no puedes respirar. Quieres que, ese poco aire que coges por la boca, llegue a tus pulmones, pero parece que nunca llega. Los nervios y el agobio aumentan y te viene un momento de pánico. Crees que te ahogas, que no puedes respirar, que necesitas pararte. Creo que eso nos pasó a todos. Por suerte, yo supe controlarlo y quedarme solo en el agobio y no ceder al pánico. Ese día, el temple que otras veces no tengo, se hizo presente.

Superé la primera bolla y empecé a encontrar gente, pero yo ni sentía los golpes, ni sabía que parte de mi cuerpo movía, ni cómo. Mi cuerpo estaba totalmente gélido, adormecido. Eran sensaciones extrañas, desagradables, pero mi cuerpo seguía y parecía que los metros iban pasando. Fue muy rápida: 12’50” de natación. Eso no es nada. Sin embargo, en esa situación, se te hace eterna ¡Agónica!

Salgo del agua como un zombie. Corriendo fuerte por la alfombra verde, creyendo que ese ritmo alto me va hacer entrar más rápido en calor. Varios resbalones que casi me hacen ir al suelo. Seguía sin sentirme los pies…, ni las manos. A duras penas me podía ir bajando el neopreno. Entro en boxes medio atontada. Suerte que la Unîca se ve bien y me guía rápido hacia mi sito.

IMG_2042

Parecía que lo peor ya había pasado, pero no. Consigo quitarme el neopreno. Veo que soy la primera chica en boxes y decido colocarme los xwin. ¡Buf!, no era capaz de meter el pie en el calcetín ¡Qué horror! Mientras me peleo con ellos, veo que los chicos van pasando rápidamente. Hago caso omiso y sigo con mi lucha. Voy a por el casco y veo que Anna ya entra en boxes. Llega a mi lado y me dice: «¿i Dolça?, ¿Que li ha passat?».

Era muy raro que Dolça no hubiera llegado. «¡Esperemos que este bien! – me dije». En ese momento veo que mis manos no me responden y que no era capaz de hacer el “click” en el broche del casco. Le dije a Anna: «¡no em puc cordar el casco! ». A Anna poco le importaba, jejeje, pero el pánico me hizo compartirlo en voz alta. Era importante un escape en solitario y evitar que Anna, o cualquier otra rival, pudiera intentar seguir mi rueda. Ese pensamiento me dio la fuerza justa para conseguirlo, y… por fin…, pude abrocharme el casco, coger la bici y salir de boxes. Instante en el que veo llegar a Dani y salir corriendo a Carlitos delante de mí. Aunque él no me vio, y yo no tenía fuerzas para gritarle. Además, era tontería llamarlo cuando en la primera curva del descenso lo hubiera perdido de vista.

Rampa durísima para salir de boxes. Momento muy crítico notando como no me respondían los pies y me resbalaba en cada paso. Consigo subirme a la bici, pero con mucha dificultad para meter los pies en las botas. Fue muy duro ese momento.

«¡Venga Judith que ya estas pedaleando!». Me intentaba convencer de ello porque mis piernas no enviaban mensaje alguno a mi cabeza. No sé si fue el frío que me congeló las neuronas, entre ellas las del miedo, o el afán porque Anna no me alcanzara, aun así, empecé el descenso más confiada de lo normal. En solitario hasta que me alcanzo Alex y me hizo de guía. (Muchas gracias Zanu). Es lo bonito de estas carreras: sentirte ayudada por amigos y compañeros.

Con él completamos la primera parte del circuito y me llevó rodando hasta pie de puerto. Aunque, en un par de las curvas finales me derrapó un poco la rueda trasera (y eso que tampoco bajé fuerte), conseguí superar con creces la bajada y solo nos alcanzaron dos chicos. «Ahora sí que has pasado lo peor – me dije a mi misma». Se me escapó una leve sonrisa de satisfacción. Esta es la recompensa de las carreras: superar retos, vencer miedos y luchar por intentarlo siempre.

Empezaba el puerto. Ahí dejé a Zanu y puse a mi ritmo. Ritmo alto pero llevadero. Malas sensaciones al principio debido a la frialdad muscular pero poco a poco fui recuperando sensaciones (menos en los pies que seguían congelados – que incómodo es eso).

1h02’ de ascenso donde sufrí y disfruté a partes iguales. Era duro, pero me fui viniendo arriba al ver que iba ampliando ventaja con mis perseguidoras y comprobar que solo me pasaron tres chicos en toda la subida. Uno de ellos fue Alber que, como siempre, me animó y me dio confianza diciéndome que iba sola y que podía regular. ¡Como alivia eso! Realmente disfruté mucho de este sector; motivación alta sabiendo que estaba haciendo una buena carrera.

2016-07-21-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-triatl-n-bicicleta-km-5-puerto-de-la-rabassa-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-2291574-40952-63 2016-07-21-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-triatl-n-bicicleta-km-5-puerto-de-la-rabassa-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-2291574-40952-54

Últimos metros hacia la T2 y escucho a mi sobrina Laia que, gritando, escucho que dice: ¡LA TIETA!

Emoción máxima. El público que empieza a aplaudir, a animar y a murmurar: “es una chica, que pasada”. Eso era que no iba tan mal respecto a los chicos. Veo a mi hermana con mi sobrina Júlia en sus brazos, a mis suegros que, una vez más, habían venido a animarme. Y a mis cuñados que se estrenaban como público. ¡Qué guay!

T2 aparatosa porque mis pies seguían congelados y me costó quitarme las botas. Casi me voy al suelo. Consigo poner pie a tierra y entrar en boxes. Me cuesta lo mío encontrar mi dorsal en la barra y pierdo algunos segundos en calzarme las Newton. Tenía margen, pero no podía perder tiempo.

Empiezo a correr o mejor dicho: empiezo a intentar correr  ¡Guau!, pero si esto era peor todavía! ¡Uf! Aunque no iba mal de piernas, la dureza del terreno y la altura (a 2000 de altitud, y a más 300 más de desnivel en carrera) hicieron que fuera agónico. No llevaba ni un kilómetro y ya estaba hiperventilando. No conseguía controlar la respiración ni el pulso. «¿Qué me pasa?». Fue otros de los momentos críticos del día, por si hubo pocos.

Mi cabeza me decía que no podía. Aparecía el demonio pidiéndome que me parara. Diciéndome que eso era demasiado duro. Pero el angelito impuso la lógica convenciéndome de que eso estaba hecho. Tocaba sufrir y luchar, pero si todo salía bien, la carrera estaba ganada. Aunque siempre te entra el pánico al comprobar que no vas demasiado bien y que tus perseguidoras te pueden alcanzar. Tocaba convencerse de que tenía ventaja y que ellas también sufrían. Y que, aunque me recortaran, podía mantenerme en cabeza.

No se veía a nadie, ni por detrás ni por delante. Primera vuelta en solitario que, gracias a Aron e Ivet, que me guiaron en un par de ocasiones, evitaron que me perdiera y me desviara. ¡Gracias!

13626589_650118568477131_8209932246164140132_n

Quedaba completar una vuelta más sabiendo lo dura que era pero ya con la cuenta atrás en mi cabeza. Segunda vuelta que, aunque seguía sin controlar la respiración, se me hizo un poco más amena al encontrar a mucha gente. Todos los que empezaban a correr. Gonzalo, Sensitri (que iba muerto y lo animo), Marc, Jordi Olivella etc…Todos me miran sorprendidos de lo ahogada que iba. Pero, gracias a esos ánimos, me vengo arriba, le doy un poco más de ritmo a la carrera, y voy adelantándolos. Al menos para que creyeran que, esa respiración tan exagerada, era por el sobreesfuerzo que estaba haciendo.

La emoción aumenta cuando veo a Javi delante ¡Guau! Empiezo a correr más fuerte para alcanzarlo (Siempre es agradable encontrarte a tu pareja en carrera). Y…, si le pillo… y le doblo…. mejor, Jejeje (es parte de nuestro “pique sano” que día a día nos hace luchar). Pero no pudo ser. Se me fue un poco en la bajada. Aunque, justo en el cruce que me llevaba para meta y a él para el inicio de, su segunda, y última vuelta, le grito: «Cariño…, vamos…, ¡Ánimo!».

Él, como siempre, con esa alegría permanente, hasta se paró un segundo para verme y animarme, contento de que yo iba en cabeza y que ya lo tenía hecho.

Metros finales donde respiro aliviada y muy satisfecha de completar una de las carreras más duras que he hecho. Y una de las más bonitas, también. Feliz de llegar a meta en primera posición (primer triunfo de esta temporada). Contenta de ver a mi familia y a las chicas del Rctri aplaudiéndome y felicitándome. Ilusionada de haber luchado y completado este triatlón que pude vivir con muchos amigos y compañeros (con muchos de los cuales hacía tiempo que no coincidía). Y agradecida de que Núria y Pere subieran expresamente a verme.

Foto 24-7-16 10 50 22

2016-07-21-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-meta-andorra-outdoor-games-mtb-y-triatl-n-2291574-40954-334   IMG_2024

 

La resaca aún dura, el dolor de pies continúa. Con ganas de olvidar el frío que sufrí me voy al 70.3 Filipinas. Esperemos que el calor se nos dé mejor.

Gracias a los Andorra Outdoor Games por la invitación y el trato recibido.

IMG_2073

 

 

Llegaba “la cita” del año. Zarautz ya marcó un antes y un después el año pasado y ha hecho que se convierta en unos de los triatlones más importantes de la temporada; en uno de esos que marcas en el calendario en rojo y que estás deseando que llegue y poder hacer una buena carrera.

Correr en el País Vasco es siempre un aliciente, y más en Zarautz, donde creo que está el mejor público –Para mí es la meca del triatlón–. Si ya es importante esta competición, por todo lo que conlleva (dureza de la prueba, nivel, repercusión, etc.), a eso, en esta ocasión, faltaba sumarle que se trataba de la XXX Edición y la fiesta pintaba que iba a ser de lo más grande. Un cartel de lujo y con el mayor premio económico dado en un triatlón nacional.

El nivel era impresionante, tanto en chicos como en chicas. Corredores de mucho renombre tanto a nivel nacional como internacional. Olímpicos y corredores de ITU. Gente a la que admiro y yo formaba parte de ese cartel. Eso me impresionaba aun más. La gran favorita a la cita: Ainhoa Murua, que además corría en casa. Con el dorsal 2, Line Thams, una danesa corredora internacional y campeona en su país en distancia sprint (a ver cómo se le iba a dar esta distancia). Después de ellas, entrabamos el resto, la “triarmada” catalana (Sara Loher, Dolça, Anna, Mercé y yo) y Ruth Brito que también venía a dar guerra.

La semana previa no fue buena. Un virus estomacal y el calor me hicieron sentirme muy floja. Si algo bueno tuvo eso, fue que el cansancio me hizo dormir más de la cuenta. Tanto que hizo que apenas estuviera nerviosa los días previos y pudiera conciliar bien el sueño. Así que, descansada si llegaba.

Cuando quise darme cuenta ya estaba ahí el gran día. ¡Si es que hasta la noche previa dormí de lujo! Que sensación más rara. Me sentía bien. Con ganas, con fuerza y con la ilusión de volver a estar en Zarautz rodeada de corredores buenísimos.

Poco antes de las 12h ya me encontraba en boxes preparando material. Allí te encuentras con todas tus rivales y los nervios ya son irrefrenables. Comentas la jugada. Te das ánimo con el resto de corredores y conocidos. Gente que tú no conoces y que te desea suerte. Aún no soy consciente que la gente empieza a conocerme. Es ilusionante.

12.30h. Toca subirse al autocar que nos lleva hasta la playa de Getaría. La sensación era como cuando te vas de convivencias en el cole y tus padres vienen a despedirte. Otros de los momentos mágicos que tiene esta carrera. Me despido de Javi con un fuerte abrazo -casi estaba tan nervioso como yo–. Sentada junto a Mercé, marchamos. Ella, al ser su estreno aquí, estaba con un poco más de respeto que yo. No es una prueba fácil, pero, viendo que este año no llovía, ya estaba tranquila.

La hora previa a la carrera es cardíaca. Todos allí en la playa esperando que quede poco para la salida y poder enfundarte el neopreno y entrar al agua. Que nervios se pasan cuando bajas del autocar y esperas, con ansia, que la hora pase rápido.

IMG_1635  186082831

Pues ahora sí. A escasos 2’ para la salida. Línea de llamadas. Últimos mensajes de ánimo entre nosotras (porque somos rivales, pero ante todo, somos compañeras y venimos a luchar por lo mismo. A disfrutar de una carrera única). Veo a Álvaro –mi entrenador y que también compite–. Me observa y me desea suerte; tal y como habíamos comentado: la natación iba a ser clave. Debía lucharla más que nunca.

Preparadas ante las órdenes del juez. Cuenta atrás -que se hace eterna–. Tembleque en la pierna y pulso a 200. Y por fin…, bocinazo de salida. ¡Al agua!

186082837 186082854

Buena salida. Me escapo rápido del grupo, aunque Ainhoa, como ya esperaba, aún lo hace más veloz y veo como se me va ya en los primeros metros. Demuestra su potencial desde el principio. Sabía que iba estar incontestable. Su estela me ayuda para tener referencias. Rápido me alcanza Line –también la esperaba– que va seguida de Dolça. Ese era el tren que yo tenía que pillar; aunque era más bien el Ave. Sufro mucho por aguantar sus ritmos, pero lo consigo.

Una de las nataciones más duras que he hecho. Un fuerte ritmo que, aunque con momentos en los que creía que me quedaba, consigo aguantarlas. Era la clave. Hacer una buena natación hoy era tener posibilidades para pisar el pódium.

Fatigada. Llego a la playa y, al correr hacia la T1, noto un pinchazo en el gemelo ¡Uf! ¿Qué es eso? Me pregunto. Creo que nunca había hecho tantos pies nadando en un triatlón. Debía de ser la consecuencia de ello. Aunque Line hace una rapidísima transición, y Dolça la sigue, yo estoy ahí con ellas. Me subo a la bici teniendo a las dos a la vista. De Ainhoa ni rastro ya.

13404020_481108408749533_5638516440040353705_o    IMG_1612  IMG_1614  IMG_1615

Aquí llega uno de los momentos más críticos de la carrera. Paso a Dolça empezando a subir el Alto de Meagas y, aunque en alguna curva veo a Line, en la bajada ya dejo de verla. Solo llevaba dos curvas bajando y Dolça me adelanta. El problema no era ella. Era yo que me bloqueo ya en la primera bajada del circuito. Un momento muy duro que me hace temblar y plantearme muchas cosas. Siempre he sido miedica bajando, pero… desde la caída de Mallorca…, mucho más. «¡No puedo dejar que esto me supere!, ¡Y menos hoy!» Me digo, lucho contra mí misma y, al acabar la bajada, ruedo con más fuerza que nunca. Tanto, que paso a Dolça y consigo alcanzar a Line.

«¡Bien Judith! Esa es la actitud». Me vengo arriba y me demuestro, una vez más, que la asignatura de psicología la apruebo y con matrícula de honor. Ahí sí que empiezo a disfrutar. Viene la parte más rodadora del circuito y me siento fuerte, aunque intuyo que Line viene cerca porque escucho como un árbitro le pita para advertirle que mantenga la distancia permitida respecto a mí.

13417512_10209701928565463_773723589606240630_n IMG_1636

Paso de vuelta por Zarautz que, aunque me lo espere, consiguen emocionarme de nuevo. No hay una explicación posible para ese momento ¡Pero qué grande es ese público! Para más inri, me gritan que Ainhoa está a menos de un minuto ¡Eso es muy poco! Aunque no la fuese a pillar, el saber que estaba cerca de ella era una satisfacción muy grande. Significaba que estaba volando y eso que bajo fatal. Veo a Javi como me grita. Digo veo, porque casi no lo oigo ¡Estaba afónico! «Pero cariño. Si es la primera vez que paso ¿Cómo estás ya sin voz?» Pobre, que nervios estaba pasando con mi carrera. Emocionante.

La segunda vuelta no hizo más que aumentar mi confianza y, aunque Line seguía detrás – porque volví a escuchar cómo le advertían -, al menos no me pasó ni en la bajada. Buena señal. Paso de nuevo por Zarautz y el público vuelve a ponerme los pelos de punta. Euforia. Voces que gritan mi nombre. Me dicen que Ainhoa sigue ahí delante (aunque nunca la vi ¡Je, je!). Javi está aún más afónico. Aida que me ánima. Brutal. Que sensación.

186084274  GetAttachment (6)

Yo no sé si fueron todos los ánimos y la emoción, que estuve intentado contener, pero el circuito me estaba pareciendo mucho más fácil que el año anterior. Me sentía que volaba y que los km pasaban rapidísimos. Hasta que en el km 65, el Muro de Aia, me devolvió a la realidad. Esto sí que me seguía pareciendo igual de duro ¿Cómo pueden hacer carreteras con tanta pendiente? Pero… ¡Si esto no lo sube nadie! Pues, por supuesto, aunque sufriendo mucho, lo subí; y eso quería decir que la bici estaba llegando a su fin.

13413753_1078660385539597_8205278776728381363_n

Sin embargo, aún me quedaba un momento muy duro. Y no era la subida al camping (Txurruka), sino la bajada. Momento que aprovechó Line para pasarme y, no contenta con eso, también marcharse. Que rabia; después de ir delante de ella durante más de 70km, se me iba a ir al final sin poder hacer nada por seguirla. No podía bajar más rápido de lo que yo confiaba. Pero no tiré la toalla. Luché en el tramo que volvía a ser llano/ascendente y, al menos, aunque a lo lejos, volví a verla.

Ahí sí que la bici estaba llegando a su fin. Quedaba lo mejor porque, aunque sea una subida, no quieres perdértela. La subida al camping es donde la gente hace un embudo y pasas casi rozándote con ellos. Sientes que te empujan con sus ánimos y hacen que tus piernas ni noten el vertiginoso ascenso. La boca seca de la emoción. Así que aprovecho en los últimos km rodadores hasta boxes, ya en Zarautz, para beber. Pero…, aquí viene la anécdota de la carrera: Cuando me acoplo y busco con la boca la cañita compruebo que no llego a ella. «¿Pero qué está pasando? ¿Se me ha encogido el cuello, o qué?». Varios intentos sacando un poco la pajita, sacando el culo del sillín, pero… nada. Fue un momento surrealista que me dio por reír por no llorar. Suerte que la bici se acababa. (Resultó ser que, en un badén, en la bajada, del bote, se me había bajado el manillar.)

Bueno. Empieza la parte más dura del triatlón. Al menos eso era antes, porque esta fue mi mejor carrera. Cada vez corro mejor. Qué bueno es sentir que lo que antes era un suplicio ahora hasta lo disfruto y siento que soy capaz de correr más rápido y lucharlo mejor. Parecía que solo faltaba creérmelo. Que sensación tan buena el ver que eres tú la que adelantas posiciones y no al revés. Pasará de todo en las siguientes, pero he conseguido ganar confianza y motivación en mi peor sector y, con eso, la carrera a pie, la afrontas de otra manera.

13407160_10209702032928072_1988377090769131298_n 13450901_10209709323110322_3581915025828046588_n

Pues eso fue lo que pasó en los 20km. Salí fuerte sabiendo que estaba en posiciones de pódium, aunque con corredoras muy fuertes por detrás. Además tenía por delante a Lian a un minuto. Así que ese era el día para dejarme la vida por intentar cazarla. Lo conseguí. Mitad de la primera vuelta y la consigo adelantar. Como pasa en estos casos: te vienes arriba. Iba segunda y distanciándome cada vez más de la tercera y del resto. La euforia vino cuando Javi, en el paso por vuelta, me grita que Dolça está a más de 4’ y Sara a 9’30”.

Euforia es poco. Tuve que contenerme durante toda la carrera porque estaba siendo muy emocionante. Que fuerte me sentía. Miraba el reloj y alucinaba viendo como la media iba bajando y los km rondaban a 4’/km. Hasta vi algún 3’20 (en bajada, sí, pero… aun así, flipante).

Los quilómetros volaban como lo estaba haciendo yo; sobre una nube gracias al público que no cesó de gritar ni un solo instante. Muchas caras y voces que no puedo olvidar. La de mi entrenador, Aida, Guru, Robert, Javi, Argiñano, corredores, Siscu, conocidos… ¡Eso hay que vivirlo!

186085439

Llegada a meta en segunda posición. Abrazo con Ainhoa que me estaba esperando. Colofón a una carrera única e inolvidable. La mejor para mi hasta ahora, ¡Sin duda!

FullSizeRender  13407152_10209709517435180_2680235262101059140_n

Gratificante saludar y subir al pódium junto a los mejores triatletas de este país. Tener el privilegio de conocerlos y competir con ellos. Les deseo lo mejor en Río.

186087223 186087230

No soy de comparar tiempo porque depende de muchas circunstancias: lluvia, viento, calor, corrientes, mareas… Pero, me he sorprendido a mí misma de la mejora en un año:

ZARAUZKO TRIATLOIA     2015    –    2016

Natación                       41’21          38’08

Ciclismo                      2h35’01       2h27’42     (2015 con lluvia)

Carrera                       1h26’41        1h21’20

Muy contenta con la progresión en un año. Con la certeza que queda mucho por mejorar. No solo a nivel físico, sino técnico, como lo son las bajadas en bici, que estoy segura que es cuestión de tiempo y que volveré a ganar esa confianza perdida. Y en las transiciones, que también toca mejorar.

186085628 186085637

Contenta con los resultados llego a la mitad de la temporada. Momento para darme un respiro competitivo y disfrutar con lo que estoy viviendo.

Gracias a todos los que me seguís y me apoyáis.

186085636

¡Primer triatlón de la temporada!

Por más años que lleves en esto, los nervios no cesan. Estaba como el primer día de colegio; nerviosa, con ganas, pero con esa mezcla de incertidumbre sin saber lo que te espera.

Además de que no conocía la prueba, aunque ya me habían advertido de su dureza en el tramo a pie, venía sin saber cómo me iba a encontrar. Con mucha seguridad en mi misma ya que me encontraba fuerte y todo el ciclo de entrenamiento había sido bueno, pero con esa falta de chispa que se pierde cuando llevas tantos meses sin competir.

El nivelazo que había no ayudaba a tranquilizarse. Y más cuando ya empiezas a salir con dorsales bajos y ser una de las candidatas a luchar por llevarte la carrera. ¡La presión ya pesa! Pero yo tenía que hacer mi carrera, como siempre. Sara Loehr era la favorita, yo tenía que ir a defender mi dorsal número 2, difícil con el palmarés del resto de competidoras.

A pesar de todo, la logística la controlé bien. Estaba todo listo y ya en la arena esperando ansiosa empezar la carrera. Aunque con 20 minutos de retraso, pero por fin sonó la bocina. Ya en el agua, luchando por coger un hueco y poder controlar el ritmo y la respiración. No hice mala salida, me encontré cómoda y rápidamente busqué un grupo que me ayudó a marcar un buen ritmo. Salíamos con los chicos elite y realmente no sabía cómo estaba situada respecto de las chicas. Me paso Dolça al paso de la primera bolla, pero no pude seguirla. Aun así, llegué a la T1 segunda, viendo a Dolça justo por delante y con la ventaja suficiente para coger la bici sin que ninguna más me diera caza.

La bici, a pesar de empezar con una rampa muy fuerte al salir de boxes, era muy llana, muy rodadora, y eso no me beneficiaba. Si quería luchar por estar delante, tenía que hacer una bici fuerte e intentar marcar ahí la diferencia, la táctica de siempre.

Así lo hice. Me escapé desde el principio pasando a Dolça en la primera subida y me concentré durante todo el sector ciclista para no dejar escapar ni un segundo, eran claves! Aunque la bici era muy rápida, se hace muy larga cuando ruedas completamente sola, sin apenas referencias respecto a otros corredores en todo el recorrido. Luchando contra el viento y contra el crono por no dejar escapar tiempo. Las sensaciones eran buenas y más cuando veía que iba ampliando distancia por detrás.

Si soy realista, no esperaba sacar tanta diferencia en un circuito rodador, me sorprendí de hacer esa bici tan fuerte y llegar bastante entera a la T2. Aunque alucinada de llevar 4’ de ventaja respecto a Sara, sabía que no era ventaja suficiente para ser perseguida por un “guepardo” como ella! Aun así, había que luchar por ello y defender hasta el máximo ese primer puesto.

Corrí bien, hasta que llegué al infierno de las escaleras y supe que la carrera iba a ser muy dura. Por más que te lo imagines (y eso que yo he hecho carreras de subir escalera), no cuentas como “mata” a nivel muscular y como el pulso se dispara y aparece la agonía. Son esos momentos que piensas: “¡madre mía, ¿quién ha inventado este circuito?! ¡No era necesario!” y te planteas porque te gusta tanto sufrir y competir.

12991023_948952795223190_3362950161718144410_n  IMG_1040

Pues allí seguía, corriendo, empezando la segunda vuelta con la certeza que Sara me iba a dar caza en cualquier momento, en la primera vuelta ya me había recortado 2’30”. Me dediqué a seguir mi ritmo hasta que me cazó antes del segundo tramo de escaleras. Después de animarnos mutuamente, me conciencie de que había que mantener la entereza y defender la segunda plaza.

Así lo hice. Disfruté de los últimos kms de carrera sabiendo que había luchado y que lo había dado todo una vez más. Era una buena carrera y un buen inicio de la temporada. Quizá algunos esperaban más de mí, y se lo agradezco, pero yo sabía que Sara estaba muy por encima y hay que felicitarle por ello. Igual que al resto de corredoras.

12990920_948955401889596_126784002458586588_n

Lo mejor, llegar a meta sabiendo que Javi, Richard y María habían estado acompañándome y sufriendo conmigo durante toda la carrera. Supporters de lujo! Que para mí dice mucho. Su compañía durante todo el fin de semana hizo que un mero viaje de competición se convierta una vez más en un viaje inolvidable, lleno de anécdotas, risas, buenos y “malos” momentos (es que la carrera fue tan dura que me paso factura a nivel estomacal y la vuelta fue dura).

La anécdota de la carrera: cuando un juez se me acerca en moto sobre el km 70 de bici y me dice con ironía: “¿estas segura que vas bien? ¿No te habrás equivocado de recorrido?” como imagináis, muy desconcertante. Suerte que en la rotonda siguiente venia el giro que me desviaba a la parte final y me cercioré de que iba bien. Aunque seguía desconcertada. Por supuesto, al final de carrera le pedí explicaciones (porque él en ningún momento se vino a disculpar) y aun sabiendo de su error (no sabía que iba primera yo en bici) me dijo: “¡bueno yo te digo, pero tu sigue, no me hagas caso!” ¡Y eso que es un árbitro de la FETRI!

Agradeceros a todos los que me estuvisteis siguiendo en directo, para mí fue muy emocionante recibir decenas de mensajes y fotos mientras me seguíais. A todos por los ánimos y felicitaciones. Por creer en mí.

IMG_1076

A mi entrenador Alvaro Rance por seguir ayudándome día a día.

A todos mis patrocinadores, a los que ya me ayudabais la temporada pasada (Laica  y Portubienestar.com, xwin, Alimmenta y Sailfish) y los nuevos (Recuperat-ion, Newton, Big Mat Garro Sant Boi, Unîca Bikes, Speedsix, Catlike, Odeclas y Viator) y a los que me cuidan (Centreafit y Cyclistlab) y por su puesto a mi club Where Is the Limit? Sin vosotros no sería posible. He podido estrenar bici, ruedas, neopreno, casco, tritraje, zapatillas…gracias a vosotros! Y el estreno ha sido increíble. Gracias a Viator por acogerme y enseñarme que detrás de una gran marca ahí una gran familia que he tenido el placer de conocer.

A por la siguiente!

LA CARRERA PERFECTA

El titular ya lo dice todo. Si no recuerdo mal, primera carrera a la que llego con el cartel de favorita dada la victoria del año anterior. Eso, ya impone mucho.

La verdad es que llegué a esta carrera más en forma que nunca y eso da una confianza enorme. Conocía la prueba, conocía muy bien los circuitos (sobretodo el de bici donde venía dispuesta a marcar la diferencia) y sabía que había mejorado mucho en los tres sectores. Las cosas me estaban saliendo muy bien hasta ahora; en cada carrera estaba progresando en todos los niveles.

Con esto, y mirando que el año pasado participé con una fisura de costilla que me hizo menguar las fuerzas y que no iba  con cabra, sabía que podía mejorar la carrera del año anterior. Por mi parte la confianza era total, pero claro, no era la única que se presentaba a la gran cita con ganas de ganar. Mercé Tusell volvía a la carrera y el año pasado se quedó de mí a tan solo 18” después de irme recortando minutos en la carrera a pie (su fuerte). También venía Sara Loher que, hasta día de hoy, no sabía lo que era quedar por delante suyo, en Zarautz me dio un repaso corriendo. Cierto que Sara anunciaba que venía débil y no estaba al 100%. Otras de las favoritas era María Ortega, una grande que compite a nivel internacional y sabía que nadando me iba a sacar una minutada, aunque éste era su debut en media distancia.

Llegué el sábado a Berga y, desde que empecé a cruzarme con triatletas y compañeros, fueron muchos los que me decían: ¿Qué?, a volver a ganar, ¿no?

 “¡Uf! Qué presión. Eso no te lo pone nada fácil!”. Se agradece mucho, y desde aquí aprovecho para dar las gracias a todos los que me animáis, me seguís y depositáis tanta confianza en mí, un honor. Pero es mucho acojone también (jejeje). Para colmo, en esta carrera había una “porra” para recaudar por una bonita causa, donde se apostaba por los ganadores (tanto masculino como femenino) y, si acertabas, entrabas en el sorteo de un Ipad. Así que eran muchos los que me decían que habían apostado por mí. ¡Guau! No estoy acostumbrada a esto. Bueno, yo como siempre: a hacer mi carrera. Sin más.

Llega el domingo. Me levanto nerviosa (como siempre), pero con ganas, con fuerza. Tenía hambre de carrera y, aunque tenía más presión que nunca, no me daba miedo nada ni nadie.

Primero a la T2 a dejar bambas y visualizar por última vez el recorrido de ese tramo (para tenerlo controlado, luego en carrera vas ciega). Llega María Ortega y nos saludamos. Comentamos el procedimiento de coger y dejar las cosas en boxes. Cogemos autocar y directa para el lago. Preparo todo y para el agua. No iba muy sobrada de tiempo, lo justo para dejarlo todo a punto y tener algunos minutos para calentar en el agua. 

En la T1 echo un último vistazo a mi bici y material y veo a Sara y a Mercé preparando sus cosas. Las saludo y les deseo suerte. Rápido al agua (quería calentar y probar el neopreno que iba de estreno <gracias Pepe (Sailfish), me fue genial>. 

Le doy un beso a Javi, le deseo suerte y le pido que lleve cuidado. Me meto en el agua y a lo mío. Caliento un poco, “buenas sensaciones”. El agua menos fría de lo que me esperaba. Queda poco para la salida. Los 700 triatletas se van metiendo en el agua. Miro para atrás ¡Qué miedo! Situada en primera línea de salida, con el hándicap de que puedan devorarte, pero con la esperanza de hacer una salida fuerte y poder encontrar rápido mi hueco. En esos minutos previos, cuando el corazón se te sale por la boca, me encuentro gente en el agua que me dice: “Tú eres la Corachán, ¿no? Pues venga, a ganar”. Una triatleta oigo que dice: “Si la Corachán está aquí, estamos bien colocados. Son buenos pies a seguir!”. ¡Guau! Eso fue un lujo! En broma les contesté: “Pues si me siguen todos… encantada. Eso quiere decir que irán detrás” jeje. Otro me recuerda que ha apostado por mí en la porra. “No, por favor, más nervios no.  Ya tengo bastante”. Me emocionó el escuchar esas cosas. Fue increíble.

Ese ambiente hace que esos minutos previos pasen volando. Cuando me di cuenta estábamos en la cuenta atrás: 3,2,1… Go! Salgo al sprint y en pocos metros encuentro hueco. Una salida muy limpia que me da un plus más de confianza y me permite rápidamente coger un  ritmo fuerte. Más que otras veces. Valió la pena, la natación fue rápida y cuando me quise dar cuenta estaba ya tocando suelo. Me esperaba una rampa y una larga transición. Por primera vez (lo tenía meditado) me quito el neopreno nada más subir la rampa. Lo llevaba en la cintura y arriba me paré en seco (perdón Juan Carlos Pulido provoqué que me atropellaras), me lo quito allí mismo (para sorpresa de todos) y corro libre de lastre por esa larga transición. La jugada salió bien porque hice la T1 más rápida (en comparación con mis rivales) y eso que me puse calcetines y todo. No estaba dispuesta a perder ni un segundo.

11998908_437288203143709_4994413411459679440_n           12003023_1497360733916490_7998682144148559733_n

Cojo bici, veo que María ya ha salido pero no debía andar lejos. Mientras salgo veo que ninguna otra rival viene cerca. Qué bien.

Con la euforia ya del público puedo escuchar voces conocidas, sobretodo mi cuñado que me canta quién tengo delante y a cuánto. Hago una buena subida en bici y rápidamente me adapto al ritmo y al circuito. A pocos kms veo a Richard Calle y María, su pareja. Primer subidón. Me animan y me vuelven a indicar que María va delante, por poco tiempo; la pille en los primeros 10km. Ya estaba líder. Quedaba mucho, pero iba a luchar más que nunca por mantenerme en ese primer puesto.

La bici salió perfecta. Me encontraba muy bien, muy cómoda y me conocía el circuito. Hacia un día perfecto, ni gota de viento y sentía que cada vez estaba rodando más fuerte y con más ganas. Era la primera vez que me sentía tan a gusto con la cabra. Estaba disfrutando. En el puerto duro ya pase a algún chico, que incluso me decía que regulase (se lo agradezco), pero no era día para regular. Fui pasando kilómetros y me sorprendía que apenas me alcanzaran chicos. Recordaba que el año anterior (en ese mismo sector) me pasaron un montón, uno tras otro. Hasta que, acabando el puerto de la primera vuelta, me pasó Matos. Nos animamos mutuamente. Me alegré de que él fuese tan bien y él de que yo fuese delante. “Vamos company” me dijo.

Lo fui perdiendo de vista, sobre todo cuando empezó la bajada, pero a pesar de no bajar como él (cosa lógica), yo bajaba mejor que nunca. Que sensación tan buena. Yo que soy pésima bajando me notaba rápida y ágil en cada curva. Me fui creciendo, tanto que al llegar al punto de giro, donde estaba todo el público, amigos y muchos familiares (escuche a mis padres, aunque no los vi). Sentía que iba como una bala y que enlacé el giro de casi 180º con una agilidad brutal. “¿Lo has visto Richard?” Es que pude ver que María y Richard se impresionaron. Ellos me conocen y saben lo torpe que soy. Justo hace dos semanas Richard estaba consolándome después de hacer el ridículo por una caída tonta en subida porque me patinó la rueda en tierra, y yo le decía: “Richard es que soy muy torpe” Sin embargo, hay estaba yo… bajando como nunca.

IMG-20150913-WA0032        11217663_1497375017248395_6018147520805853578_n

¡Guaaau! No os puedo describir la emoción que sentí. Se me hizo un nudo en la garganta. Se me humedecían los ojos. “Judith, respira, controla, estas compitiendo” me dije.  Estaba eufórica, me sentía fuerte. Dios, como estaba disfrutando. Tenía más ganas de pedalear que nunca, que no se acabara.  Se me estaba pasando volando. Miraba el Garmin e intentaba ir rascándole puntos a la media (en la subida para que no bajaran y en la bajada para que subieran, oscilando siempre entre 33 y 35 km/h). Era brutal.

Seguía pedaleando sola. Seguían casi sin alcanzarme  chicos, incluso llegué a coger a algunos. Me pasó Albert Jiménez en el principio del puerto de Casserres y me dijo: “vas genial. Regula. Vas sobrada, les llevas mucho” (Gracias Albert). Y ya al final de la subida vi a Xavi Torrades, que raro. Le pregunte si estaba bien y me dijo que simplemente no iba. Pobre. Que malos son esos días. La cruz de la moneda, A mí, sin embargo, me había salido “cara”. Nos animamos y seguí, ya tenía el ascenso conquistado. Tocaba bajar y volver a disfrutar y sentir como mis piernas seguían frescas. Nunca había tenido esa sensación después de llevar 80km de bici.

Lo tenía. La bici se acaba y tocaba mentalizarse para la carrera (lo más duro para mí). En la rotonda de entrada al pueblo veo a mi amigo Oscar con toda su familia. Que ilusión que estuviese ahí. “¡Gracias, gracias “Compy” por todo!”. Me emocioné y esa emoción crece cuando a pocos metros veo a Richard de nuevo y me canta: “en la primera vuelta ya les llevabas 7’ así que tranquila”. ¿Qué? ¡Guau! ¿Cómo era posible? Eso era mucho tiempo. Pues sí, eso confirmaba las buenas sensaciones que había tenido en bici y viendo como había salido la segunda vuelta, seguro que algún minuto más tenía. “Suficiente Judith, esto tiene que ser tuyo” Me dije.

La llegada a la T2 fue uno de los momentos más emocionantes del día. Cómo gritaban y me animaban al verme llegar como la primera chica. Mil gracias a todos. No tengo palabras para poder explicar lo que se siente y lo que eso te empuja. Así que, rodeada de público, de gritos y de ánimos, completé los primeros kms de carrera viendo como ninguna rival llegaba a la T2. Vi a muchos amigos y compañeros, a mis padres, a mi hermana, a mi sobrina y a Carlitos emocionado con mi carrera (gracias). Y guau. Ahí estaba Álvaro, mi entrenador. Uf, aún me emociono ahora al recordarlo. Es que me dio mucha seguridad verlo ahí diciéndome que regulara que iba sola. El sentir que estaba allí viendo como el trabajo bien hecho da sus frutos. Para mí fue muy gratificante. Gracias coach.

11057758_437290039810192_2172152403073675489_n   received_10153132265948806

Que sensación de libertad el no sentir que te persiguen y que puedes hacer tu carrera. Es un circuito duro, alguna subidita que mata pero, dada la ventaja, se me pasó rápido. Pude ver como Mercé me recortaba en cada vuelta pero sabías que era insuficiente para alcanzarme y eso me relajaba. Vi también como Sara abandonó (lo siento Sara, sé que a nadie nos gusta. Ahora a recuperarse). Disfruté en cada vuelta de los ánimos de todo el público y también de muchos triatletas que en carrera (hasta sufriendo) me animaban y me felicitaban por lo que estaba consiguiendo. Gracias a todos. Este deporte tiene eso, son todos geniales.

Tramo final de la carrera, la emoción va en aumento pero… un sabor amargo cuando veo a Javi parado y animándome. Se había retirado, me dolió, pero me quedé tranquila (aunque triste por él) al ver que estaba bien. “Judith, lo tienes, el triunfo es tuyo, disfruta de esto que hoy te has salido”, me dijo.

Así fue.

Camino final a meta. Empieza la alfombra roja que te dirige hasta el arco. La euforia es máxima y más cuando veo a mi sobrina esperando para recorrer esos metros conmigo. “Mi niña” que bonito fue ese momento hasta coger la cinta. Indescriptible. No puedo evitar seguir emocionándome recordando la carrera del domingo. Además mi primer puesto de esta temporada.

11990524_437292189809977_5611511701543972075_n  IMG-20150913-WA0074

“¡Marcote!” me dijisteis muchos. Pues sí, es cierto. Pero no nos volvamos locos que el circuito de carrera en 18km. Pero sí, la mejor en un año, notable:

  SWIM BIKE RUN  
SAILFISH BERGA 2014 26’47 2h39’43 1H37’23 4h43’53
SAILFISH BERGA 2015 25’21 2h32’08

(84km)

1H17’43

(17km)

4h15’12

 Gracias a todos los que me animasteis (antes, durante y después de la carrera), que os molestáis en escribirme y que nunca me falláis. A toda mi familia que vino a verme y que son un pilar básico para mí. A todos los amigos y compañeros. A los sponsors, sin duda, que hacen esto posible. En especial a mi nutricionista Jéssica de Alimmenta que ha conseguido que me sienta más ágil y fuerte que nunca!  

Por cierto, el día acabo redondo porque…sorprendentemente el sorteo del Ipad por la porra lo gano Javi, mi pareja! Jejeje!

 

 

Segunda prueba importante de la temporada. A pesar de sólo dos semanas después de Francia, me encontraba fuerte y recuperada. Iba a ser una carrera con mucho nivel pero eso tenía un aliciente extra. Sabiendo que el top 5 era inalcanzable, volvía con el objetivo de buscar un top 10 y poder estar ahí, en carrera, luchando con el resto.

Correr en casa siempre tiene una motivación extra. Te da más seguridad, a pesar de no conocer la prueba, y lo más importante que ves muchas caras conocidas, mucho público, mucha afición y gente que te anima, es lo mejor! Mi chico estaba ahí de supporter y mis suegros habían venido a verme por primera vez, se agradece.

Una carrera muy madrugadora con una salida a las 7:00h para los chicos Pros y 7:02h para nosotras. EL resto como siempre, iría saliendo minutos más tarde por detrás nuestro. Buen ambiente desde la salida, con música y presentación oficial incluida, que nervios! Pero que subidón! Pero algo me tenia inquieta desde antes de la salida y eso inevitablemente iba a condicionar mi carrera desde el principio. El gorro que me habían dado, resbalaba mucho y me iba más bien pequeño. Desde antes de tirarme al agua ya noté como se me iba escurriendo y eso iba a ser un problema.

Pistoletazo de salida, arrancada en los primeros metros y 5 chicas vamos en cabeza empezando a dejar algo de distancia respecto al resto. Comienzo bien, aunque antes de llegar a la primera boya ya se van 3 y yo me quedo mano a mano con otra. Fue la peor compañera que me pude buscar, iba muy desorientada, cambiaba de dirección constantemente. Me despistaba, me molestaba y hasta me hizo comerme una boya que solo era de referencia porque creería que habría que bordearla también. Me separé de ella, la perdí de vista y me quedé nadando sola. Pocos metros después empezó mi calvario, el gorro se empezaba a escurrir! Iba nadando y parando a las pocas brazadas para bajármelo tirando de él. Eso me hizo perder tiempo y motivación. Para colmo, fue hacer el giro de cambio de sentido y ver como el sol matutino deslumbrara y no veía absolutamente nada! No era capaz de distinguir ninguna boya ni tenía ninguna referencia. Un poco frustrada seguí nadando, intentando intuir cual sería el camino y mientras seguía acomodándome el gorro. Pocos minutos más tarde me empezaron alcanzar perseguidores, ya venían chicos de grupos de edad y entre ellos también veo una chica Pro. Podría alegrarme de tener compañía y referencias hasta la salida del agua pero el bajón de sentir como estaba perdiendo mucho tiempo en mi mejor sector me hundió. Faltaban 500 metros para llegar y desistí de seguir colocándome el gorro, no quería perder ese grupo y en unos metros más el gorro se me calló.

IMG-20150517-WA0033

Salí con un mosqueo increíble del agua y perdí bastante tiempo en la T1  por ese motivo. Tocaba cambiar el chip, no podía condicionarme la carrera ese percance con todo lo que quedaba por delante. Aún así salí del agua 4ª para mi sorpresa! (eso me indicó Javi cuando salí pero realmente 5ª). Una T1 lenta hizo que llegaran más chicas y la verdad que perdí la cuenta pero al menos estaba en carrera e iba a subirme con referencias en bici.

Así como la natación fue un desastre, el sector ciclista fue muy bien. Me noté fuerte, confiada técnicamente y lleve un ritmo alto y constante desde principio hasta el final. Fui fuerte pero aún así me sentía que tenía un puntito más en la reserva para poder correr bien. Lo mejor fue sentir que estaba en carrera que, pude seguir la estela de alguna rival y luchar con ellas. Hice algún adelantamiento y a la vez también tuve que ver cómo me adelantaban a mí!

70.3BCN 12

Llega a la T2 con ganas, hice una rápida transición y me puse a correr 6ª. “Está muy bien!” , me dije a mi misma. Y los primeros 3km me crecí al ver el ambiente de público y escuchar cómo me animaban, muchos amigos, muchos conocidos y además mi entrenador Alvaro Rance que había venido a verme!

Iba corriendo bien de ritmo pero desde el principio notaba una molestia en el tendón de Aquiles del pie izquierdo. Iba a más y en el km 4 se hacía ya muy molesto. Pensaba que tenía el calcetín mal puesto o alguna piedra que me estaba rozando. Decidí parar para colocármelo bien, quedaba mucha carrera y valía la pena perder unos segundos. Pero la sorpresa fue que todo estaba en orden, esa molestia era interna, muscular. Me plantee retirarme, es cierto que dolía pero podía aguantarlo “de momento”, pero tampoco quería lesionarme! Decidí esperar al cruce con mi entrenador y que él me asesorara pero, antes de llegar a ese punto (km 12) ya mi cabeza se había impuesto y había decidido seguir y luchar. Iba 7ª en ese momento, había perdido una posición y se acercaban rivales con más ritmo que yo pero quería llegar a meta, acabar y más corriendo en casa, con gente que había venido a verme y sentía que debía hacerlo por ellos.

Unos últimos 5 quilómetros muy duros, no solo por el dolor del tendón sino porque iba fundida. El calor y  la falta de hidratación/suplementación me hizo venirme a bajo y me fueron superando rivales en el último tramo sin poder evitarlo. Entre ellas Anna Rovira, la otra española que corría. Eso me dolió más!

Al final un 11ª puesto y 2ª española. Sabor agridulce por las sensaciones que tuve pero orgullosa una vez más de mi capacidad de lucha. Cuando las cosas son más difíciles y cuando hay que demostrar lo fuerte que eres.

Una lección aprendida: a partir de la siguiente competiré con dos gorros!

70.3BCN 2