HALF TRIATHLON VITORIA 2018

Llegar a Vitoria siempre es un placer. Desde el momento que pisas la ciudad, la organización te recibe con los brazos abiertos. A mí y al resto.

Venía tranquila, pero fue empezar a sentir la magia de esta carrera y los nervios empezaron a florecer. Y más después de una presentación de lujo (cada año se superan más, si cabe) donde nos hicieron desfilar a los atletas élite por la alfombra azul que nos guiaría hasta la meta en la carrera; en el mismísimo centro de la Plaza España.

Llegué sola a la ciudad. Javi vendría en tren el sábado, después de no poder arreglar el turno del viernes noche. Un gran sacrificio por su parte. Pero, como siempre, iba a estar a mi lado en la carrera. Lo eché mucho de menos ese día. Estuve muy rara sin él. Aunque la verdad es que no me sentí sola en ningún momento. Además de todos los amigos y conocidos que competían, o venían de supporters, estaba Agustí que vino a ver, y apoyar, a dos de sus chicas del TRICBM (a Dolça y a mí). Y a parte de la gran compañía, se preocupó para que no nos faltara de nada. Aunque con una organización como la del Triathlon Vitoria, es difícil no sentirse entre algodones.

Entre los eventos típicos y la logística previa, el domingo llegó casi sin enterarme.

Tocaba luchar por revalidar título y me sentía con fuerzas para ello y con mucha confianza en mí misma. Debía creérmelo y salir a por todas, aunque con cabeza. De hecho, fue la primera vez que me llevaba recambios por si pinchaba. Dios no lo quiera, pero… eso pasa y debía estar preparada por si me tocaba. No quería quedarme fuera de carrera por nada del mundo y estaba dispuesta a darlo todo.

Justo, poco antes del inicio de carrera, dejó de llover. 8.30h y salen los chicos elite. Y un minuto más tarde lo hacemos nosotras.

¡Empieza la carrera!

Salto al agua para pasar de 0 a 100 en un segundo. Por mucha media o larga distancia que sea, nunca se sale tranquila. No tuve tiempo de relajarme porque veía que, desde el principio, Helene se me escapaba. Así que tocó luchar mucho en el agua. Eso sí: muy cómodamente porque este año ha sido un privilegio salir en solitario. Los elites lo hicieron un minuto antes y el resto, tras mí, lo hizo un minuto después. Por lo que me ahorre, como me pasó el año pasado, la de tener que evitar golpes y agobios en el agua. Aunque se nada genial en Landa, no es fácil una natación con tanta gente, así que este año hemos sido unas privilegiadas. Se agradece.

Como digo, la natación se me hizo muy dura y larga. No iba cómoda en ningún momento. Fui muy forzada. Me pesaba el hombro izquierdo  y sentía que iba arrastrándome en el agua (por culpa de no calentar bien y no ajustarme en condiciones el neopreno). Sin embargo, lo peor fue el calor que pasé. El agua estaba al límite, incluso hubo dudas el día previo por si se usaría el neopreno o no. Y aunque a las 8h de la mañana se agradecía enfundarse en él, para meterse en el agua, a los 300 metros de la carrera, sobraba. Fue sofocante y se me hizo un poco infernal completar la natación. No sé si fue por eso, o porque estaba llevando un ritmo estratosférico y viendo que Helene se me escapaba y que María venía pegada a mí. Finalmente 26’20”. Una natación como siempre, ni más ni menos. Siempre nado igual, ya sea en agua dulce o salada, con olas, con corriente… Bueno, no habrá sido tan mala cuando no paré de adelantar a los chicos élite en el agua. Incluso me atrevería a decir que se puede contar con los dedos de una mano los que llegaron a la T1 delante mío. Y eso que nos llevaban un minuto de ventaja.

T1 rápida. A pesar de meterme en un pasillo equivocado. Por la mañana, estando en boxes preparando todo, vi que Helene estaba en el pasillo contiguo al mío y, por lo visto fue en error y finalmente estábamos en el mismo. Eso me despistó. Pero por suerte ella, que también tuvo alguna dificultad para encontrar su bici, me avisó para que corrigiera mi error. Son las cosas que tiene la gran Helene Alberdi: “Compañerismo puro y duro y en mayúsculas. ¡Gracias!

María Pujol también venía a la caza. Pero rápidamente me subí a la bici para escaparme en solitario. Bueno, en solitario en cuanto a la carrera de chicas. Me subí junto a Luarca y, tras rebasarlo mientras él se demoraba colocándose las zapatillas, me volvió a pasar. Sin embargo, lejos de rendirme, me dispuse a intentar seguirle. ¡Uf! Igual fue muy arriesgado por mi parte. Era un suicidio en los primeros kilómetros, pero, a la vez, una motivación y una distracción muy valiosa. Además, al no marcarme los wattios, creo que por tener la brillante idea de poner una pila gastada, me pude permitir el lujo de ir por sensaciones de nuevo, aunque eso pudiera costarme duras consecuencias. Fue duro, pero conseguí mantenerme tras él un par de kilómetros.  Entonces se sumó Eric Merino, y eso me dio un poco de tregua para no perder la estela. Poco más tarde (uno o dos minutos aproximadamente) se unió un elite más y al instante Pedro Andújar. Fuimos durante un tiempo vigilados en todo momento por el juez, y con el miedo de no meterme en zona drafting, pero sin querer pecar de prudente y perder ese “ave” que me estaba haciendo sentir muy fuerte aguantando ahí. Eso sé, con muchos esfuerzos.

Pero el viaje no duró mucho. En el kilómetro 6, pasando el primer pueblo del circuito, vi como Pedro, por evitar baches, y los pivotes del asfalto, invadió sin querer el carril contrario. ¡Gua! Lo vi y se me supo hasta mal cuerpo. Yo era la primera interesada en que las cosas no cambiaran por el momento. Sin embargo, al igual que yo, lo vio el árbitro que un poco más tarde (no sé porque esperó tanto) se puso en paralelo suyo para enseñarle la roja directa. Pedro aceptó resignado reconociendo su error. Fue una leve maniobra, pero le costó la carrera. Y a mí un disgusto. No solo por lo que le pasó a él, sino  porque inevitablemente, mientras Pedro hablaba con el árbitro, el grupo se fue y yo que ya iba al límite, mientras reaccioné y lo adelanté, perdí todas las opciones de seguir luchando con ellos. Poco después me pasó Pedro a toda leche, producto del cabreo que llevaba, y ante eso sí que no pude hacer nada y en menos de 10 kilómetros perdí cualquier referencia en el sector ciclista. Yo fui la principal perjudicada de esa tarjeta. No sé cuánto podría haber aguantado ahí, sé que era muy arriesgado, pero me hubiera gustado intentarlo. No culpo a Pedro por ello, solo faltaría, además tuve el placer de conocerlo y me cayó genial.

El resto del trayecto en bici os lo resumo en una palabra: “Soledad”. Fui sola todo el recorrido. Más de ochenta kilómetros pedaleando en la más triste soledad. No digo que no me pasará nadie más, lo hicieron cuatro chicos, espaciados en esas más de dos horas restantes, lo hicieron en cuenta gotas y a un ritmo que ni olí. Eran elites rezagados en el agua que pasaban como rayos. Así que agradecí de sobremanera cuando algún fotógrafo se me acercaba para hacerme unas cuantas instantáneas, incluso hasta el hecho de que una moto de un juez viniera a controlarme desde atrás. Aunque, aun no entiendo por qué tanto control cuando iba más sola que la una. Hecho que se repitió en varias ocasiones y durante un buen rato. Bueno, sus motivos tendrán, obviamente.

La parte negativa de esto, inevitablemente, jugar en desventaja respecto a mis rivales que iban todas en grupo. Pero dentro de la legalidad ¡eh! No malinterpretéis el “ir en grupo”, que yo no soy quién para juzgar a nadie y menos sin saber, para eso están los árbitros. Pero los números hablan por sí solos, ya que pasé de tener una ventaja de 5’ en mitad del tramo ciclista (y eso que salimos juntas del agua) a llegar a la T2 con solo 3’30. Obviamente la culpa es solo mía por querer irme en solitario desde el principio. Jejejeje. Otra cosa negativa fue que, en varios puntos del recorrido, dudé. Sin referencias y con los voluntarios algo dormidos todavía (lo digo con todo el cariño, porque sin ellos esto no sería posible) en una ocasión tuve que realizar una segunda rotonda completa tras desviarme de la trayectoria y no querer hacer una maniobra peligrosa y sancionable. Pero bueno, son puras anécdotas al fin y al cabo.

La parte positiva es que rodar en solitario es prácticamente la dinámica de todas mis carreras. Así que estoy más que acostumbrada. Solo hay una cosa clave: concentración. No hay más que agarrarse a los acoples, agachar la cabeza y mantener esa entereza constantemente, pedalear sin parar, pero con control, y mantener la cabeza fría en todo momento. Y no dejarse llevar por pensamientos negativos y más cuando al sentirte tan sola en la carretera dudas de cosas como: si vas bien…, si vas lenta…, etc.

Hubo momentos buenos. Sobretodo llegando al paso por vuelta cuando escuché que el Garmin me pitaba y leo: teléfono conectado. Eso es que Javi estaba cerca (llevaba mi móvil encima). Fue curioso y eso me dibujó una sonrisa en la cara. Aunque sin ese aviso auditivo lo hubiera visto igual porque la camiseta del Team Koraxan con la que vestía no pasaba desapercibido. Me animó y me cantó esos cinco minutos de margen que llevaba y que me hace mostrarle a una sonrisa aún más grande. Escuchar eso, y llevar tan buenas sensaciones, me dio vida después de la carrera tan aburrida que estaba teniendo. También me alegró ver a Ana, una chica a la que entreno y que vino expresamente a verme desde Barcelona. Soy una persona muy afortunada.

No quiero que parezca que no disfruté de ese sector. Al contrario. Si lo hice, el ir tan sola era una gran señal de que estaba haciendo una buena bici. Además me encontré genial. Iba fuerte y entera en todo momento y permitiéndome gestionar la carrera con cabeza sabiendo que podía llegar a Vitoria con margen. No quería dejarme llevar por las dudas o el miedo y desgastarme más de la cuenta. Y no todo fue soledad en el sector ciclista porque bordear todo el lago es pedalear con un sin fin de aplausos del público que se congregan en esa zona y te hacen vibrar en el paso por Landa para encarar los últimos 30 kilómetros del recorrido. Y donde te regalan fotos como esta:

Segunda transición. Uno de los momentos mágicos del día. Eso ya era otra cosa. Todo el pasillo de la segunda transición está repleto de gente. Y volver a vivir ese momento fue impresionante. Se desviven animando desde el momento en que pones el pie en el suelo y con las piernas temblando de la emoción corrí hasta boxes para calzarme las zapatillas y empezar el último sector de la carrera.

Llegar a boxes y ver a varios chicos sentados tomándose su tiempo para afrontar la carrera a pie me hizo sonreír. Los esquivé como pude para ponerme de pie las zapatillas (yo los calcetines me los pongo siempre en la T1) y salir con ventaja. Aunque quise correr demasiado por querer salir por donde había entrado y ahorrarme la vuelta de rigor. ¡Aig! Hoy no es mi día en boxes. Pero estaba tan contenta, estaba tan confiada con mi rendimiento en carrera, que esos pequeños errores me resultaban graciosos.

¡Uf! Costó mucho contener la emoción en el paso por esa segunda transición y el remate fue volver a ver a Gorka, el alcalde de Vitoria, esperándome de nuevo en la bici para guiarme por las calles de su ciudad. — ¡Ahí está esperándote el alcalde de nuevo! — me grito Aitor, un miembro de la organización. Y es que un año más, el alcalde volvió a implicarse en la carrera, montado en la bici que guía a la primera chica y tuve la suerte de ser de nuevo la afortunada protagonista. Detalles que engrandecen aún más esta impresionante carrera y a su organización.

La emoción y la agonía de saber que por detrás me habían recortado distancia, me hizo correr muy forzada y algo preocupada. Para colmo, no me conectaba el gps y no tenía ni idea de a qué ritmo estaba corriendo. Así que, hice un lap entre el km3 y el 4 para tener una idea y vi que ese kilómetro lo hice en 3’38. ¡Dios! —Igual es por eso que voy un poco ahogada, ¿no?— me dije a mi misma. Es que es imposible controlarse en esta media maratón repleta de gente y con todos esos ánimos de un público que vive con euforia tu carrera. Y de Gorka, que no paró de animarme. A pesar de los amagos de rampas en los cuádriceps y del calor que hacía que me daba una sensación de mareo. Sin embargo, la gente no me dejaba desfallecer. Ver a mis chicas del Team Koraxan, a Javi y a Ana. La sorpresa de encontrarme a Juanan y a Piluka. La espera de ver a Gemma saltando y gritando. Y a todos los corredores que me animaban al pasarles. Todo eso me hizo sentir que volaba. Volar quizá no, pero conseguí volver a aventajarme en la carrera por encima de los cinco minutos de nuevo. Y eso fue el punto extra para que en la segunda vuelta consiguiera olvidarme del reloj, de los ritmos, del miedo de perder la carrera y lograr disfrutar del ambiente, de la gloria y de saborear esa segunda victoria en Vitoria.

Antes de entrar en los 2 kms finales repletos de gente, agradecí una vez más a Gorka su compañía y su gran gesto. Y prácticamente corrí con los ojos cerrados, con los pelos de punta y con el corazón a mil escuchando los gritos y los aplausos del público. Qué bonito es eso. Que lujo es vivir eso. Entrar en la Plaza España, pisar la alfombra azul y ver esos globos de colores cogidos por los niños. Ese es el climax de la carrera. Todo eso y con el colofón final de abrazar a Javi después de levantar la cinta de campeona.

Y ocurrió otra vez. No fui capaz de contener la emoción. Vitoria me volvió a regalar algo mágico e inolvidable. Pasé por el mal rato de no conseguir articular ni una palabra por unos minutos mientras estaba junto al gran speaker (al que apreció mucho). Fue un momento angustioso pero imborrable.

Solo puedo, una vez más, agradecer a Eduardo (director de carrera) y a todo su equipo el trato recibido y la carrera tan espectacular que consiguen hacer. Y a todo el público que lo envuelve como si se tratase de una niebla invisible.

A nivel personal, increíble lo que he conseguido. Cuatro triunfos seguidos en carreras muy importantes. No puedo hacer más que disfrutar de este gran momento que estoy viviendo y agradecer a todos los que me acompañáis, me apoyáis y me felicitáis y me hacéis sentir muy especial, más de lo que os imagináis.

Y a Álvaro: gracias por ayudarme a lograr todo esto.

Después del Half hubo más. Tocaba animar a todos los corredores del Full. En especial a los que tengo la suerte de entrenar y a los que quiero y admiro. Y disfrutar de otra espectacular carrera viviéndola desde fuera. Donde seguí escuchando como muchos atletas me felicitaban interesándose por mi resultado mientras pasaban, sufriendo, por delante mío.

Ellos sí que tienen mérito.

No me puedo ir más contenta y agradecida de Vitoria.

Vídeo resumen de la carrera:

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